sábado, 2 de junio de 2012

Preparandonos a la colecta anual de Caritas, Mons. Oscar nos motiva a vivir este encuentro solidario con el hermano



Monseñor Oscar Sarlinga, explicó que la colecta anual de Cáritas Argentina es “una ocasión privilegiada de encuentro solidario”, mediante el cual “la comunidad cristiana sale como Iglesia al encuentro de toda la sociedad, para crear conciencia y promover el compromiso con los hermanos más pobres y excluidos del país”.     “La Colecta Anual es a la vez un signo y un gesto concreto. Es signo porque manifiesta la voluntad de muchas personas de promover una vida digna para todos sin distinciones. Y es gesto concreto, porque el aporte solidario permite paliar muchas urgencias, carencias y desigualdades, promoviendo la calidad de vida de muchas familias”, subrayó.     La Colecta se realizará los días 9 y 10 de junio en todas las parroquias del país, con el lema “Pobreza Cero. Vida digna para todos”.     “El concepto pobreza cero describe de modo conciso el propósito que anima la misión de Cáritas: ayudar a los más necesitados, promoviendo también condiciones de vida acordes a la dignidad que tenemos las mujeres y los hombres como imagen de Dios”, indicó al desgranar el lema.     “Vida digna, complementa y explicita el concepto pobreza cero, porque es una idea culturalmente asociada con trabajo digno, casa digna, trato digno, y con valores primordiales como el respeto por la persona, la justicia y el trabajo. El ‘para todos’ refuerza la idea que la vida digna es un derecho universal que no admite excluidos, a la vez que evoca la responsabilidad que tenemos ‘todos’ para favorecer la inclusión de quienes no gozan de esos derechos”, puntualizó.     Monseñor Sarlinga sostuvo que “otra sociedad es posible” al asegurar que la Colecta Anual es “una invitación a solidarizarnos para transformar la realidad, de los más necesitados y de todos nosotros”.     “Es una oportunidad no sólo para compartir los bienes, sino también la esperanza de construir un futuro inclusivo para todos, comenzando por las acciones y el compromiso de cada uno de nosotros con el presente”, concluyó.

Tomado AICA.ORG

“La Colecta Anual es a la vez un signo y un gesto concreto. Es signo porque manifiesta la voluntad de muchas personas de promover una vida digna para todos sin distinciones. Y es gesto concreto, porque el aporte solidario permite paliar muchas urgencias, carencias y desigualdades, promoviendo la calidad de vida de muchas familias”, subrayó.
La Colecta se realizará los días 9 y 10 de junio en todas las parroquias del país, con el lema “Pobreza Cero. Vida digna para todos”.
“El concepto pobreza cero describe de modo conciso el propósito que anima la misión de Cáritas: ayudar a los más necesitados, promoviendo también condiciones de vida acordes a la dignidad que tenemos las mujeres y los hombres como imagen de Dios”, indicó al desgranar el lema.
“Vida digna, complementa y explicita el concepto pobreza cero, porque es una idea culturalmente asociada con trabajo digno, casa digna, trato digno, y con valores primordiales como el respeto por la persona, la justicia y el trabajo. El ‘para todos’ refuerza la idea que la vida digna es un derecho universal que no admite excluidos, a la vez que evoca la responsabilidad que tenemos ‘todos’ para favorecer la inclusión de quienes no gozan de esos derechos”, puntualizó.
Monseñor Sarlinga sostuvo que “otra sociedad es posible” al asegurar que la Colecta Anual es “una invitación a solidarizarnos para transformar la realidad, de los más necesitados y de todos nosotros”.
“Es una oportunidad no sólo para compartir los bienes, sino también la esperanza de construir un futuro inclusivo para todos, comenzando por las acciones y el compromiso de cada uno de nosotros con el presente”, concluyó.

También en la AUTENTICA DEFENSA

miércoles, 30 de mayo de 2012

Mensaje pastoral de Pentecostés, junto con María, la Madre de la Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, les dirijo estas líneas este Domingo de Pentecostés, una vez llegado de las distintas celebraciones con las confirmaciones en parroquias, algunas multitudinarias, todas muy vívidas, que nos han llenado de gozo. A esta hora, falta ya muy poco para el comienzo del lunes, en la memoria de María, Madre de la Iglesia. Les propongo unas breves líneas de reflexión, que había ido esbozando desde ayer sábado por la tarde, y que quisiera completar casi sobre la medianoche de hoy.

Con María, la Madre de Jesús, llena del Espíritu

Creemos en el Espíritu Santo; creemos en su Esposa, María Virgen, con quien queremos hoy, y siempre, estar. Estar junto a María nos ayudará a amar más a la Iglesia, como Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios, pues en Ella encontramos “la esencia de la Iglesia”; Ella “refleja” la Iglesia, es de ésta el ícono más puro, el modelo y la Estrella matutina, de salvación.
Hemos estado juntos, ya desde el aparecimiento de la primera estrella, ayer, sábado, y hoy, domingo, como en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hch 1,12-14), como los Apóstoles, los discípulos, todos ellos, todos nosotros, íntimamente unidos, dedicados a la oración, en compañía de María, la madre de Jesús, y de nuestros. Se realiza cada día, muy en especial en Pentecostés, en y desde la fe, lo que dijo Nuestro Señor Jesucristo, en el evangelio según San Juan (Jn 19,25-27):“Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Lo importante, más que “hacer” (aunque sin restarle incidencia) es “dejarse hacer por la Gracia”, esto es, en un sentido, lo que la constitución Lumen gentium dice cuando se refiere a lo que cada integrante de la Iglesia puede llegar a ser cuando se deja inundar por el Espíritu, y ve en María al modelo supremo, y «verdadera madre de los miembros de Cristo»[1]
La mirada de María nos hace penetrar en la esencia de la Iglesia, indeciblemente más allá de las poquedades o límites de nosotros, miembros por el bautismo, ya sea laicos o pastores, o en el estado de vida que tuviéremos. No hay turbulencia que aflija a los miembros de la Iglesia que pueda opacar a la Stella salutis, que es María, y que nos ilumina en todos nuestros pasos puesto que Ella, la dichosa Mujer a la que revistió el sol de la Verdad, “creyó”, con todo su ser, que “nada es imposible para Dios”(Lc 1, 37). Él todo puede, y espera de nuestra libertad el “sí, fiat…” para el cumplimiento de sus promesas, realizaciones de la Promesa ya cumplida en la que María creyó, Ella, la bienaventurada Mujer de la escucha del Señor (Cf Lc 1,45).
Que nos guíe María para que, como miembros que somos de la Iglesia amada, sacramento universal de salvación, nos dejemos inundar más por el Espíritu, en y desde la oración, tengamos mayor experiencia de vida de “Cenáculo”, más espíritu de fe, más acogida del don de piedad (la piedad verdadera, la pietas), más realización de la virtud sublime de la justicia,  más misericordia, y más clemencia, como la clemencia que nos tuvo, viendo a todos los hombres de todos los tiempos, el Cristo de la paciencia, junto a la columna. Es siempre iluminador el mirar al Cristo de la columna, sí, también hoy, en Pentecostés, aunque no estemos en el tiempo de Cuaresma: ¿Qué nos habría ocurrido si se hubiera aplicado a nosotros una justicia, más que sublime –y por ello santa-, estrictamente “reivindicativa”, o “vindicativa”?.
El don de sabiduría, del Santo Espíritu nos podrá ayudar a profundizarlo, y a revisar nuestra actitud de vida, pues es un don de fuego suavísimo e iluminador.

Fuego divino, ardor que renueva la faz de la tierra

Roguemos, para estar prestos a “recibir” el fuego divino. Dios siempre da. El Señor dio para siempre a la Iglesia “otro Paráclito”, Espíritu de consuelo, para que se quede con nosotros para siempre (Cf Jn 14,15-16). El nuevo curso del “fuego divino” transformador lo vemos en los Hechos de los Apóstoles (Cf Hch 2,1-11). El fuego divino es suave, transforma por dentro, es cumplimiento del deseo de Cristo (Cf Lc 12,49: “he venido a traer fuego a la tierra y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo”), no destruye sino que arde, es incandescente como el fuego de la zarza que ardía sin consumirse (Cf Ex 3,2).

Ese fuego es “don del Espíritu de Dios” que nos renueva, que nos hace nuevas creaturas, y que, en cierto sentido, nos hace “nacer de nuevo” en Pentecostés, muriendo a las letales “obras de la carne”, las cuales encierran en un atroz egoísmo (Cf. Gal 5,16) y que empodrecen lo que en nosotros hubiera sido la realización del “fruto” anhelado, el amor, la alegría y la paz, frutos auténticos del Espíritu (Cf Gal 5,22).
El Santo Padre Benedicto XVI ha llamado nuestra atención en su homilía de hoy acerca de un efecto fundamental de Pentecostés, esto es, que éste sea “la fiesta de la unión, de la comprensión y de la comunión humana”, pese a que a veces parezca prevalecer “la contraposición”, incluso aunque no falten la agresividad y las peleas, en este mundo, y –miremos dentro- también algunas veces en nuestras comunidades. Pentecostés, bien vivido, hará que fructifique en nosotros “la comprensión recíproca”, y que no prefiramos “permanecer en el propio yo, en los propios intereses”[2], los cuales, como profunda autorreferencia que son, nos encierran en un vicioso círculo. Sabemos que la única manera de salir de éste es quebrantándolo, quebrantando las cadenas que rodean y atan a corazones lastimados, encadenados.

Babel, ardor de la no-filiación, de la no-fraternidad

Lejos del suavísimo fuego divino, lejos del ardor espiritual, hay ardores malos, como el de la negativa profunda y existencial a vivir la filiación divina (es la anti-piedad, en el sentido en que dijimos antes), y por consiguiente la generación de la discordia, y la negativa a la fraternidad (¿acaso, en un sentido, la negativa a la filiación no lleva a la negativa a la hermandad?). Eso es el fruto de “Babel”.

El “cuadro antropológico” pertinente lo trazó hoy en su homilía el Papa, con su cita del episodio bíblico de la Torre de Babel (Cf. Gen 11,1-9), del cual explicó que es “la descripción de un reino” que no quiere depender de Dios, y que se cree “tan fuerte que puede construir por sí solo una vía que lleve al cielo, para abrir sus puertas y ponerse en el lugar de Dios”. Ocurre que, construyendo de tal modo, se destruye, porque se pretende construir “el uno contra el otro”[3]. Babel y todo lo que de ella viene excluye de la unidad caritativa, porque se opone al don de la gracia, y se opone a la verdadera paz, esto último como lo comentaba San Agustín: “(…) de este don divino de la unidad en la caridad están excluidos aquellos que se oponen a la gracia de la paz[4].

La vida se torna compleja, entenebrecida, cuando nos topamos con esa raigal “oposición”, cuando parece generarse la sensación, como también dice el Papa, de “un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor recíproco”, que nos hace percibir incluso como “peligrosos los unos a los otros”[5], esto ya significa un grado, me parece, de insuflación de “lo que no viene de Dios”. Siempre hay remedio, sin embargo, cuando permanece la esperanza que no defrauda, y para ello pienso que con renovado fervor podemos acudir de nuevo al don de la sabiduría, y a la que es Sede de ella, la Sedes Sapientiae, la Iluminada por el Espíritu. Pongámoslo en la oración, en la confianza, más que en la “procura afanosa de solución de complejidades”; lo difícil y lo que parece imposible, enrevesado y enredadizo se hará sencillo de la mano de la Virgen.

Remedios sí necesitamos. La Virgen María, Madre de la Iglesia, es el remedio a los males significados por Babel. Sólo que el remedio hemos de querer beberlo, tomarlo. Con María, todo es distinto: "Con María – afirmaba San Luis María Grignon de Monfort – se procede más suave y tranquilamente (…) esta buena Madre y Maestra se hace tan cercana y tan presente a sus servidores fieles para iluminarlos en sus tinieblas y en sus dudas, para asegurarlos en sus temores…"[6]

Si dirigimos la mirada al campo inmenso de la misión, del apostolado, de los que sufren, de los que esperan la Palabra, la Eucaristía, ¡qué distinto será todo!. Allí ilumina Pentecostés.

Cuando en una homilía de la Inmaculada el Papa Benedicto se refirió a la declaración que hiciera Pablo VI de María como “Madre de la Iglesia”, dijo que se trató de una “inequívoca alusión a la narración de Pentecostés, transmitida por San Lucas (Hch 1, 12-14)”, pues, aludiendo a los Padres conciliares, los describió como “reunidos en la sala del Concilio, "con María, la Madre de Jesús", en cuyo nombre saldrían”[7], es decir, saldrían para la evangelización, a través de la cual el misterio de la paternidad divina sale al encuentro de la humanidad.

El Santo Padre Pablo VI proclamó a la bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, esto es, de todo el Pueblo cristiano, fieles y pastores, que la llamamos Madre amadísima[8]. ¿Nuestra Madre no nos iluminará en las tinieblas, no nos asegurará en nuestros temores?. Abramos el corazón a la fe, la Madre nos afirmará entonces en el mysterium pietatis, misterio de piedad.

Corazones que buscan piedad en el “templo de la luz sin sombra y sin mancha”

Hoy, en este día santísimo, busquemos como gracia especial el don de “piedad”, en el Templo que es María. Comprenderemos mejor, cordialmente, el vínculo existente entre nuestra Madre y la Iglesia, de la cual la primera es, a la vez, un miembro «excelentísimo y enteramente singular»[9]. Así amaremos más a la Iglesia, aunque por distintas razones tengamos que sufrir un poco, qué importa, si está con nosotros la que es nuestra Madre...

Ofrezcamos también el sufrimiento que nos toque, por la unidad y la paz, por la santidad de quienes formamos “un solo cuerpo”. Sepan que el Pastor de ustedes también quiere aprender a sufrir, para que se consolide entre nosotros aquello que, como dijimos, San Pablo afirma: «el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz» (Gal 5,22), y que ese fruto sea delicioso de “unidad”, en la convivencia santificante, que viene a nuestras humanas almas y las vitaliza por un grado superior de operación, de obra divina (Cf Jn 14, 23; 1 Cor. 3, 16; Rm. 8, 11. 26).

Así, no nos conformemos con “entender” todo esto. Vayamos “más allá”, queramos hacer de ello una “reforma espiritual” interior. Abramos nuestro espíritu, los animo y me animo a mí mismo, a una verdadera paz, en la verdad, a un convivir, como dijo el Papa, “en el nosotros” de la Iglesia, con una actitud de “profunda humildad interior”[10], sin la cual todo va a la ruina.

Porque, estemos en esto atentos, sin este espíritu de humildad (y aún el espíritu de aceptar humillación), el misterio del Espíritu Santo podría hacerse para nosotros más bien un motivo de “responsabilidad”, es decir, se nos podría responsabilizar por no haberlo vivido bien, por no habernos abierto de verdad y con todas sus consecuencias al Amor. En ese sentido, podría llegar incluso a ser, en el decir de San Agustín, «motivo de responsabilidad y no de fortuna»[11] Desechemos las consecuencias de Babel, hermanos, porque, de lo contrario, su vorágine nos hundirá en el miedo a la libertad y nos quitará la alegría de amar y de anunciar el Evangelio. Nosotros pedimos al Señor: “Danos la alegría de anunciar el Evangelio”.

Con todas estas intenciones, los invito pues, hermanos y hermanas, hijos e hijas muy queridos de esta diócesis, casi al término del día de la solemnidad de Pentecostés, y casi ya alboreando la memoria de María Madre de la Iglesia, a ofrecer nuestro corazón a María con la oración final del Santo Padre Pablo VI cuando la declaró Mater Ecclesiae:

“Oh templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre, a fin de que conceda misericordia a nuestras faltas y aleje toda disidencia de entre nosotros, dando a nuestro ánimo la alegría de amar”.


+Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana
27 de mayo de 2012




[1] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 53.
[2] Cf BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012.
[3] Cf. Ibid.
[4] SAN AGUSTÍN, Sermo 271: PL 38, 1246.
[5] Cf BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012.
[6] SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT, Trattato della vera Devozione 5,5.
[7] BENEDICTO XVI, Omelia della festa dell'Immacolata Concezione, 8 diciembre 2006.
[8] Cf PABLO VI, Allocuzione del Santo Padre nella conclusione della III sessione del Concilio Vaticano II, Festa della Presentazione di Maria Ss.ma al Tempio, Sabato, 21 novembre 1964.
[9] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 53.
[10] BENEDICTO XVI, Capella papale nella solennità di Pentecoste, Omelia del Santo Padre Benedetto XVI.Basilica Vaticana Domenica, 27 maggio 2012. Domenica, 27 maggio 2012.
[11] SAN AGUSTÍN, Sermo 271: PL 38, 1246.



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domingo, 13 de mayo de 2012

Continuación de las fiestas de la Virgen de Luján

Celebración patronal el día 12 de San Isidro Labrador en Lima (Zárate) y fiestas patronales del “Bajo de Zárate”, el día de Ntra. Sra. de Fátima (el 13 de mayo)

La Virgen de Luján también fue honrada en la ciudad de Baradero
La imagen de Nuestra Señora de Fátima a la entrada de la vicaría del Bajo de Zárate
Luego de las Fiestas patronales diocesanas (celebradas el sábado 5 de mayo por la tarde en Zárate) y las Jornadas de Pastoral en preparación a la “Misión Joven” que tendrá lugar en dicha ciudad en octubre, prosiguieron las celebraciones de la Virgen de Luján los días subsiguientes. En Baradero la parroquia de Nuestra Señora de Luján data de 1957, cuando esa región pertenecía aún a la diócesis de San Nicolás. La feligresía parroquial es notable, participativa y fervorosa, siendo así que para las fiestas patronales siempre acude muy numerosa. Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga concurrió el domingo 7 por la mañana y celebró la Santa Misa junto con el pastor propio de esa comunidad, Pbro. Rubén Darío y algunos sacerdotes, con la participación del Diácono adscripto Rev. Carlos Rosselló y los seminaristas diocesanos Nicolás Amendolara y Martín Gallo  Los niños de catequesis concurrieron en gran número junto con sus familias. Al término de la celebración eucarística se inició una procesión por las calles de la zona parroquial, con meditaciones bíblicas y cantos.

Barrio “Villa Massoni” en Zárate (Parroquia de Nuestra Señora de Luján)


El martes 8 por la tarde se celebró uno de los días más importantes para toda la comunidad parroquial del populoso barrio de Villa Massoni, la fiesta patronal de la Virgen de Luján. Por la tarde el cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand, ya fue colocando los banderines en el atrio, y días antes el pasacalle a la entrada de la parroquia, de modo tal que fue configurándose la preparación para una fiesta patronal diferente, más participativa, de la cual todos los vecinos participaron convocados por la Virgen, a pesar de ser un día martes por la tarde. Cerca de las 18:45 fue acercándose el grueso de los fieles que completó todo el templo. A las 19 comenzó la celebración de la misa, que presidió Mons. Oscar Sarlinga, nuestro Obispo diocesano, con la concelebración del cura párroco, Mons. Osvaldo Montferrand y el sacerdote salesiano Carlos Barbero. Como no podía ser de otra manera, la entrada de la imagen de la Virgen fue emocionante, llevada en andas por chicos vestidos de paisanos. Luego la colocaron en el altar y ellos presenciaron toda la misa allí, sentados a un costado con total atención. El resto de los fieles se ubicó en los bancos, con capacidad para doscientas personas, y más del doble de esta cantidad la tuvo que presenciar de pie, dada la multitud de gente que desbordó el amplio y espacioso lugar, demostrando, una vez más, su devoción por la Virgen. Claro que no terminó todo allí, a la salida de la misa, todos los presentes fueron sorprendidos por colaboradores de la parroquia que los convidaban con gaseosa y los populares “choripanes”, de modo tal que se hizo una feliz fiesta. “Normalmente los eventos y las fiestas tienen un fin utilitario de acuerdo a la sociedad utilitaria en la que vivimos. Están hechos para algo. Pero el espíritu de estas festividades fue otro, fue el de compartir, el de reunirse. Quisimos adoptar esta nueva cultura que ya no es la del interés sino la de la unión, en donde no importa qué es lo que hay para comer sino lo que se comparte”, comentó el cura párroco Osvaldo Montferrand. “Claro que tuvimos obstáculos, uno era este, el fin utilitario que muchas veces se les otorga a las cosas y, por otro lado, eso que muchos creen, que una fiesta en la iglesia es triste, seria y solemne. Por eso tomamos a la fiesta de la Virgen como una posibilidad para compartir, brindar sin interés. Entonces no fue la misa únicamente sino también la fiesta, el hecho de reunirnos y compartir”, agregó Mont-ferrand. El obispo y los sacerdotes permanecieron en el festejo popular hasta el final, cerca de las 21.30. Mons. Montferrand dijo al diario “La voz de Zárate” que:“El próximo 30 de mayo y hasta el 3 de junio se realizará el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán bajo el lema el Trabajo, la Familia y la Fiesta y es muy acertado este mensaje que dio el  obispo, porque sin trabajo no hay familia, y en la familia es en donde se comparte, en donde hay fiesta. Allí no se hace negocio, no se intenta ganar dinero sino que es para gastar todo lo que se ganó en el trabajo. La familia es para compartir, no es algo utilitario. Por este motivo se perdió el domingo como el Día del Señor, donde estaba prohibido el trabajo para estar en comunidad, festejar y compartir. Este es el espíritu que queríamos recuperar en estas fiestas patronales; y salió todo bien porque la fiesta la hicimos entre todos, todos colaboramos para que salga bien convocados por la virgen”, destacó el cura párroco de Nuestra Señora de Luján”.

Es digno de notar que a la Misa y festejos posteriores concurrió gente de distintas zonas del populoso barrio, incluso de los “asentamientos” cercanos, con integración y alegría, lo cual manifiesta una pastoral de conjunto e integrativa en la parroquia.

Véase al respecto: http://www.diariolavozdezarate.com/

LIMA (Partido de Zárate)
Lima tiene como característica el Paraná de las Palmas
Lima y su estación de ferrocarril
El día sábado 12 tuvo lugar la festividad (trasladada) de San Isidro Labrador, patrono de Lima, en el partido de Zárate. La localidad (o pequeña ciudad) conocida por ser un centro al que acuden numerosos trabajadores de todo el país, tiene una notable historia, y un templo parroquial más que centenario. La localidad fue fundada a raíz de la disposición de Justa Lima de Atucha, quien también donó la iglesia matriz de Ntra. Sra. del Carmen, en la misma ciudad de Zárate. El Obispo Mons. Oscar Sarlinga presidió la celebración eucarística, concelebrada por el cura párroco, Pbro. Hernán Chávez, en un templo colmado, con muchos niños de catequesis y sus familias, también jóvenes, y agricultores, que acudieron a venerar a su patrono, San Isidro. Asistieron los seminaristas Jerónimo Martínez y Nicolás Amendolara. Al término de la misa se dio una bendición especial a “las fuerzas vivas” de la comunidad, allí representadas. A continuación la imagen del Santo fue transportada por miembros de la Gendarmería nacional, mientras el gentío junto con el clero y los seminaristas hicieron la procesión alrededor de la plaza central, hasta converger de nuevo junto al atrio del templo, donde Mons. Oscar Sarlinga impartió la bendición con el relicario que contiene una reliquia insigne del Santo Patrono. Luego saludaron al Obispo todos los niños de catequesis, sin excepción, y las familias.
En el llamado “BAJO DE ZÁRATE” la festividad de Nuestra Señora de Fátima, en la vicaría del mismo nombre.
En el tradicional barrio del “Bajo de Zárate”, uno de los símbolos de la ciudad, se encuentra la vicaría de Nuestra Señora de Fátima, cuyo responsable pastoral es el Pbro. Eduardo Mussato. La comunidad ha recibido tres misiones de jóvenes, habiendo sido la última de las cuales la misión juvenil del movimiento de Santa María de la Estrella, en enero de este año 2012. También el templo festejó recientemente su quincuagésimo aniversario.
Allí concurre también nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga el día domingo 13, en la fiesta de la Virgen, para honrarla y celebrar la eucaristía, con la concelebración de Mons. Ariel Pérez y el Pbro. Eduardo Mussato. Al término de la Misa tiene lugar la procesión en la zona ribereña del Paraná.

sábado, 5 de mayo de 2012

El convento de las Hnas. de Mater Dei en Ing. Maschwitz fue inaugurado y fue dedicado su templo

Puede leerse éste articulo en
http://www.obispadozaratecampana.org/
 http://padrenuestro.net/
El día sábado 28 de abril fue consagrado el altar y dedicada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, y bendecido el convento de las hermanas del Instituto “Mater Dei” en la localidad de Ingeniero Maschwitz (partido de Escobar), ubicados en predio contiguo al campo de deportes perteneciente al Colegio “San Pablo” (de Buenos Aires), sobre calle que da a uno de los barrios populares de la periferia de dicha población, con lo cual las hermanas continuarán con la misión en dicha zona, habiéndola comenzado desde su establecimiento en la casa que oportunamente prestara el mencionado colegio.
Presidió las celebraciones el Obispo diocesano de Zárate-Campana, Mons. Oscar Sarlinga, y participaron asimismo los Obispos Mons. Martínez (obispo de San Luis, sede principal del instituto de derecho diocesano), Mons. Taussig (obispo de San Rafael), Mons. Lona (obispo emérito de San Luis) y Mons. Basseotto. Decenas de sacerdotes concelebraron, y asimismo asistieron muy numerosos religiosos y religiosas de institutos presentes en la diócesis, diáconos permanentes, seminaristas y muchos fieles laicos, en especial familias. La superiora local, Hna. Julia Conreggia junto con la Madre general realizaron las invitaciones, que tuvieron amplio eco en la diócesis, incluyendo a los barrios de los alrededores del convento.
El Instituto Mater Dei es una Congregación de Derecho Diocesano fundado por la Madre María de Jesús Becerra en 1977, en San Luis (Argentina). El fin específico del Instituto es “la caridad de la verdad, participando así de la misión misma del Verbo que se encarnó ante todo para revelar la Verdad, formando catequistas y jóvenes universitarios”, con el lema inspirador: “Contemplar y dar a los otros lo contemplado”.
La Santa Misa es el centro y el culmen de la vida diaria de las Hermanas, preparada y continuada en el Oficio Divino (conservándose en lo posible el latín). Y es que “la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde manatoda su fuerza”. Con esmero y fidelidad al espíritu de la Iglesia, cuidan la dignidad y la belleza de la Liturgia. De acuerdo conel Concilio Vaticano II, que insistió en la necesidad de tener siempre a Santo Tomás de Aquino como maestro y doctor, el Instituto le tiene como protector especial, “el más sabio de los Santos y el más Santo de los sabios”, ya que a la luz y sobre la base de supensamiento perenne se puede realizar un gran aporte a la formación para la evangelización. En razón de la eucaristía y la catequesis, el Papa San Pío X es el segundo protector del Instituto.
Su misión apostólica se realiza con la colaboración y coordinaciónde la catequesis parroquial; la preparación y publicación de catecismos y otrostextos formativos; la creación y dirección de colegios universitarios femeninos; la difusión de los contenidos de la fe a través de los medios decomunicación social; la promoción de la dignidad y el esplendor del culto en las celebraciones litúrgicas; la formaciónde organistas y scholae cantorum.
El Instituto está presente en Argentina (cuatroconventos) y Chile. Muy próximamente se abrirá una nueva casa religiosa en Canadá.

sábado, 21 de abril de 2012

“Instrumentos de la evangelización”, núcleo de la homilía del Obispo en la celebración de la Divina Misericordia en Garín

Mons. Sarlinga: “Somos instrumentos de la evangelización”
 
 Véase la noticia en: http://www.aica.org/


Belén de Escobar (Buenos Aires), 18 Abr.

Mons. Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración de la Divina Misericordia
El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga presidió la multitudinaria celebración del domingo de la Divina Misericordia en la parroquia Jesús Misericordioso, de la localidad de Garín, partido de Escobar.  En su homilía, el prelado manifestó que la aparición y el mensaje de Jesús Misericordioso se encuentran en la línea de las “apariciones históricas del Resucitado”.  Monseñor Sarlinga marcó la diferencia antropológica entre el “temperamento” y el “carácter” y dijo que este último “puede ser siempre mejor forjado en nosotros, con la ayuda de la gracia y el esfuerzo, en una ascesis que nos purifique, y que haga que disminuya o desaparezca en nuestro carácter, la dimensión enojosa, prepotente u opresiva, y se deje transformar por la fortaleza y la mansedumbre, a fin de ser causa de alegría y de acción de gracias para los demás, causa de crecimiento en todo lo bueno y positivo”.  “Una renovación y transformación del corazón, lejos de quedar como fijas en lo personal, se proyectan a la dimensión social del ser humano”, aseguró y agregó que “toda reforma para bien de un cuerpo social tiene como origen la reforma interior a la que estamos llamados como creyentes”.  El pastor también se refirió al empeño del beato Juan Pablo II y de Benedicto XVI por la nueva evangelización y lo relacionó con los desafíos para este Tercer milenio, recordando que “somos instrumentos, cada uno según su vocación y elección, de la evangelización, y el gran protagonista de ésta es el Espíritu Santo, hemos de ser dóciles a él, escucharlo, escucharnos, sobrellevarnos, amarnos, y derribar todo muro de enemistad”.  El obispo le pidió a Nuestra Señora de Luján que “asista a sus hijos en las pruebas cotidianas y que, gracias al empeño de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz”.  Al término de la misa se llevaron a cabo distintos números folklóricos, que fueron interpretados por agrupaciones de jóvenes creadas recientemente, del partido de Escobar.+

viernes, 6 de abril de 2012

Mensaje Pascual para la Iglesia particular de Zárate-Campana


La Mano dell'Onnipotente. Mosaico Absidiale, sec. XIII Basilica San Clemente
Queridos hermanos y hermanas. Feliz y Santa Pascua del Señor Jesús.

La diestra del Señor es poderosa

Los invito, en este santísimo día, a renovar nuestra fe y nuestra esperanza, y a clamar con la “casa de Israel” que la misericordia de Dios es eterna, pues: /... "la diestra del Señor es poderosa,la diestra del Señor es excelsa,la diestra del Señor es poderosa". (Sal 117 [118],1-2.16).Hoy, en este bendecido día, admiramos cómo la Mano del Señor levantó a Jesús (Cf Hch 13:29-343) y levanta a todos los que fundan su esperanza en la misericordia divina. Nos admiramos de los mirabilia de Pascua, cosas admirables, de Dios,ya preparadas por Él en los misterios de la Encarnación y del nacimiento virginal[1].
Vano sería buscar a Jesús entre los muertos, pues él es Dios de vivientes y no de muertos (Cf Mt 20,38), pues Cristo y el Padre “son uno” (en el sentido de Jn 10:30) y porque el mismo Jesús dio su vida sin que se la quitara nadie (Cf Jn 10:17-18: 17) conforme al designio del Padre, quien al alba de la noche de la vigilia develó la fuerza de su brazo, de su diestra[2]. Inútil buscar en el sepulcro (Cf Lc 24,5-6): Cristo es el Presente, el Emmanuel, y lo es para quienes lo buscan con sincero corazón.
Él nos amó primero, y después de haber amado a “los suyos” que estaban en el mundo, a los que “amó hasta el fin” (Cf  Jn 13,1),el ápice sacrificial despuntó visiblemente “en el día que hizo el Señor” (Cf Sal 117 [118], 24), cuando cobró pleno sentido la prefigura del paso de Israel por el Mar Rojo y el signo de las aguas embravecidas que se tragaron a las fuerzas del Faraón, lo cual representaba la opresión del pecado y la invadente tristeza causada por la obstinada maldad y el miedo infligido. El miedo, en cuanto a él, rodó fuera de modo definitivo con la piedra que cubría el sepulcro (Cf Mc 16, 3-8). Así “surgió”, “pasó” triunfante el Señor, vencedor de la muerte y del pecado.
La conmovedora figura pascual, cuando Israel salió de Egipto nos prefigura con potencia la visión de la Mano poderosa de Dios, que salvó a los primogénitos de Israel (Cf Ex 12:27), que diezmó a los egipcios, y salvó las gentes y las casas de los suyos (Cf Ex 12.2-27) en la medianoche del catorce al quince de Nisán. La vara de Moisés actuó, y Dios envió a su pueblo la columna de nube, la cual devenía tanto luz como obscuridad. En efecto, iluminaba al pueblo del Señor, pero llenaba de obscuridad a los perseguidores, quienes se obstinaron. El mar los tragó. El pueblo del Señor lo vio, y creyó (Cf Ex. 14:31).
Ante tal paradigma, consideremos que la Pascua cristiana es el “Paso” por excelencia,gran acontecimiento, pues Jesús:“(...) ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) y esto fue hecho por Mano divina, en la historia de los hombres, pero a la vez de modo enteramente meta-histórico, trascendente, victorioso, fuera de lo mítico:“(…) no es un mito ni un sueño, no es una visión ni una utopía, no es una fábula, sino un acontecimiento único e irrepetible: Jesús de Nazaret, hijo de María, que al atardecer del Viernes fue descendido de la cruz y sepultado, ha dejado victorioso la tumba" nos explicaba el Papa Benedicto XVI[3].
Acontecimiento único e irrepetible que lo es puessigue al “ser” divino; fue hecho por El que es, para El que  dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega (…) El que es, el que era y el que viene, el Omnipotente” (Cf Ap 1,8). Considerando esto, en cierto sentido, del último libro del “canon” de la Sagrada Escritura nos viene un principio vital y moviente de la nueva evangelización.

Caminar en una vida nueva

Los grandes Testigos, como San Pablo, nos dicen que Jesús resucitó de entre los muertos por medio de la “gloria” del Padre, para que así también nosotros podamos “(…) caminar en una vida nueva” (Rm 6,4). El hombre nuevo camina en una vida nueva.
En ese caminar, Jesús nos precede para liberarnos de toda esclavitud, del miedo y del sinsentido, y encolumnar su luz en nuestra vida, cual renovada y recreada columna de nube en el Pésaj: nos precede en Galilea (Cf Mc 16,6s), nos da Él “antes” el don de la fe para salvación nuestra y de todos aquellos de la familia humana que  acepten  el Don (Cf Hch. 16,30s) del día pascual.
Cercanos al comienzo del “Año de la Fe” pedimos que en su precedencia, el Señor aumente nuestra fe como lo hizo en sus primeros testimonios acerca del sepulcro vacío(Cf. Mt 28,1; Mc 16,2; Jn 20,1) yen sus primeras apariciones históricas a los apóstoles y discípulos(Cf. Lc 24,34-36; Jn 20,19).

Reengendrados en la libertad por una esperanza viva

Hombre nuevo y pueblo nuevo son reengendrados. El Pueblo de Dios es todo él «reengendrado a una viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos» (1P 1, 3). Animados por la respuesta libre de Jesús, la de entregarse (“Tengo el poder de entregar mi vida…”:Jn 10, 18c) hemos de vivir nosotros también con plena libertad, esa libertad que es el “(…) don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos”[4].
Los invito también hoy a ser agradecidos, porque todo lo debemos al Amor de Aquél que nos ama (Cf Ap 1,5), nos unge en su Iglesia, con la libertad de la fe en Cristo resucitado. Su gracia produce en nosotros, si le damos acogida, una transformación verdadera, esto es, los frutos nuevos en nuestra vida, los cuales anhelo para todos ustedes en esta Pascua.
Un espléndido fruto nuevo de metánoiapascual sería el osar, el “atreverse a amar” con mayor fuerza a los hermanos, tal como aparece a modo de clave comprehensivaen la carta del Apóstol Pedro: «Fraternitatem diligite», quieran ser hermanos, sean como hermanos (Cf 1 Petr. 2, 17). ¿Ideal a seguir?. Lo es, aunque no a modo demero ideario ético ni de idealismo filosófico o filantrópico. Más bien adquiere realismo por vía de animación espiritual, porque desea fraternidad quien está animado por la llama del Espíritu Santo (incluso cuando quien, sin culpa de su parte, no lo sabe). A esa fraternidad, tan anhelada, tan proclamada puede colaborar a efectuarla quien deja entrar en su vida la infinita «novedad» pascual. Es el aporte humilde y sincero que podemos ofrecer al mundo de hoy, donde tantas heridas se ven. Sin creernos más, sino como servidores.
Pascua es también suprema Justicia, desde Dios. Anhelamos justicia, es necesaria. La meramente humana, sin embargo, nos deja insatisfechos. La Justicia „que mira desde el Cielo” (Cf Sal.85) es infinitamente superior a cualquiera otra, en especial a lavindicación. En aras de la anhelada fraternidad misericordiosa, el renovado „mirar” de nuestra parte, más bien con la Justicia del Cielo, a los hermanos, constituirá un gran signo de reconciliación y de fraterna „mano extendida” aunque para ello tengamos que „morir” no pocoa nosotros mismos (admiramos a los mártires, pero ¿aceptamos „morir” incluso en este sentido?.). Morir para vivir,constituirá también el asumir el „camino nuevo” sentido existencial-martirial-virtuoso verdadero.
La Pascua nos ofrece renovadas fuerzas para colaborar con Jesús nuestro Hermano a construir familia, comunidad, sociedad, civilización del Amor, con su Gracia, „(...) con los ácimos de la pureza y la verdad” (Cf 1 Cor 5, 8).
Nos acompañela Virgen Madre de Dios, en este camino nuevo.a modo de una luminosa Columna de nube; María, la que padeció junto a la Cruz pascual, la que vio al Resucitado, Levantado por la Mano paterna, glorioso en su Pascua; María, la que reina junto a su Hijo por la eternidad, la Madre de la Iglesia.



[1]Cf. San Gregorio Magno, Hom. 26 in Ev.
[2]Cf JUAN PABLO II, Homilía de Su Santidad en la Santa Misa Crismal, Jueves Santo, Basílica de San Pedro, 8 de abril de 1982.
[3]Benedicto XVI, Mensaje pascual desde la balconada de la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano, Domingo 12 de abril de 2009.
[4]Juan Pablo II, Enc. Veritatissplendor, n. 87.


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jueves, 5 de abril de 2012

Multitud de fieles en el Domingo de Ramos en Campana

EN EL ITINERARIO DE LA PASCUA TODOS NECESITAMOS DE LA PURIFICACIÓN PARA VIVIR "LA HORA DE DIOS"

Aspersión de los ramos en atrio iglesia catedral
El domingo de Ramos la iglesia catedral de Santa Florentina contó con la presencia de muy numerosos fieles, quienes desde las aceras circunstantes hasta las esquinas y cubriendo todo el atrio vecino al templo aguardaban la llegada del Obispo y los sacerdotes, junto con los diáconos y seminaristas. Acompañaron a Mons. Oscar Sarlinga el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, el provicario, Mons. Santiago Herrera, y los diáconos permanentes Ricardo Dib, Pedro Bruno y Sergio Pandiani, junto con los seminaristas que realizan la pastoral de fin de semana en la parroquia, sin olvidar al numeroso grupo de monaguillos parroquiales. Muchas familias con niños asistieron a la celebración, y el obispo hizo alusión a ello en la homilía, en la que dijo que “en el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir “la hora de Dios”.



HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS
En el itinerario a la Pascua, todos necesitamos de la purificación para vivir la “hora de Dios”
Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, hermanos y hermanas, queridos niños, que han venido tan numerosos para este Domingo de Ramos:
Aclamemos hoy a nuestro Señor, como lo hicieron los niños hebreos que acudieron aclamando al Señor, con inmenso cariño, con amor: ¡Bendito el que viene!. ¡Cómo habrá prevalecido el clamor de los niños y de los puros de corazón, sobre el rumor de la muchedumbre, sobre la ira de quienes odiaban a Jesús, como habrá prevalecido ese día el clamor del Osanna al nuevo Hijo de David (Cf Mt. 21, 15).Revivamos hoy ese Misterio, en y desde la fe.
Predomina el colorido, lo festivo, los ramos que se levantan cual signo de ovación. Observemos, sin embargo, que el vistoso color rojo vivo de los ornamentos, más que el color de los reyes o de los emperadores, es el color con que revistieron a Jesús con el “manto real” para burlarse de Él, “el Rey” que reinaría desde la ignominia de una Cruz. Por eso también le ciñieron la cabeza con la corona “real” de espinas y le dieron como cetro la caña. Tuvo que ser Pilato, juez inicuo, quien sin embargo hiciera dejar el “título” sobre la Cruz, que lo reconocía “Rey”.  Pero de ese lugar de ignominia, y de Misericordia infinita derramada, vino el triunfo total, el de la Resurrección, el de la Ascensión, el del Envío del Espíritu Santo en Pentecostés, que inauguró el “tiempo de la Iglesia”. Por eso este rojo vivo es el color litúrgico del Descenso del Espíritu, y el color del martirio, del supremo testimonio de ese Amor inmenso.
Y Jesús, ¿qué veía en el Domingo de los Ramos?. Pensemos entonces que en este día en que se jugaban los destinos de la redención, más que la gloria de la aclamación, Jesús veía su entrega para la redención. Jesús, el Maestro, sabio, misericordioso, peregrinante en la Palestina de entonces, que obró milagros, tuvo en su misma entrada triunfal la conciencia de ser el Salvador prometido y a la vez la conciencia de la Cruz. 
Nosotros, para “ver” este misterio, hemos de hacernos como niños. Sí, en especial los niños del pueblo hebreo agitaban ramos, de olivo, de palma, en señal de fiesta, porque son los niños quienes tienen un corazón más puro, y por ello, en un sentido, “ven más”, “aceptan más”, dan un homenaje más amoroso y sentido. Es por ello que el Señor nos ha exhortado a “hacernos como niños”, en sentido de purificar nuestro corazón, como en este día en que nos pide “verlo” en el Domingo de Ramos o de Pasión, más que como un “espectáculo religioso” (lo cual se convertiría más bien en una espectacular repetición en el calendario litúrgico), como una reactualización vivida, por obra del Espíritu, de ese Misterio del Señor. Y esto  al punto que cada uno de nosotros aquí presentes nos hacemos partícipes, como nuevo Pueblo de Dios, proclamando a Jesús, “Mesías”, el Cristo, nuestro Salvador.
Que este acto litúrgico reavive nuestra fe, nuestra esperanza, anime nuestra caridad, y renueve nuestra vida, haciéndonos “nuevas creaturas”. Nuestra fe, primero, cual “virtud-puerta”, tanto más en las cercanías de la apertura del “Año de la Fe” por el Santo Padre. Creemos en Dios, creemos en Cristo, su Hijo. Creemos en el Espíritu Santo. Le creemos a Jesús, como las almas piadosas luego de la resurrección de Lázaro, le creemos, en su ingreso triunfal y humilde como Mesías en Jerusalén. Creemos en Él, siendo «signo de contradicción» (Luc. 2, 34). Creemos en Él, pues su gloriosa Resurrección cambió para siempre los destinos del mundo y de la humanidad.
Será la ocasión de profundizar  también nosotros hoy esa conciencia, de querer crecer en nuestra voluntad en ser heraldos, mensajeros del Mesías, de su Reino de alegría, paz, gozo en el Espíritu, de profundizar la conciencia de estar viviendo “la hora” de Dios, en la que se cumplieron las profecías de la venida del Príncipe de la paz (Cf Is. 9,6) en su triunfo incontenible y en su entrega total (Cf Lc 19,39-40).
Nos ayudará para esto, a vivir el camino a la Pascua (la litúrgica, y el camino a la Pascua eterna) la reconciliación. La interior, la profunda, que nos mueva al sacramento de la reconciliación, es decir, a la confesión, pues la necesitamos. En el itinerario a la Pascua todos necesitamos de la  purificación para vivir la “hora de Dios”.
María, nuestra Madre, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, quien nunca nos abandona, nos guíe de la mano en este camino hacia la luz pascual.
                     
+Oscar Sarlinga
Domingo de Ramos 2012



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