miércoles, 30 de mayo de 2012

Mensaje pastoral de Pentecostés, junto con María, la Madre de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, les dirijo estas líneas este Domingo de Pentecostés, una vez llegado de las distintas celebraciones con las confirmaciones en parroquias, algunas multitudinarias, todas muy vívidas, que nos han llenado de gozo. A esta hora, falta ya muy poco para el comienzo del lunes, en la memoria de María, Madre de la Iglesia. Les propongo unas breves líneas de reflexión, que había ido esbozando desde ayer sábado por la tarde, y que quisiera completar casi sobre la medianoche de hoy.

Con María, la Madre de Jesús, llena del Espíritu

Creemos en el Espíritu Santo; creemos en su Esposa, María Virgen, con quien queremos hoy, y siempre, estar. Estar junto a María nos ayudará a amar más a la Iglesia, como Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, pues en Ella encontramos “la esencia de la Iglesia”; Ella “refleja” la Iglesia, es de ésta el ícono más puro, el modelo y la Estrella matutina, de salvación.
Hemos estado juntos, ya desde el aparecimiento de la primera estrella, ayer, sábado, y hoy, domingo, como en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hch 1,12-14), como los Apóstoles, los discípulos, todos ellos, todos nosotros, íntimamente unidos, dedicados a la oración, en compañía de María, la madre de Jesús, y de nuestros. Se realiza cada día, muy en especial en Pentecostés, en y desde la fe, lo que dijo Nuestro Señor Jesucristo, en el evangelio según San Juan (Jn 19,25-27):“Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Lo importante, más que “hacer” (aunque sin restarle incidencia) es “dejarse hacer por la Gracia”, esto es, en un sentido, lo que la constitución Lumen gentium dice cuando se refiere a lo que cada integrante de la Iglesia puede llegar a ser cuando se deja inundar por el Espíritu, y ve en María al modelo supremo, y «verdadera madre de los miembros de Cristo»[1]
La mirada de María nos hace penetrar en la esencia de la Iglesia, indeciblemente más allá de las poquedades o límites de nosotros, miembros por el bautismo, ya sea laicos o pastores, o en el estado de vida que tuviéremos. No hay turbulencia que aflija a los miembros de la Iglesia que pueda opacar a la Stella salutis, que es María, y que nos ilumina en todos nuestros pasos puesto que Ella, la dichosa Mujer a la que revistió el sol de la Verdad, “creyó”, con todo su ser, que “nada es imposible para Dios”(Lc 1, 37). Él todo puede, y espera de nuestra libertad el “sí, fiat…” para el cumplimiento de sus promesas, realizaciones de la Promesa ya cumplida en la que María creyó, Ella, la bienaventurada Mujer de la escucha del Señor (Cf Lc 1,45).
Que nos guíe María para que, como miembros que somos de la Iglesia amada, sacramento universal de salvación, nos dejemos inundar más por el Espíritu, en y desde la oración, tengamos mayor experiencia de vida de “Cenáculo”, más espíritu de fe, más acogida del don de piedad (la piedad verdadera, la pietas), más realización de la virtud sublime de la justicia,  más misericordia, y más clemencia, como la clemencia que nos tuvo, viendo a todos los hombres de todos los tiempos, el Cristo de la paciencia, junto a la columna. Es siempre iluminador el mirar al Cristo de la columna, sí, también hoy, en Pentecostés, aunque no estemos en el tiempo de Cuaresma: ¿Qué nos habría ocurrido si se hubiera aplicado a nosotros una justicia, más que sublime –y por ello santa-, estrictamente “reivindicativa”, o “vindicativa”?.
El don de sabiduría, del Santo Espíritu nos podrá ayudar a profundizarlo, y a revisar nuestra actitud de vida, pues es un don de fuego suavísimo e iluminador.

Fuego divino, ardor que renueva la faz de la tierra

Roguemos, para estar prestos a “recibir” el fuego divino. Dios siempre da. El Señor dio para siempre a la Iglesia “otro Paráclito”, Espíritu de consuelo, para que se quede con nosotros para siempre (Cf Jn 14,15-16). El nuevo curso del “fuego divino” transformador lo vemos en los Hechos de los Apóstoles (Cf Hch 2,1-11). El fuego divino es suave, transforma por dentro, es cumplimiento del deseo de Cristo (Cf Lc 12,49: “he venido a traer fuego a la tierra y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo”), no destruye sino que arde, es incandescente como el fuego de la zarza que ardía sin consumirse (Cf Ex 3,2).

Ese fuego es “don del Espíritu de Dios” que nos renueva, que nos hace nuevas creaturas, y que, en cierto sentido, nos hace “nacer de nuevo” en Pentecostés, muriendo a las letales “obras de la carne”, las cuales encierran en un atroz egoísmo (Cf. Gal 5,16) y que empodrecen lo que en nosotros hubiera sido la realización del “fruto” anhelado, el amor, la alegría y la paz, frutos auténticos del Espíritu (Cf Gal 5,22).
El Santo Padre Benedicto XVI ha llamado nuestra atención en su homilía de hoy acerca de un efecto fundamental de Pentecostés, esto es, que éste sea “la fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana”, pese a que a veces parezca prevalecer “la contraposición”, incluso aunque no falten la agresividad y las peleas, en este mundo, y –miremos dentro- también algunas veces en nuestras comunidades. Pentecostés, bien vivido, hará que fructifique en nosotros “la comprensión recíproca”, y que no prefiramos “permanecer en el propio yo, en los propios intereses”[2], los cuales, como profunda autorreferencia que son, nos encierran en un vicioso círculo. Sabemos que la única manera de salir de éste es quebrantándolo, quebrantando las cadenas que rodean y atan a corazones lastimados, encadenados.

Babel, ardor de la no-filiación, de la no-fraternidad

Lejos del suavísimo fuego divino, lejos del ardor espiritual, hay ardores malos, como el de la negativa profunda y existencial a vivir la filiación divina (es la anti-piedad, en el sentido en que dijimos antes), y por consiguiente la generación de la discordia, y la negativa a la fraternidad (¿acaso, en un sentido, la negativa a la filiación no lleva a la negativa a la hermandad?). Eso es el fruto de “Babel”.

El “cuadro antropológico” pertinente lo trazó hoy en su homilía el Papa, con su cita del episodio bíblico de la Torre de Babel (Cf. Gen 11,1-9), del cual explicó que es “la descripción de un reino” que no quiere depender de Dios, y que se cree “tan fuerte que puede construir por sí solo una vía que lleve al cielo, para abrir sus puertas y ponerse en el lugar de Dios”. Ocurre que, construyendo de tal modo, se destruye, porque se pretende construir “el uno contra el otro”[3]. Babel y todo lo que de ella viene excluye de la unidad caritativa, porque se opone al don de la gracia, y se opone a la verdadera paz, esto último como lo comentaba San Agustín: “(…) de este don divino de la unidad en la caridad están excluidos aquellos que se oponen a la gracia de la paz[4].

La vida se torna compleja, entenebrecida, cuando nos topamos con esa raigal “oposición”, cuando parece generarse la sensación, como también dice el Papa, de “un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco”, que nos hace percibir incluso como “peligrosos los unos a los otros”[5], esto ya significa un grado, me parece, de insuflación de “lo que no viene de Dios”. Siempre hay remedio, sin embargo, cuando permanece la esperanza que no defrauda, y para ello pienso que con renovado fervor podemos acudir de nuevo al don de la sabiduría, y a la que es Sede de ella, la Sedes Sapientiae, la Iluminada por el Espíritu. Pongámoslo en la oración, en la confianza, más que en la “procura afanosa de solución de complejidades”; lo difícil y lo que parece imposible, enrevesado y enredadizo se hará sencillo de la mano de la Virgen.

Remedios sí necesitamos. La Virgen María, Madre de la Iglesia, es el remedio a los males significados por Babel. Sólo que el remedio hemos de querer beberlo, tomarlo. Con María, todo es distinto: "Con María – afirmaba San Luis María Grignon de Monfort – se procede más suave y tranquilamente (…) esta buena Madre y Maestra se hace tan cercana y tan presente a sus servidores fieles para iluminarlos en sus tinieblas y en sus dudas, para asegurarlos en sus temores…"[6]

Si dirigimos la mirada al campo inmenso de la misión, del apostolado, de los que sufren, de los que esperan la Palabra, la Eucaristía, ¡qué distinto será todo!. Allí ilumina Pentecostés.

Cuando en una homilía de la Inmaculada el Papa Benedicto se refirió a la declaración que hiciera Pablo VI de María como “Madre de la Iglesia”, dijo que se trató de una “inequívoca alusión a la narración de Pentecostés, transmitida por San Lucas (Hch 1, 12-14)”, pues, aludiendo a los Padres conciliares, los describió como “reunidos en la sala del Concilio, "con María, la Madre de Jesús", en cuyo nombre saldrían”[7], es decir, saldrían para la evangelización, a través de la cual el misterio de la paternidad divina sale al encuentro de la humanidad.

El Santo Padre Pablo VI proclamó a la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, esto es, de todo el Pueblo cristiano, fieles y pastores, que la llamamos Madre amadísima[8]. ¿Nuestra Madre no nos iluminará en las tinieblas, no nos asegurará en nuestros temores?. Abramos el corazón a la fe, la Madre nos afirmará entonces en el mysterium pietatis, misterio de piedad.

Corazones que buscan piedad en el “templo de la luz sin sombra y sin mancha”

Hoy, en este día santísimo, busquemos como gracia especial el don de “piedad”, en el Templo que es María. Comprenderemos mejor, cordialmente, el vínculo existente entre nuestra Madre y la Iglesia, de la cual la primera es, a la vez, un miembro «excelentísimo y enteramente singular»[9]. Así amaremos más a la Iglesia, aunque por distintas razones tengamos que sufrir un poco, qué importa, si está con nosotros la que es nuestra Madre...

Ofrezcamos también el sufrimiento que nos toque, por la unidad y la paz, por la santidad de quienes formamos “un solo cuerpo”. Sepan que el Pastor de ustedes también quiere aprender a sufrir, para que se consolide entre nosotros aquello que, como dijimos, San Pablo afirma: «el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz» (Gal 5,22), y que ese fruto sea delicioso de “unidad”, en la convivencia santificante, que viene a nuestras humanas almas y las vitaliza por un grado superior de operación, de obra divina (Cf Jn 14, 23; 1 Cor. 3, 16; Rm. 8, 11. 26).

Así, no nos conformemos con “entender” todo esto. Vayamos “más allá”, queramos hacer de ello una “reforma espiritual” interior. Abramos nuestro espíritu, los animo y me animo a mí mismo, a una verdadera paz, en la verdad, a un convivir, como dijo el Papa, “en el nosotros” de la Iglesia, con una actitud de “profunda humildad interior”[10], sin la cual todo va a la ruina.

Porque, estemos en esto atentos, sin este espíritu de humildad (y aún el espíritu de aceptar humillación), el misterio del Espíritu Santo podría hacerse para nosotros más bien un motivo de “responsabilidad”, es decir, se nos podría responsabilizar por no haberlo vivido bien, por no habernos abierto de verdad y con todas sus consecuencias al Amor. En ese sentido, podría llegar incluso a ser, en el decir de San Agustín, «motivo de responsabilidad y no de fortuna»[11] Desechemos las consecuencias de Babel, hermanos, porque, de lo contrario, su vorágine nos hundirá en el miedo a la libertad y nos quitará la alegría de amar y de anunciar el Evangelio. Nosotros pedimos al Señor: “Danos la alegría de anunciar el Evangelio”.

Con todas estas intenciones, los invito pues, hermanos y hermanas, hijos e hijas muy queridos de esta diócesis, casi al término del día de la solemnidad de Pentecostés, y casi ya alboreando la memoria de María Madre de la Iglesia, a ofrecer nuestro corazón a María con la oración final del Santo Padre Pablo VI cuando la declaró Mater Ecclesiae:

“Oh templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre, a fin de que conceda misericordia a nuestras faltas y aleje toda disidencia de entre nosotros, dando a nuestro ánimo la alegría de amar”.


+Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana
27 de mayo de 2012




[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 53.
[2] Cf BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012.
[3] Cf. Ibid.
[4] SAN AGUSTÍN, Sermo 271: PL 38, 1246.
[5] Cf BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012.
[6] SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT, Trattato della vera Devozione 5,5.
[7] BENEDICTO XVI, Omelia della festa dell'Immacolata Concezione, 8 diciembre 2006.
[8] Cf PABLO VI, Allocuzione del Santo Padre nella conclusione della III sessione del Concilio Vaticano II, Festa della Presentazione di Maria Ss.ma al Tempio, Sabato, 21 novembre 1964.
[9] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 53.
[10] BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012. Domenica, 27 maggio 2012.
[11] SAN AGUSTÍN, Sermo 271: PL 38, 1246.



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domingo, 13 de mayo de 2012

Continuación de las fiestas de la Virgen de Luján

Celebración patronal el día 12 de San Isidro Labrador en Lima (Zárate) y fiestas patronales del “Bajo de Zárate”, el día de Ntra. Sra. de Fátima (el 13 de mayo)

La Virgen de Luján también fue honrada en la ciudad de Baradero
La imagen de Nuestra Señora de Fátima a la entrada de la vicaría del Bajo de Zárate
Luego de las Fiestas patronales diocesanas (celebradas el sábado 5 de mayo por la tarde en Zárate) y las Jornadas de Pastoral en preparación a la “Misión Joven” que tendrá lugar en dicha ciudad en octubre, prosiguieron las celebraciones de la Virgen de Luján los días subsiguientes. En Baradero la parroquia de Nuestra Señora de Luján data de 1957, cuando esa región pertenecía aún a la diócesis de San Nicolás. La feligresía parroquial es notable, participativa y fervorosa, siendo así que para las fiestas patronales siempre acude muy numerosa. Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga concurrió el domingo 7 por la mañana y celebró la Santa Misa junto con el pastor propio de esa comunidad, Pbro. Rubén Darío y algunos sacerdotes, con la participación del Diácono adscripto Rev. Carlos Rosselló y los seminaristas diocesanos Nicolás Amendolara y Martín Gallo  Los niños de catequesis concurrieron en gran número junto con sus familias. Al término de la celebración eucarística se inició una procesión por las calles de la zona parroquial, con meditaciones bíblicas y cantos.

Barrio “Villa Massoni” en Zárate (Parroquia de Nuestra Señora de Luján)


El martes 8 por la tarde se celebró uno de los días más importantes para toda la comunidad parroquial del populoso barrio de Villa Massoni, la fiesta patronal de la Virgen de Luján. Por la tarde el cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand, ya fue colocando los banderines en el atrio, y días antes el pasacalle a la entrada de la parroquia, de modo tal que fue configurándose la preparación para una fiesta patronal diferente, más participativa, de la cual todos los vecinos participaron convocados por la Virgen, a pesar de ser un día martes por la tarde. Cerca de las 18:45 fue acercándose el grueso de los fieles que completó todo el templo. A las 19 comenzó la celebración de la misa, que presidió Mons. Oscar Sarlinga, nuestro Obispo diocesano, con la concelebración del cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand y el sacerdote salesiano Carlos Barbero. Como no podía ser de otra manera, la entrada de la imagen de la Virgen fue emocionante, llevada en andas por chicos vestidos de paisanos. Luego la colocaron en el altar y ellos presenciaron toda la misa allí, sentados a un costado con total atención. El resto de los fieles se ubicó en los bancos, con capacidad para doscientas personas, y más del doble de esta cantidad la tuvo que presenciar de pie, dada la multitud de gente que desbordó el amplio y espacioso lugar, demostrando, una vez más, su devoción por la Virgen. Claro que no terminó todo allí, a la salida de la misa, todos los presentes fueron sorprendidos por colaboradores de la parroquia que los convidaban con gaseosa y los populares “choripanes”, de modo tal que se hizo una feliz fiesta. “Normalmente los eventos y las fiestas tienen un fin utilitario de acuerdo a la sociedad utilitaria en la que vivimos. Están hechos para algo. Pero el espíritu de estas festividades fue otro, fue el de compartir, el de reunirse. Quisimos adoptar esta nueva cultura que ya no es la del interés sino la de la unión, en donde no importa qué es lo que hay para comer sino lo que se comparte”, comentó el cura párroco Osvaldo Montferrand. “Claro que tuvimos obstáculos, uno era este, el fin utilitario que muchas veces se les otorga a las cosas y, por otro lado, eso que muchos creen, que una fiesta en la iglesia es triste, seria y solemne. Por eso tomamos a la fiesta de la Virgen como una posibilidad para compartir, brindar sin interés. Entonces no fue la misa únicamente sino también la fiesta, el hecho de reunirnos y compartir”, agregó Mont-ferrand. El obispo y los sacerdotes permanecieron en el festejo popular hasta el final, cerca de las 21.30. Mons. Montferrand dijo al diario “La voz de Zárate” que:“El próximo 30 de mayo y hasta el 3 de junio se realizará el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán bajo el lema el Trabajo, la Familia y la Fiesta y es muy acertado este mensaje que dio el  obispo, porque sin trabajo no hay familia, y en la familia es en donde se comparte, en donde hay fiesta. Allí no se hace negocio, no se intenta ganar dinero sino que es para gastar todo lo que se ganó en el trabajo. La familia es para compartir, no es algo utilitario. Por este motivo se perdió el domingo como el Día del Señor, donde estaba prohibido el trabajo para estar en comunidad, festejar y compartir. Este es el espíritu que queríamos recuperar en estas fiestas patronales; y salió todo bien porque la fiesta la hicimos entre todos, todos colaboramos para que salga bien convocados por la virgen”, destacó el cura párroco de Nuestra Señora de Luján”.

Es digno de notar que a la Misa y festejos posteriores concurrió gente de distintas zonas del populoso barrio, incluso de los “asentamientos” cercanos, con integración y alegría, lo cual manifiesta una pastoral de conjunto e integrativa en la parroquia.

Véase al respecto: http://www.diariolavozdezarate.com/

LIMA (Partido de Zárate)
Lima tiene como característica el Paraná de las Palmas
Lima y su estación de ferrocarril
El día sábado 12 tuvo lugar la festividad (trasladada) de San Isidro Labrador, patrono de Lima, en el partido de Zárate. La localidad (o pequeña ciudad) conocida por ser un centro al que acuden numerosos trabajadores de todo el país, tiene una notable historia, y un templo parroquial más que centenario. La localidad fue fundada a raíz de la disposición de Justa Lima de Atucha, quien también donó la iglesia matriz de Ntra. Sra. del Carmen, en la misma ciudad de Zárate. El Obispo Mons. Oscar Sarlinga presidió la celebración eucarística, concelebrada por el cura párroco, Pbro. Hernán Chávez, en un templo colmado, con muchos niños de catequesis y sus familias, también jóvenes, y agricultores, que acudieron a venerar a su patrono, San Isidro. Asistieron los seminaristas Jerónimo Martínez y Nicolás Amendolara. Al término de la misa se dio una bendición especial a “las fuerzas vivas” de la comunidad, allí representadas. A continuación la imagen del Santo fue transportada por miembros de la Gendarmería nacional, mientras el gentío junto con el clero y los seminaristas hicieron la procesión alrededor de la plaza central, hasta converger de nuevo junto al atrio del templo, donde Mons. Oscar Sarlinga impartió la bendición con el relicario que contiene una reliquia insigne del Santo Patrono. Luego saludaron al Obispo todos los niños de catequesis, sin excepción, y las familias.
En el llamado “BAJO DE ZÁRATE” la festividad de Nuestra Señora de Fátima, en la vicaría del mismo nombre.
En el tradicional barrio del “Bajo de Zárate”, uno de los símbolos de la ciudad, se encuentra la vicaría de Nuestra Señora de Fátima, cuyo responsable pastoral es el Pbro. Eduardo Mussato. La comunidad ha recibido tres misiones de jóvenes, habiendo sido la última de las cuales la misión juvenil del movimiento de Santa María de la Estrella, en enero de este año 2012. También el templo festejó recientemente su quincuagésimo aniversario.
Allí concurre también nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga el día domingo 13, en la fiesta de la Virgen, para honrarla y celebrar la eucaristía, con la concelebración de Mons. Ariel Pérez y el Pbro. Eduardo Mussato. Al término de la Misa tiene lugar la procesión en la zona ribereña del Paraná.

sábado, 5 de mayo de 2012

El convento de las Hnas. de Mater Dei en Ing. Maschwitz fue inaugurado y fue dedicado su templo

Puede leerse éste articulo en
http://www.obispadozaratecampana.org/
 http://padrenuestro.net/
El día sábado 28 de abril fue consagrado el altar y dedicada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y bendecido el convento de las hermanas del Instituto “Mater Dei” en la localidad de Ingeniero Maschwitz (partido de Escobar), ubicados en predio contiguo al campo de deportes perteneciente al Colegio “San Pablo” (de Buenos Aires), sobre calle que da a uno de los barrios populares de la periferia de dicha población, con lo cual las hermanas continuarán con la misión en dicha zona, habiéndola comenzado desde su establecimiento en la casa que oportunamente prestara el mencionado colegio.
Presidió las celebraciones el Obispo diocesano de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, y participaron asimismo los Obispos Mons. Martínez (obispo de San Luis, sede principal del instituto de derecho diocesano), Mons. Taussig (obispo de San Rafael), Mons. Lona (obispo emérito de San Luis) y Mons. Basseotto. Decenas de sacerdotes concelebraron, y asimismo asistieron muy numerosos religiosos y religiosas de institutos presentes en la diócesis, diáconos permanentes, seminaristas y muchos fieles laicos, en especial familias. La superiora local, Hna. Julia Conreggia junto con la Madre general realizaron las invitaciones, que tuvieron amplio eco en la diócesis, incluyendo a los barrios de los alrededores del convento.
El Instituto Mater Dei es una Congregación de Derecho Diocesano fundado por la Madre María de Jesús Becerra en 1977, en San Luis (Argentina). El fin específico del Instituto es “la caridad de la verdad, participando así de la misión misma del Verbo que se encarnó ante todo para revelar la Verdad, formando catequistas y jóvenes universitarios”, con el lema inspirador: “Contemplar y dar a los otros lo contemplado”.
La Santa Misa es el centro y el culmen de la vida diaria de las Hermanas, preparada y continuada en el Oficio Divino (conservándose en lo posible el latín). Y es que “la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde manatoda su fuerza”. Con esmero y fidelidad al espíritu de la Iglesia, cuidan la dignidad y la belleza de la Liturgia. De acuerdo conel Concilio Vaticano II, que insistió en la necesidad de tener siempre a Santo Tomás de Aquino como maestro y doctor, el Instituto le tiene como protector especial, “el más sabio de los Santos y el más Santo de los sabios”, ya que a la luz y sobre la base de supensamiento perenne se puede realizar un gran aporte a la formación para la evangelización. En razón de la eucaristía y la catequesis, el Papa San Pío X es el segundo protector del Instituto.
Su misión apostólica se realiza con la colaboración y coordinaciónde la catequesis parroquial; la preparación y publicación de catecismos y otrostextos formativos; la creación y dirección de colegios universitarios femeninos; la difusión de los contenidos de la fe a través de los medios decomunicación social; la promoción de la dignidad y el esplendor del culto en las celebraciones litúrgicas; la formaciónde organistas y scholae cantorum.
El Instituto está presente en Argentina (cuatroconventos) y Chile. Muy próximamente se abrirá una nueva casa religiosa en Canadá.