sábado, 14 de marzo de 2009

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009

"Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,2)

¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno.

En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34).

Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia. La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño.

Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma.

Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

Fuente: www.vatican.va

sábado, 7 de marzo de 2009

ORDENACIÓN DIACONAL DEL ACÓLITO AGUSTÍN VILLA EN ROMA

La Basílica de San Salvatore in Lauro fue sede de la misa de ordenación diaconal del acólito Agustín Villa, de nuestra diócesis de Zárate-Campana, quien se encuentra terminando sus estudios en la Universidad de la Santa Croce, y su formación sacerdotal en el Collegio “Sedes Sapientiae” de Roma.

La Santa Misa, presidida por Mons. Sarlinga, fue concelebrada por treinta sacerdotes, entre ellos, Mons. Juan Carlos Domínguez, Rector del Collegio “Sedes Sapientiae”, formadores, directores espirituales, profesores, y clero de diócesis y de parroquia, entre los cuales el cura párroco de la parroquia de pastoral de Agustín Villa (Don Paolo, de la arquidiócesis de Udine) y el secretario canciller de dicha arquidiócesis. Tuvo lugar el sábado 28 del corriente. A la celebración asistieron los padres del ordenado, venidos desde Argentina con una especial invitación. Se encontraban presentes todos los seminaristas (86), sacerdotes y seminaristas argentinos, y una numerosa delegación de laicos de la arquidiócesis de Udine, que acompañaron a Agustín en un paso tan trascendente de su vida consagrada.

El Sr. Obispo pronunció su homilía (en italiano), un extracto de la cual reproducimos aqui traducida al castellano:

I. La Llamada:

Estamos aqui hoy presentes en esta magnifica Basilica de Roma, San Salvatore, que cuenta con un hermoso icono del Rostro del Salvador (de alrededor del 1500), y con una imagen de la Ssma. Virgen en su advocación de Nuestra Señora de Loreto (por esa causa “in Lauro”). El Rostro del Salvador nos recuerda el gran programa pastoral que nos legara el Papa Juan Pablo II para el tercer Milenio (en “Novo Millenio ineunte”), que ha de partir de “contemplar el Rostro de Cristo”, programa estupendamente completado por S.S. Benedicto XVI, cuando nos llama a realizar en este tercer Milenio la caridad obrante y transformadora, en su primera encíclica, “Deus Caritas est”.

Jesús inicia su actividad en Galilea. Dice el Evangelio de Lucas que “(…) la potencia del Espiritu Santo estaba con él”. Cuando predica en las sinagogas de judea, la multitud iba hacia él, y quería que se quedara con la gente, no dejandolo partir, pero Jesús les decía: “También en otros lugares debo anunciar el Reino de Dios; para esto Dios me ha mandado”. Precisamente, para esta misíon, recibida a la vez del Padre, Jesús envía a sus discípulos, como cuando llamó a Pedro y a sus compañeros, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que habían quedado maravillados por la extraordinaria cantidad de peces que habían recogido, oportunidad en que Jesús dijo a Pedro aquella frase, que en cierto sentido dijo a cada uno de nosotros, al momento de nuestra llamada (es decir, cuando la Iglesia nos llamó, a través del Obispo, Sucesor de los Apostoles): “No temas, de ahora en mas, seras pescador de hombres”.

II. La respuesta

Hoy mismo, este joven, Agustín, lleva su barca hacia la orilla, abandona todo y sigue a Jesús. La configuracion con Cristo, Siervo de la humanidad, es para siempre, y esta dimension “diaconal” no se pierde nunca, aun más, transforma y renueva enteramente nuestro ser desde el interior, lo renueva tanto como el requerimiento de odres nuevos para el vino nuevo.
Esta es la respuesta de nuestro hermano Agustín: abandonándolo todo, se levantó y comenzó a seguirlo. Entoneces, a partir de hoy es enviado de modo especial a anunciar el Evangelio, a tomar el bien del precioso tesoro de su corazón, que le fue dado por el Señor. Este joven es llamado a manifestar la calidad de un árbol que se conoce por su fruto, frutos de bondad, de alegría y paz, frutos de evangelización, de justicia y caridad, porque, como dice la Escritura, no se recogen higos de los espinos, y no se vendimia la uva de un arbusto salvaje.

III. La fe y la salvación

Querido Agustín:
Has tenido este tiempo privilegiado de formación en Roma. Damos gracias en este momento a tus formadores, al Rector del querido Collegio “Sedes Sapientiae”, Mons. Juan Carlos Dominguez, a los sacerdotes, los profesores de la Universidad, el cura parroco y los fieles de la arquidiócesis de Udine, quienes han dado del tesoro del corazón de ellos, para tu formación humana, espiritual, intelectual, en camino al sacerdocio ministerial.
Hoy llegas al diaconado, y aspiras al sacerdocio. Recuerda siempre, como dice la primera carta de Pedro, que “también el oro, aunque sea una cosa que no dura eternamente, debe pasar a través del fuego, para que se vea que es genuino” (I Pe 1,6). Lo mismo, querido Agustín, ocurre con nuestra fe, que es mucho mas preciosa que el oro. En la fe seremos probados, en especial en momentos de oscuridad de nuestra vida. Ahora, llegando al momento culminante de la fe, esto es, la salvación, y en especial, hoy, en esta misa de tu ordenación diaconal, estas lleno de una alegría grandísima, que no se puede expresar con palabras. Por eso, te exhorto:

Que vivas santamente. Cree profundamente en Dios nuestro Señor, que ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Aléjate siempre de toda forma de mal, no cediendo jamás a la esclavitud de las pasiones oscuras. Sigue la voluntad de Dios y usa bien de los varios dones, de los muchos dones, que el Señor ha volcado sobre ti, sobre tu persona, de modo que siempre sea dada Gloria a El, por medio de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que es nuestro Pastor, por eso nada nos puede faltar (Cf Salmo 22).

Luego prosiguió el Obispo con unas palabras en castellano dirigidas a los padres del ordenando y a los fieles venidos de Argentina. Con esa oportunidad se dirigió a la Virgen Madre de la Iglesia, para que proteja a Agustín y a cada uno de los presentes, y sea luz y Estrella de la Evangelización en cada uno de nuestros caminos.

lunes, 23 de febrero de 2009

ORDENACIÓN DE UN DIÁCONO, EN CAMINO AL SACERDOCIO MINISTERIAL






El sábado 21 de febrero S.E. Mons. Oscar D. Sarlinga ha ordenado diácono al acólito Alfredo Meóniz, en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, de Maquinista Savio, adscribiéndolo a la misma parroquia, cuyo párroco es Mons. Justo Rodríguez Gallego.

El Obispo se refirió en la homilía a la necesidad de ver en Jesucristo al Hijo de Dios, “verdadero Dios y verdadero Hombre”, para desde allí, con espíritu de fe, ver también en la Iglesia el “Cuerpo de Cristo” como lo dice San Pablo, y el “Pueblo de Dios” (como surge de algunas expresiones de la Biblia, y como lo ha afirmado el Concilio Vaticano II). Pidió también la unidad de la Iglesia en el Amor, a comenzar por la unidad con el Santo Padre, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo. Dijo además que en una Iglesia particular donde hay “Templo” (comenzando por el “Templo espiritual, como “piedras vivientes”, donde hay “misión” y donde hay “atención preferencial a los más pobres”, se da la bendición que hace crecer a esa porción del Pueblo de Dios, incluso más de lo que podamos pensar.

Citó luego al Papa Benedicto XVI, refiriéndose a la formación de los candidatos al sacerdocio, al precisar luego que para “lograr presbíteros según el corazón de Cristo”, el Papa acababa de indicar que “se ha de poner la confianza en la acción del Espíritu Santo, más que en estrategias y cálculos humanos, y pedir con gran fe al Señor, ‘Dueño de la mies’, que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a quienes están en el seminario con vistas a las sagradas órdenes”.

Por otro lado, prosiguió, “la necesidad de sacerdotes para afrontar los retos del mundo de hoy, no debe inducir al abandono de un esmerado discernimiento de los candidatos, ni a descuidar las exigencias necesarias, incluso rigurosas, para que su proceso formativo ayude a hacer de ellos sacerdotes ejemplares”.

Seguidamente el Papa explicó que “hoy más que nunca, es preciso que los seminaristas, con recta intención y al margen de cualquier otro interés, aspiren al sacerdocio movidos únicamente por la voluntad de ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo que, en comunión con sus Obispos, lo hagan presente con su ministerio y su testimonio de vida” (Cf Benedicto XVI, Audiencia a los participantes de la Reunión Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, Vaticano, 20 de febrero).

Instó al ordenando a nada anteponer al Amor de Cristo y a su Corazón Misericordioso, a estar siempre al servicio del Pueblo de Dios, como auténtico discípulo y misionero, y a procurar con todo el corazón hacer carne en su ministerio la dimensión misionera de toda la pastoral, entregándose a la edificación sincera, sin divisiones, sin peleas, de la Iglesia que es nuestra Madre y que está llamada esencialmente a evangelizar.

Asimismo, lo exhortó a confiarse siempre en el Buen Pastor, el cual, “en los momentos de oscuridad de nuestra vida, que equivalen a las oscuras quebradas de las que habla el Salmo, nunca nos abandona, razón por lo cual no debemos temer” y a aferrarse de la mano de la Virgen, Madre de la Iglesia, que nos acompaña en nuestro caminar.

sábado, 21 de febrero de 2009

ORDENACIÓN DE UN NUEVO DIÁCONO PERMANENTE CASADO PARA LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA


El domingo 15 de febrero tuvo lugar la ordenación del acólito Carlos Heredia como diácono permanente, acontecimiento de gracia para nuestra Iglesia particular, puesto que con este nuevo diácono al servicio del Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, que es la Iglesia, son seis ya los «trabajadores para la mies» en la vocación propia del diaconado permanente. Nuestro Obispo, quien siempre ha destacado que dicha vocación en nada suple la vocación al sacerdocio ministerial, sino que antes bien, ambas vocaciones se complementan y enriquecen, recordó en la homilía de la misa de ordenación que “(…) los diáconos permanentes han de ayudar a construir la Iglesia, con un amor muy grande a ella, verdadera «pasión» (como decía el Papa Pablo VI), amor y veneración al Santo Padre como Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, y entera vocación de servicio al Pueblo de Dios, siendo –los que son casados- excelentes esposos y padres de familia, y siendo testigos auténticos de una civilización nueva, de un ardor nuevo de la evangelización, en el ambiente en el que les toca vivir y trabajar”.En la diócesis de Zárate-Campana los diáconos permanentes son 6, de entre los cuales Mons. Oscar Sarlinga ha ordenado 4, quienes habían venido realizando el tiempo de formación como lo establece la Iglesia (en este caso, 5 años) y han sido considerado aptos para el ministerio, también con el parecer del «Consejo de órdenes».El neo-diácono Carlos Heredia ha recibido formación durante 5 años en la antigua Escuela Ministerial, la ha retomado en la renovada Escuela de Ministerios de la Diócesis, en especial en lo que se refiere a la formación cristológica y mariológica, y ha estado siguiendo su formación pastoral en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Maquinista Savio, a la que pertenece, bajo la guía de su cura párroco, Mons. Justo Rodríguez Gallego. Ha sido adscripto por el Sr. Obispo a dicha parroquia de la Inmaculada Concepción de Maquinista Savio (que cuenta con 80.000 habitantes estables).En la ordenación se hallaban presentes su esposa, Paula, sus cuatro hijos varones, quienes todos ellos atestiguaron en la profesión de fe y promesa de fidelidad en el cumplimiento de la misión encomendada, y también su señora madre, de 92 años. También estaban presentes los diáconos permanentes de Garín (Pedro Cerrano), de Los Cardales (Ricardo Reggio) y de Ntra. Sra. del Pilar (Balzano). La Santa Misa fue concelebrada por Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general, Mons. Justo Rodríguez Gallego, cura párroco de Maquinista Savio y vicario episcopal para la pastoral, el Pbro. Atilio Rosatte, cura párroco de la iglesia de la Natividad del Señor (co-catedral), el Pbro. Nicolás Guidi y el Pbro. Mauricio Aracena.Mons. Oscar Sarlinga hizo alusión también al origen apostólico del diaconado, y a la restauración del diaconado permanente por parte del Concilio Vaticano II, el cual acogió los deseos de que, allí donde lo pidiera el bien de los fieles, con el discernimiento de los Obispos, fuera restaurado el Diaconado permanente como un Orden intermediario entre los Obispos y Presbíteros y el pueblo de Dios, para que fuera intérprete de los deseos y de las necesidades cristianas, inspirador del servicio, o sea, de la «diaconía» de la Iglesia ante dichas comunidades, signo o sacramento del mismo Jesucristo, quien «no vino a ser servido, sino a servir». (Cf Lumen gentium, cap.III, 29)
EL DIACONADO
Jesús instituyó en la Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo su cuerpo. Entre estos ministerios se establece ya desde tiempos de los Apóstoles, el Diaconado.
¿QUIÉN ES EL DIÁCONO?Un hombre al servicio de los hombres: «Misericordioso, diligente, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos». (San Policarpo, Obispo)Los candidatos al Diaconado permanente:
PUEDEN SER:Hombres casados, mayores de 35 años, con 5 años al menos de matrimonio estable, que han dado testimonio cristiano en la educación de los hijos y la vida familiar.Miembros pertenecientes a Institutos religiosos, o miembros de Institutos seculares, mayores de 25 años viviendo en celibato.
DEBEN POSEER:Madurez humana y cristiana, amor a la Iglesia y espíritu de oración.Capacidad para el diálogo, sentido moral y de responsabilidad.DISPUESTO A:Continuar viviendo de su propio trabajo en la vida civil o religiosa e insertos en la vida de la gente, siendo testigos cualificados de la vida cristiana.Aceptar el Ministerio que le encomienda el Obispo, o superior competente, en perfecta comunión con el mismo y con los presbíteros y en estrecha conexión con los seglares comprometidos en la Iglesia.¿CÓMO SE FORMA?
En tres etapas:
INTRODUCTORIA:Un tiempo de discernimiento en el que se reflexiona sobre el significado de su vocación diaconal.
DE FORMACIÓN:Tres años de preparación teológica, pastoral, espiritual y comunitaria. En la diócesis funciona la «Escuela de Ministerios».
DE PASTORAL:Un tiempo de inserción pastoral recibiendo los ministerios laicales de lector y acólito.¿DÓNDE EJERCE?Su acción pastoral puede concretarse, sin por ello ser exhaustivos en la mención, en las siguientes áreas:
CARITAS:
Delegados diocesanos en: organizaciones de caridad, Cáritas diocesanas u otras instituciones de solidaridad social y caridad institucional.Encargados o directores: Cáritas parroquial, obras asistenciales, pastoral de enfermos y marginados.LITURGIA:Asiste durante las funciones litúrgicas al obispo o al presbítero.Administra sacramentales: comunión fuera de la misa, comunión y viático a los enfermos.Exequias.Administra solemnemente el Bautismo.Bendice los matrimonios (con delegación).Preside la comunidad (párroco) y la liturgia de las horas.
PALABRA:
Catequesis en todas sus gamas.Actividades apostólicas de los laicos: padres, novios, confirmandos…Preside la celebración de la Palabra.Lee y predica la homilía.
ADMINISTRACIÓN Y COLABORACIÓN CON EL GOBIERNO PASTORAL:
Cargos administrativos de CuriaDelegados diocesanos de acciones pastorales.Despacho parroquial.Centros de orientación familiar

lunes, 9 de febrero de 2009

DISTINTOS MOMENTOS de la MISIÓN en LA PARROQUIA de SAN ANTONIO DE PADUA, de «PRESIDENTE DERQUI», en el partido de PILAR

Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga dirigió una nota al Pbro. Oscar Iglesias, cura párroco de San Antonio de Padua (Presidente Derqui) y Decano de Pilar, junto con su consejo pastoral y fieles laicos, felicitándolos por el éxito de los distintos momentos de la misión en la jurisdicción parroquial, y alentándolos a seguir construyendo una parroquia verdaderamente eucarística, mariana y misionera, conforme con el espíritu del Año Paulino Jubilar, y con la concepción de misión permanente, y dimensión misionera de toda la pastoral, propia del proyecto pastoral diocesano.

Diciembre 2008-Febrero 2009

Del servicio informativo de la Parroquia San Antonio de Padua, de Presidente Derqui:

En el contexto del Año Paulino Jubilar, y tal como lo hemos asumido en nuestra diócesis, la parroquia de San Antonio de Padua informa a la comunidad diocesana que durante el mes de diciembre próximo pasado, en sintonía con nuestro esbozo de proyecto pastoral y con los requerimientos de nuestro Pastor y Obispo Mons. Oscar Sarlinga, hemos realizado un tiempo especial de misión en la jurisdicción parroquial.

Dicho estado de misión, con respecto a la actividad misionera permanente fue vista como necesidad pastoral por nuestro párroco, Pbro. Oscar Iglesias, y el consejo pastoral, de acuerdo, como hemos dicho, al espíritu diocesano del estado de misión permanente y dimensión misionera de toda la pastoral. Se realizó durante el mes de diciembre la misión de Adviento, desde el 20 al 23, en la zona periférica de la jurisdicción parroquial, cerca del Arroyo Pinazo, donde, además de visitar a todas las familias y bendecir sus casas, también fueron entregados alimentos para las personas más carenciadas, de acuerdo a un sentido de verdadera asistencia sin asistencialismo. Es preciso decir que esa zona posee «asentamientos» con casas muy precarias donde viven familias numerosas. Nuestro acercamiento como fieles católicos motivó esperanzas en muchas de estas familias, y a la vez, quedamos comprometidos en regresar durante este año de 2009.

Durante los primeros días de diciembre, desde el 7 al 15 del mismo mes, un grupo de nuestra parroquia, integrado por personas que sirven en el servicio musical de las capillas: Nuestra Señora de Lourdes, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de Caacupé y la misma iglesia parroquial de San Antonio, se unieron para llevar nuestra música cristiana más allá de las fronteras del país, señaladamente a la arquidiócesis de Santiago de Chile, donde se vivió un emocionante encuentro con los hermanos chilenos. Para ello viajaron cuatro familias con un total 12 personas que integran los distintos grupos, quienes compartieron una experiencia de Iglesia muy sentida. El recibimiento fue afectuoso y se compartió experiencias pastorales, visitas a distintos grupos de las parroquias de esa arquidiócesis, habiendo finalizado con el cierre musical que desde nuestra parroquia de San Antonio de Padua se había previsto y preparado.

Ya a inicios de este año 2009, desde el 3 al 11 de enero se inició nueva misión, bajo el lema “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, en la llamada vicaría de Nuestra Señora de Caacupé, también de la populosa ciudad de Presidente Derqui, en la localidad de Monterrey, adonde se hicieron presentes hermanos que vinieron para ayudarnos desde diversos puntos del país, tales como Villa Guillermina (provincia de Santa Fe), Santos Lugares, Rosario, de Tropezó (partido de San Martín), todos los cuales se unieron con el grupo misionero «Caacupé» de dicha vicaría, junto con integrantes jóvenes del equipo misionero parroquial de San Antonio de Padua.

Así, el día 31 de enero se realizo el festival de música bajo el Lema “María, tu «sí» cambió la Historia”. Este evento se llevó a cabo gracias a la iniciativa de los grupos de servicios musicales de nuestras comunidades, que pretenden evangelizar a través de la música católica. Si bien este equipo funciona en nuestra parroquia y nuestra diócesis la misma es llevada a otras parroquias o diócesis que lo requieran. Dichos encuentros tuvieron lugar en las capillas de Nuestra Señora de Luján y de San Francisco de Asís de la localidad de José. C. Paz, a pedido de las autoridades locales. El clima del encuentro fue emotivo y fraterno, con alabanzas al Señor y a Nuestra Madre por todas las bendiciones recibidas.

Por fin, el día 14 de Febrero se realizará la fiesta Patronal de la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes, de nuestra jurisdicción parroquial. A las 10:00 de la mañana se celebrará la Santa Misa, la cual será presidida por nuestro cura párroco. Posteriormente se realizará distintas presentaciones musicales de grupos locales, habrá una kermesse con la finalidad de recaudar fondos para dicha capilla, que tanto lo necesita. Invitamos a todos los que quieran compartir con nosotros esta fiesta de Nuestra Madre la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Celebración de la Festividad de la presentación del Señor en «La Candelaria»

CELEBRACIÓN DE LA FESTIVIDAD DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN «LA CANDELARIA» EN LA IGLESIA CO-CATEDRAL DE BELÉN DE ESCOBAR Y CELEBRACIÓN DE SAN BLAS Y SAN OSCAR EN LA IGLESIA CATEDRAL DE SANTA FLORENTINA (CAMPANA)

San Oscar

san-blas-obispo-patrono

Celebracion Candelaria en Belen de Escobar

La iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, en Belén de Escobar, fue centro de la celebración litúrgica de «la Candelaria». Esta entrañable fiesta, tan enraizada en nuestro pueblo católico, se celebra en todo el mundo el 2 de febrero. De ella encontramos el primer testimonio documentado en el siglo IV, por su celebración en Jerusalén. Hasta la última reforma del calendario litúrgico se la llamaba «fiesta de la Purificación de la Virgen María», con referencia al relato bíblico, que narra San Lucas en el capitulo 2 de su Evangelio, y que es lectura litúrgica del día. En efecto, para dar cumplimiento a la Ley, la Santísima Virgen María acudió al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, a los fines de ofrecer su primogénito y cumplir el rito legal judío de su «purificación». La reforma litúrgica de entre 1960 y 1969 restituyó a la celebración el título de “Presentación del Señor”, como era conocida antiguamente, poniendo así de relieve el ofrecimiento de Jesús, el Hijo, al Eterno Padre, en el Templo de Jerusalén, cual preludio de su oferta sacrificial sobre la Cruz.

En su homilía, nuestro Obispo Oscar hizo referencia a la visión cristocéntrica de nuestra Fe, refiriéndose a Jesucristo con las palabras del Credo, «Luz de Luz». Luego comentó el sentido espiritual y pastoral de la Candelaria, y del centramiento en Cristo, “Luz de Luz”. Respecto de la fiesta de la luz, mencionó el antecedente «de la festividad de nuestros hermanos del judaísmo, con la Januka, la fiesta de las Luminarias del templo». A continuación hizo referencia al cumplimiento de la Ley por parte de la Virgen María, al sentido profundo de la fiesta de las candelas o luminarias y llamó la atención de los fieles sobre la imagen de Nuestra Señora de los Buenos Aires, que desde hace más de una década se encuentra en el Templo de la Natividad, sobre la cual explicó su historia, mencionando que en su remoto origen, la Madonna di Bonaria, o Nuestra Señora de los Buenos Aires, es una representación de la Virgen de la Candelaria, en el misterio de la Presentación del Señor. Como es tradicional, al inicio de la misa se bendijeron las candelas o velas, que son impuestas sobre las gargantas en el en que la Iglesia conmemora al Obispo San Blas, quien en vida obró milagros de curación y en la religiosidad popular es especialmente invocado como protector de la garganta.

Concelebraron con el Sr. Obispo el pro-vicario general, Mons. Santiago Herrera, y el cura párroco, Pbro. Atilio Rosatte. De la celebración participaron numerosos fieles laicos de la ciudad de Escobar (que está siendo visitada por segunda vez por el grupo juvenil de la iglesia catedral de Campana, y una delegación de la Orden de Bonaria, a la cual el Sr. Obispo, ante el ofrecimiento por parte de dicha entidad con espíritu católico, en sentido de realizar algunas obras de caridad social, le encomendó en el partido de Escobar la ayuda a la Cáritas de la recientemente reerigida parroquia de San Juan de la Cruz y la puesta en práctica de un plan de alfabetización, con una opción preferencial por los más necesitados, a ejemplo de San Martín de Tours, a quien tienen como protector.

El Sr. Obispo Mons. Sarlinga, luego de su homilía, destacó el avance de la IIa. fase de la reconstrucción del Templo (el cual en el pasado año 2008 cumplió 100 años), señaladamente la terminación por entero de la fachada enteramente restaurada en el estilo original, lo que vuelve a poner de relieve a la iglesia de la Natividad como edificio emblemático de la ciudad. También mencionó que la primera fase se cumplió con la parte del presbiterio restaurado y la creación de la cátedra episcopal, una obra de arte del arquitecto-artista zarateño, José Luis Ibar. Anunció a la vez que se iniciará la restauración de la capilla lateral izquierda del Templo, que será dedicada a la Ssma. Virgen en su advocación de Nuestra Señora de los Buenos Aires.

El día 3 de febrero, en la festividad de San Blas y San Oscar, la misa en la iglesia catedral de Santa Florentina fue presidida por Mons. Oscar Sarlinga, con la concelebración del Pbro. Mauricio Aracena y la asistencia del Rev. Diácono Lucas Martínez. Se realizó la tradicional imposición de las candelas sobre las gargantas de los fieles. El Obispo trazó algunos aspectos de la vida de San Blas, Arzobispo de Sebaste, y de San Oscar, Arzobispo de Bremen y de Hamburgo, y Legado papal, patrono de Escandinavia. Este día 3 de febrero, junto con el santo de su onomástico, Mons. Oscar Sarlinga cumple tres años desde que el Santo Padre Benedicto XVI lo nombrara como Obispo diocesano de Zárate-Campana, habiendo tomado posesión de la diócesis el 18 de febrero de 2006.

lunes, 2 de febrero de 2009

CELEBRACIÓN DE LA FESTIVIDAD DE LA CANDELARIA EN LA IGLESIA CO-CATEDRAL DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR, EN BELÉN DE ESCOBAR


2 de febrero de 2009

El Sr. Obispo, Mons. Oscar D. Sarlinga presidió la eucaristía en la iglesia de la Natividad del Señor, co-catedral de la diócesis, en Belén de Escobar.
Presentación de Jesús al templo

En esta festividad del 2 de febrero la Iglesia conmemora la Presentación del Señor Jesús, esto es, que José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén. También se conoce esta festividad como el "Día de la Candelaria".

Origen de la fiesta: Esta costumbre tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación y la presentación del Niño Dios al templo. En tiempo de Jesús, la ley prescribía en el libro del Levítico que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración. Ya que se cumpliera la fecha, acudía en compañía de su esposo a las puertas del templo para llevar una ofrenda: un cordero y una paloma o tórtola. Con respecto al niño, todo primogénito debía ser consagrado al Señor, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que había salvado Dios. Lo mismo pasaba con los animales primogénitos. José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén, con dos palomas blancas como ofrenda. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a los gentiles. Después, le dijo a María que una espada atravesaría su alma, profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar. Explicación de la fiesta: El día 2 de febrero de cada año, se recuerda esta presentación del Niño Jesús al templo, llevando a alguna imagen del Niño Dios a presentar a la iglesia o parroquia. También ese día, se recuerdan las palabras de Simeón, llevando candelas (velas litúrgicas) a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como «luz de todos los hombres». De aquí viene el nombre de la “Fiesta de las candelas” o el “Día de la Candelaria”.