viernes, 27 de junio de 2008

INICIO DEL AÑO PAULINO EN NUESTRA DIÓCESIS

Tal como nos lo ha dicho nuestro Obispo Monseñor Oscar Sarlinga en su reciente carta pastoral del 13 de junio (ver obispadozaratecampana.com.ar) acerca de la inauguración del Año Paulino en nuestra diócesis, ésta tendrá lugar en la cuasi-parroquia de Nuestra Señora de Luján y los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, de la ciudad de Campana, el sábado 22 del corriente, a las 19. Con oportunidad de la Eucaristía, el Sr. Obispos bautizará y confirmará un grupo de adultos de esa jurisdicción eclesiástica y bendecirá, asimismo, la nueva pila bautismal.
Mons. Oscar Sarlinga ha pedido a los curas párrocos y a todos los sacerdotes que anuncien de modo manifiesto el inicio del Año paulino universal en sus respectivas parroquias, dando a esas celebraciones una solemnidad especial.
También pueden escoger algunos párrafos de la carta pastoral para hacer referencia a la feligresía, o bien tomar el resumen que realizó la Agencia Fides, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, del Vaticano (cuyo texto se incluye a continuación). Acerca de los lugares y días para ganar las Indulgencias, además de los establecidos por el Santo Padre, el Obispo ha designado a aquéllos que se explicitan en la mencionada carta pastoral.
Al mismo tiempo, el Sr. Obispo recuerda que el Santo Padre ha pedido que durante el Año Paulino se trabaje de modo particular e intenso por el ecumenismo, tal como lo entiende la Iglesia, y asimismo Monseñor solicita a los curas párrocos y sacerdotes tengan a bien exhortar a los fieles católicos a la generosidad en la COLECTA POR LAS OBRAS DE CARIDAD DEL SANTO PADRE, u "ÓBOLO DE SAN PEDRO", a realizarse el fin de semana del 28 y 29 de junio, en todas las iglesias de la diócesis, con esa finalidad. Esto significa que también las iglesias no parroquiales, donde se haga la colecta, deben ser destinadas a dicho fin, que es de la Iglesia Universal.
La basílica ostiense, popularmente llamada de San Pablo Extramuros, donde se veneran las reliquias del Apóstol de las gentes, acoge el sábado 28 de junio, a partir de las 6 de la tarde, la celebración litúrgicas de vísperas con la cual quedará abierto el Año Jubilar Paulino 2008-2009, en conmemoración del segundo milenario del nacimiento de apóstol Pablo. El Papa Benedicto XVI presidirá la celebración y al día siguiente hará lo propio con una Eucaristía en la basílica de San Pedro.
El patriarca ecuménico de Constantinopla y primado de la Iglesia ortodoxa, Bartolomé I, asistirá al acto, en un gesto de indudable calado ecuménico. Precisamente, el ecumenismo es una de las dimensiones que el Año Paulino pretende revitalizar.
La solemnidad litúrgica de los santos apóstoles Pedro y Pablo es el día 29 de junio, este año domingo. Es también el Día del Papa y de la colecta del Óbolo de San Pedro para obras de caridad de su sucesor. Litúrgicamente, las fiestas comienzan con el rezo de las primeras vísperas, como sucederá el día 28. (ECCLESIA DIGITAL)
Con respecto a la "imagen peregrina" de San Pablo, junto a la que se encuentra en el colegio homónimo (de la ciudad de Zárate),a los fines de encuentros de oración y otros encuentros pastorales durante el Año Paulino, los curas párrocos podrán solicitar también al Obispado la nueva imagen de San Pablo la cual fue encargada por el Sr. Obispo, cuyas fotografías pueden verse a continuación, y que será bendecida el día 28 de junio, al finalizar la ordenación diaconal cuya noticia sigue a ésta.

AMERICA/ARGENTINA - Obispo de Zárate-Campana: "el Año Paulino es un tiempo propicio para confirmar en la fe, crecer en el testimonio de vida y afianzar la pertenencia a la Iglesia"

Zárate-Campana (Agencia Fides) - Mons. Oscar Domingo Sarlinga, Obispo de la diócesis de Zárate-Campana (Argentina) ha escrito una Carta Pastoral con motivo del inicio del Año paulino el próximo 28 de junio, que considera como "una oportunidad de reavivar nosotros la gracia de la unidad y de la evangelización".
Según explica Mons. Sarlinga "el objetivo del Año Paulino es profundizador y evangelizador, esto es, además de ser tiempo propicio para dar a conocer más y mejor la persona, ser, obra y acción del "Apóstol de las Gentes", lo es sobre todo para invitar a todos los creyentes en Cristo y a los hombres de buena voluntad a profundizar en el inspirado paulino mensaje de vida en Cristo, el mensaje de Salvación. Lo es para dejarnos hacer por Dios y su gracia, para producir una eclosión de fe, esperanza y caridad (sin olvidar la dimensión social de ésta, la solidaridad), en un mundo que tanto necesita de estas virtudes".
Así mismo es una ocasión propicia "para que reflexionemos en la relación esencial entre justicia y caridad, virtudes inseparables", pues no existe caridad sin justicia. Por tanto, recuerda el Obispo que este año de gracia 2008-2009 consistirá ante todo en un ponerse en la vía de «Jesús-Camino», siendo así "una ocasión privilegiada para la pastoral" para todos los agentes de la misma sacerdotes, religiosos o laicos, "con el fin de profundizar en el pensamiento de San Pablo y en la obra de la gracia en él" y "promover la lectura espiritual y los estudios acerca de las Cartas, paulinas", la cuales ayudarán a confirmar en la fe, crecer en el testimonio de vida de 'hijos de la luz' y afianzar la pertenencia a la Iglesia'. "Ello nos afianzará, al mismo tiempo – continua el Obispo en su Carta Pastoral - en nuestra misión como evangelizadores y en nuestro empeño por un ecumenismo verdadero y por un fructífero diálogo interreligioso, en la Justicia y en la Paz, en apertura amorosa al Espíritu del Señor".
A continuación presenta el Obispo el ser, pensamiento y acción de san Pablo destacando ante todo como su éxito en el apostolado "dependió sobre todo de un empeño personal en anunciar el Evangelio con total y valiente dedicación a Cristo, sin reparar en dificultades y peligros".
Y destaca así mismo su intima relación con Pedro, "la 'piedra' sobre la cual el Señor quiso edificar su Iglesia".

Concluye la Carta Pastoral señalando las principales celebraciones y actividades de la diócesis durante este Año Jubilar así como las iglesias y los días en que se podrá lucrar las indulgencias concedidas por el Santo Padre para el Año Paulino. El Obispo abrirá el Año Paulino el 28 de junio por la tarde en la única iglesia de la diócesis (creada en 2007) que tiene el 'título de los Apóstoles': la parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en la ciudad de Campana. La celebración de apertura se completará al día siguiente, el 29, con la consagración e inauguración de la nueva iglesia de peregrinos, dedicada a San José. Así mismo durante el año se realizaran diversos encuentros de oración, conferencias, actos, en algunos decanatos y el tradicional encuentro judeo-cristiano con las comunidades de las ciudades de Zárate y de Campana. Sin olvidar la misión joven que se realzará en Belén de Escobar en el mes de septiembre y estará especialmente impregnada del espíritu paulino. (RG)
(Agencia Fides 23/6/2008)

domingo, 15 de junio de 2008

AÑO PAULINO UNIVERSAL EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA

Carta Pastoral del Obispo Monseñor Oscar Sarlinga,

con motivo del AÑO PAULINO

I. PROCLAMACIÓN DEL AÑO PAULINO UNIVERSAL, EN LA VÍA DE «JESÚS-CAMINO»

El Santo Padre nos ha dado una gran alegría y una oportunidad de reavivar en nosotros la gracia de la unidad y de la evangelización. Así pues, en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, el 28 de junio de 2007, durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Benedicto XVI ha convocado a toda la Iglesia al Año Jubilar Paulino[1], el cual tendrá lugar desde el 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009, con motivo del bimilenario del nacimiento del Apóstol Pablo.

El nacimiento de Saulo, en efecto, que según los historiadores se sitúa entre el año 7 y el año 10 de nuestra era, marca un acontecimiento providencial en lo profundo eclesial, puesto que Pablo, una vez convertido a Jesucristo, se transformó en «Apóstol de las Naciones» y extensor de la Iglesia peregrina, llamada a testimoniar a Jesucristo ante todos los pueblos.

Porque, habiendo sido celante cumplidor de la Ley, según la interpretación que efectuaba, y creyendo de verdad actuar según los preceptos de aquélla, Saulo, el perseguidor, pidió licencias para ir en búsqueda de los discípulos de Cristo, en Damasco, con la finalidad de apresarlos (cf. Hech 9, 2). Pero el acontecimiento que irrumpió él no podía preverlo: era su nuevo nacimiento, el ser nuevo que se hacía presente.

En el camino, por la acción del Espíritu Santo, experimentó un decisivo encuentro con Cristo, quien lo convirtió en un Enviado para propagar Su Evangelio en medio de los paganos (cf. Hech 9,3ss). De hecho, la fiesta de la «conversión» de San Pablo nos habla de este «vaso de elección» escogido por Dios para serle "testigo ante todos los hombres" (Hech 22,15). Testigo con una visión y anhelo universal, como la Iglesia misma, «…necesaria para la Salvación»[2], la cual, desde el día de Pentecostés, ha manifestado la universalidad de su misión, que es, a la vez que asumiente de las insondables riquezas de la humanidad[3].

Por eso, hermanos y hermanas de esta diócesis, el objetivo del Año Paulino es profundizador y evangelizador, esto es, además de ser tiempo propicio para dar a conocer más y mejor la persona, ser, obra y acción del «Apóstol de las Gentes», lo es sobre todo para invitar a todos los creyentes en Cristo y a los hombres de buena voluntad a profundizar en el inspirado paulino mensaje de vida en Cristo, el mensaje de Salvación. Lo es para dejarnos hacer por Dios y su gracia, para producir una eclosión de fe, esperanza y caridad (sin olvidar la dimensión social de ésta, la solidaridad), en un mundo que tanto necesita de estas virtudes.

Este tiempo de gracia es ocasión propicia también para que reflexionemos en la relación esencial entre justicia y caridad, virtudes inseparables, tema al cual el Papa le ha dedicado una especial consideración en la segunda parte de su Encíclica «Deus Caritas est»[4]. No existe caridad sin justicia. Al mismo tiempo, el cristiano está llamado a buscar siempre la justicia, llevando dentro de sí el impulso superador que proviene del Armor, que supone la justicia y la trasciende. Reaprender a ser justos, a compartir, a crear condiciones de justicia y paz, implica abrir el corazón a Dios y a los hermanos. Que sea éste un tiempo en que podamos ver cómo la fe abre puertas extraordinarias al trabajo por un orden justo en la sociedad, a una «caridad social» rectamente entendida y aplicada, y en particular en lo referente a los fieles laicos, en la participación personal en la vida pública, cooperando con los demás ciudadanos[5].

De tal modo, el Año paulino proclamado por Benedicto XVI tiene mucho de aquella exhortación a la transformación en el Amor y a la «nueva imaginación de la caridad» a la que nos llamara Juan Pablo II en Novo Millenio ineunte, ese gran programa pastoral para el IIIer. Milenio..

Desde esta perspectiva, este año de gracia 2008-2009 viene a consistir para nosotros en un ponernos en la vía de «Jesús-Camino», con la significación, por ende, de ser ocasión privilegiada para la pastoral, para todos los agentes de ésta, sean los curas párrocos y sus colaboradores, los catequistas, religiosos y religiosas, laicos y laicas comprometidos, con el fin de profundizar en el pensamiento de San Pablo y en la obra de la gracia en él, de promover la lectura espiritual y los estudios acerca de las Cartas, paulinas, las cuales, en y desde el Espíritu, nos confirmarán en la fe, haciendo que podamos cada día crecer en el testimonio de vida de «hijos de la luz» (cf. Ef. 5,8), afianzándonos también en nuestra «cordial pertenencia a la Iglesia» (sabiendo que «cordial» proviene de «corazón», y apartando de nosotros toda dañosa división). Ello nos afianzará, al mismo tiempo, en nuestra misión como evangelizadores y en nuestro empeño por un ecumenismo verdadero y por un fructífero diálogo interreligioso, en la Justicia y en la Paz, en apertura amorosa al Espíritu del Señor.

Es ese mismo Espíritu el que " (…) nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos al misterio de salvación para que seamos hijos del Padre y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que todos tengan vida en Él" [6], como nos lo refiere el Documento de Aparecida. Parece como un resumen del apostolado de Pablo.

II. SER, PENSAMIENTO Y ACCIÓN DE SAN PABLO

La conciencia psicológica y moral de Pablo como Apóstol de Jesucristo es manifiesta en su pensamiento, tal como lo expresa en algunos de sus escritos (como por ejemplo en Rom 1,1). Dicha conciencia parte de un Llamado (como lo expresa en Rom 1,1: “siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación”) el cual selló su misma existencia, para anunciar el evangelio. Este anuncio manifestaba «la razón de su vida», pues no era otra cosa que la expresión de su total conversión a Jesucristo y su total reconocimiento de Él como Mesías y Señor. Es lo que podemos llamar el «Cristo-centramiento» de San Pablo, a partir de la centralidad de Cristo Señor, el Cual tomó su entera vida, al punto que así lo exclama en la carta a los Gálatas: "No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (2,20).

La conciencia psicológica y moral a la que nos referimos era tanto más clara cuanto que Pablo, elegido “para anunciar el evangelio de Dios”, no poseía una presencia significativa y, según parece, su palabra (pienso que en el sentido de elocuencia o retórica) era considerada «despreciable» para sus adversarios.

El Papa Benedicto no duda en afirmar que el éxito del apostolado paulino dependió sobre todo de un empeño personal en anunciar el Evangelio con total y valiente «dedicación» a Cristo, sin reparar en dificultades y peligros[7], a imagen de cómo era, por otro lado, la vida de los XII Apóstoles, quienes, «movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo»[8], en una predicación también riesgosa y en nada exenta de contradicciones de parte del ambiente. El servicio evangelizador de Pablo se caracteriza por la santa insistencia en la «conversión» («metánoia») exigida por la fe en Jesucristo, conversión que lleva a revestirse de Él y a caminar en la novedad de vida en el Espíritu (a la cual se refiere en el capítulo 8 de la Carta a los Romanos).

Pablo anunció con valentía («parresía»), y sin temor al rechazo o al desentendimiento, que es la Cruz de Jesucristo posee valor salvador y que es Su gloriosa resurrección la que nos da la «novedad» perpetua del cristianismo, la religión de una vida nueva, la del Amor (cf. Rom 6,4), ese Amor que derriba los muros del odio y de la división y hermana a los seres humanos, hechos «creaturas nuevas» (cf. Efes 2,14), liberados (Cf. Gal 5,1) e iluminados por Jesús (cf. Efes 5,8) en el Espíritu. Así, el Apóstol exhortaba a todos a no tener miedo en el cumplimiento del ministerio eclesial, basado en que el Señor no ha dado a sus discípulos un espíritu de «timidez» -y menos todavía de pusilanimidad- (Cf 2 Tim 1,7), y fundado en la convicción de que la gracia de Cristo siempre nos acompaña, incluso en medio de las fatigas y cansancios (Cf 1 Cor 15,10).

Si Cristo era la fuente de la vida de Pablo y de la acción apostólica que desenvolvía, por ello mismo él supo ver en la Iglesia el «Cuerpo de Cristo» (Cf. Ef 4,4) al que amó y sirvió con todo su ser. Pablo se dedicó a edificar la Iglesia, a fundar y consolidar las comunidades eclesiales que estaban a su cargo (Cf 1Tes 1,2ss). En la Iglesia, todos los miembros están unidos por la gracia del bautismo y animados por la fuerza del Espíritu Santo. Así, evangelizar y extender la Iglesia llevó lo esencial de la vida de Pablo, como exclama en la carta primera a los Corintios: "Ay de mí si no evangelizara" (1 Cor 9,16). Un evangelizar para nada reducido a un mero anuncio teórico sino centrado en el discipulado, en el conocimiento y vivencia de la Palabra de Dios (Cf. Mt 28,19-20). En esto, en su «pasión por la Iglesia», nunca cesó, incluso durante el aprisionamiento previo a su muerte (cuando estaba en custodia pública como delincuente común), habiendo proseguido en interesarse personalmente por la marcha de las iglesias y el apostolado (Cf 2 Tim 4,11). El Apóstol era Pastor de las Ovejas.

Por fin, al final de su vida en esta tierra, aproximadamente en el otoño del 66, como dijimos, nuevamente prisionero en Roma (Cf 2 Tim 4,9.21), sufrió una expeditiva condena condena capital de resultas de la cual fue decapitado, según la tradición, junto a Tre Fontane (Acquae Salviae), probablemente en el año 67. Combatió el buen combate, conservó y nos dejó la fe.

III. LA UNION DE PEDRO Y PABLO

A riesgo de alargar un poco estas páginas, deseo también atraer la atención de ustedes sobre la unión inseparable de la misión paulina respecto de la misión petrina. La misión de Pablo es indivisible de la misión de Pedro, la «piedra» sobre la cual el Señor quiso edificar su Iglesia. En este IIIer. Milenio que hemos iniciado, el mensaje de Pedro y Pablo es más actual que nunca. Ambos Apóstoles son inseparables en su ser y en su acción. Nuestros oídos siguen escuchando la voz de la invitación que Pedro, junto con su hermano Andrés y con los primeros discípulos, escuchó de Jescristo mismo: «rema mar adentro, y echen sus redes para pescar» (Lc 5, 4)[9]. Ha sido la invitación que en el la carta apostólica «Novo Millenio ineunte» nos dirigiera el Papa Juan Pablo II, como incentivo para el proyecto pastoral en el tercer Milenio de la era cristiana, tal como lo indicáramos más arriba.

Pedro, después de la pesca milagrosa, recibió el anuncio de su vocación y elección: se convertiría en «pescador de hombres» (Lc 5, 10). Pablo, que recibe su elección y misión camino a Damasco, nos pide hoy a todos nosotros el reavivar la gracia recibida, como lo hizo a su discípulo Timoteo, Obispo, a quien el «Apóstol de las Naciones» le solicita reavivar continuamente «la gracia recibida por la imposición de las manos» (cf. 2Tim 1,6). En uno y otro caso podemos ver cuánto es necesario reafirmar (con fe, con humildad, con valentía apostólica) nuestra pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Pero el éxito de este emprendimiento no depende de un esfuerzo voluntarista. Podremos hacerlo sólo si antes dejamos entrar la luz de la gracia y así reforzamos nuestra opción profunda de seguimiento a Jesucristo, el Señor, «ho Kýrios». Siguiendo la exhortación paulina, y «acordándonos de Jesucriso resucitado de entre los muertos», así viviremos y tendremos parte en el Reino, con Él (Cf 2Tim 2,8.11.12.).

Cual consecuencia vivencial de lo anterior, la unión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro, el Papa, la comunión orgánica como Iglesia, nos hará entrar de lleno en la corriente de gracia de la misión de Pedro y Pablo y traerá grandes frutos de evangelización y de promoción de la persona humana.

IV. LAS CELEBRACIONES Y ACTIVIDADES EN NUESTRA DIÓCESIS

Como sabemos, en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia universal.

Nuestra diócesis de Zárate-Campana fue creada 21 de Abril de 1976 por su Santidad Pablo VI (quien tomó ese nombre por el Apóstol de las Gentes), y abarca una vasta zona, densamente poblada, la cual por lo demás ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años. Como diócesis es «joven» (recordamos aún la celebración del XXXmo. aniversario, en 2006), geográficamente muy variada, y a la que todos nosotros hemos querido encaminar, en profundo consenso pastoral, en «estado de misión».

Como región, en cambio, tiene en su haber algunas de las circunscripciones parroquiales más antiguas de Buenos Aires, localizadas principalmente en el «decanato rural», tales como Santiago del Baradero –que, con 370 años, es la más antigua de la actual Provincia civil-, San Antonio de Areco y Exaltación de la Cruz. Las ciudades principales y más populosas, en cambio, pertenecen a los tiempos del proyecto-país de la Argentina de los ferrocarriles, del desarrollo industrial y portuario, y ha recibido en estos últimos tiempos una fuerte inmigración desde las provincias, y desde los vecinos países del Paraguay y Bolivia.

Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI, conservando la iglesia catedral de Santa Florentina en Campana, y la sede del Obispado en la misma ciudad, nos ha hecho el don de la Co-catedral de la Natividad del Señor, en Belén de Escobar (cuyo Templo cumple 100 años en este 2008). Es gracia y don para todos nosotros y halla sentido en el «estado de misión» diocesano y en el cordial empeño por una evangelización renovada.

El «estado de misión» tiene mucho, muchísimo, del espíritu paulino de la evangelización, vista como posibilidad de enriquecimiento no sólo para sus destinatarios sino también para quien la realiza, en esta diócesis nuestra y con frutos también para la Iglesia entera, pues «la misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en los diferentes sectores de la vida cristiana, […] conoce y expresa aún mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una continua renovación»[10].

Dentro de esta continua renovación, en y desde el Misterio de Cristo: ¿Cómo podríamos dejar de esperar, queridos hermanos y hermanas, que este Año Paulino, don y regalo del Santo Padre, sea un tiempo más que propicio para que nuestras comunidades, nuestros organismos eclesiales de comunión orgánica, confirmen su fe, en el Amor y en la esperanza que nos vienen del Señor Jesús?.

Por eso, quien les habla, como vuestro Obispo, va a realizar la «apertura de este Año Paulino» en la diócesis, con la celebración eucarística en fecha del 28 de junio, por la tarde, en la única circunscripción diocesana (creada en 2007) que tiene el «título de los Apóstoles»: la cuasi-parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en la ciudad de Campana. Tendremos allí las Fiestas Patronales, bendición de la nueva pila bautismal y confirmaciones de adultos. La celebración de apertura se completará al día siguiente, el 29, con la consagración e inauguración de la nueva iglesia de peregrinos, dedicada a San José, contigua al santuario de Schoenstatt, en Belén de Escobar.

Durante el año realizaremos nuestro encuentro judeo-cristiano con las comunidades de las ciudades de Zárate y de Campana, hermanos con los cuales ya se ha hecho una amistosa tradición el encontrarnos. Tendrá lugar en la recientemente inaugurada sala «Nuestra Señora de Guadalupe» de nuestro Obispado (el jueves 10 de julio, con el tema: «San Pablo y la ética de Occidente»). Asimismo mantendremos durante el año de San Pablo diversos encuentros de oración, conferencias, actos, en algunos decanatos.

Esto sin olvidar la «misión joven» que, esta vez especialmente impregnada del espíritu paulino, tendrá lugar en Belén de Escobar este año 2008, en el mes de septiembre.

Pido a todos los curas párrocos que, en unión con el Santo Padre Benedicto XVI y con su Obispo, abran solemnemente el año paulino sea el 28 de junio en la misa vespertina, o el 29 durante todo el día, en sus iglesias parroquiales. Puesto que la única entidad educativa perteneciente al Obispado que lleva el nombre de «San Pablo» es el colegio católico homónimo, en la ciudad de Zárate, el cual cuenta con una bellísima e insigne imagen del Apóstol, pintada artísticamente en tela y encuadrada, ésta será como una «imagen peregrina» que podrá ser trasladada, a pedido de los curas párrocos, a las distintas parroquias e iglesias designadas para ganar las indulgencias, a los fines de resaltar la figura del Apóstol y para que esté presente en los actos y encuentros mencionados.

Los lugares para lucrar las indulgencias que ha concedido el Santo Padre para este año de gracia, serán, en nuestra diócesis de Zárate-Campana, la iglesia catedral de Santa Florentina (Campana) y la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor (Belén de Escobar), junto con las iglesias matrices de los partidos de Baradero (Santiago Apóstol), San Antonio de Areco (San Antonio de Padua), Exaltación de la Cruz (Cristo Crucificado), Pilar (Nuestra Señora del Pilar), Zárate (Nuestra Señora del Carmen), como asimismo la sede cuasiparroquial de Nuestra Señora de Luján y los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (ciudad de Campana), la iglesia de la Inmaculada Concepción (de la localidad de Maq. Savio), la iglesia de Jesús Misericordioso (en Garín, partido de Escobar) y la iglesia de los peregrinos, dedicada a San José (en el partido de Escobar), perteneciente al Movimiento de Schoenstatt, que, como he dicho, consagraré el 29 de junio, en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Habiendo escuchado al consejo episcopal, he establecido también que, junto con la fecha de apertura del Año Paulino, y de su clausura (el 29 de junio de 2009), se podrá lucrar la indulgencia plenaria en dichas iglesias mencionadas, los días siguientes: el 18 de noviembre del corriente año (Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo en Roma), el 25 de enero de 2009 (Fiesta de la Conversión de San Pablo) y los días festivos de las celebraciones de las Fiestas Patronales de las iglesias arriba indicadas.

Tal como bien sabemos, gracias a la enseñanza de Pablo y a su apostolado, las primeras comunidades cristianas fueron creciendo en el Amor de Dios y en la conciencia del «ser Iglesia». Con los desafíos de la «Nueva Evangelización», el «Apóstol de las Gentes» nos interpela una vez más, hoy, a nosotros, hombres y mujeres de este tiempo y de este lugar: el centramiento de nuestra fe en Jesucristo, en el cual y por el cual somos lo que somos (Cf 1 Cor. 15,10) y el compromiso del condiscipulado evangelizador.

Ponemos en las manos de la Virgen Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina y Patrona de esta diócesis de Zárate-Campana todas nuestras buenas intenciones, nuestros propósitos pastorales y las actividades programadas para este Año Paulino.

Con afecto en Cristo y María, los bendice y pide la oración de ustedes,

+Oscar, Obispo de Zárate-Campana

13 de junio de 2008, Festividad de San Antonio de Padua



[1] Cf BENEDICTO XVI, Homilía del Santo Padre durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, en la Basílica papal de San Pablo Extramuros, Roma, 28 de junio de 2007.

[2] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen Gentium, n. 14; cf. Id. Decreto Ad gentes, n. 7; Id., Decreto Unitatis redintegratio, n. 3. La visión de la Iglesia necesaria para la salvación no es en modo alguno contraria a la voluntad salvífica de Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1 Tim 2, 4). Son verdades convergentes, razón por lo cual, «es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación» (JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio, n. 9: AAS 83 [1991], 258).

[3] Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica Slavorum Apostoli (2 de junio de 1985), n.18: AAS 77 (1985), 800.

[4] Cf BENEDICTO XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, nn. 26-29.

[5] Cf Ibid. n. 29.

[6] CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM), CONFERENCIA DE OBISPOS DE LATINOAMÉRICA Y DEL CARIBE, EN APARECIDA (Brasil), «Documento de Aparecida», 2007, n. 137.

[7] Cf BENEDICTO XVI, Homilía del Santo Padre durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, en la Basílica papal de San Pablo Extramuros, Roma, 28 de junio de 2007.

[8] JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de1990), n. 47: AAS 83 (1991), 293.

[9] Cf. JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo millenio ineunte (6 de enero de 2001, n. 1: AAS 93 (2001), 266.

[10] JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio, n.52: AAS 83 (1991), 3000.

domingo, 8 de junio de 2008

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN




HOMILÍA EN LA FESTIVIDAD
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

(con oportunidad de la elevación de la Natividad del Señor, de Belén de Escobar, al rango de Cocatedral de la diócesis)

Viernes 30 de mayo de 2008

Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, queridos hermanos y hermanas. Estamos muy contentos hoy por el don que nos ha hecho el Papa Benedicto XVI, de esta nueva cocatedral de la diócesis. Agradezco el saludo y la felicitación de las autoridades municipales, en especial del Sr. Intendente, y el regalo del escudo del partido, que me acaban de entregar en el Municipio. Al mismo tiempo, les expreso mi alegría y –por qué no- mi asombro ante la gran concurrencia de fieles, puesto que en el día de hoy daremos ejecución al decreto pontificio de elevación a concatedral, siendo que las celebraciones principales tendrán lugar en el mes de septiembre. Gracias al Señor, han sido tan numerosos los fieles laicos que quisieron compartir esta celebración que otros tantos hermanos y hermanas llenan el salón pastoral contiguo y siguen esta misa a través de una pantalla gigante.

Pido reciban mi agradecimiento los numerosos medios de comunicación locales y regionales presentes hoy presentes, y quienes transmiten esta celebración a través de los distintos canales de cable del país.

I
CONTEMPLEMOS AL NIÑO DIOS, QUE SERÁ EL HIJO CRUCIFICADO Y RESUCITADO

Son cristianos comprometidos de verdad quienes se alimentan del banquete pascual del Cuerpo y la Sangre del Redentor y, compartiendo plenamente el amor que palpita en su Corazón, se esfuerzan por ser cada vez más evangelizadores y testigos de solidaridad y esperanza.

Entonces, demos gracias todos a Dios, nuestro Padre, que nos ha revelado su amor en el Corazón de Cristo y nos ha consagrado con la unción del Espíritu Santo (1) , pues por ello estamos hoy aquí. En el escenario que nos presenta el magnífico retablo principal de esta iglesia vemos a Jesús de Nazaret, el Niño del pesebre de Belén, es el Verbo eterno de Dios que se ha encarnado por amor al hombre (cf. Jn 1, 14). Hoy también nosotros queremos experimentar el amor de Dios dirigiendo la mirada al Corazón de Jesucristo. Y refiriéndonos a dicha experiencia personal del Amor divino, quisiera recordarles algunas palabras del Papa Benedicto XVI al respecto, que se refieren al culto del Sagrado Corazón: “El significado más profundo de este culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no sólo al conocimiento sino también y sobre todo a la experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio (…) Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: la una hace referencia a la otra (2)” . Por ende, el culto al Corazón de Cristo nos hace ver más claro cómo este último es «sede universal de la comunión de Dios Padre (...), sede del Espíritu Santo» (3) .

A poco que reflexionemos sobre nuestras propias vidas, veremos cómo el Culto al Sagrado Corazón nos hace un bien inmenso. Pensemos también que el Concilio Vaticano II recomienda los actos de piedad del pueblo cristiano, especialmente cuando son hechos por recomendación de la Sede Apostólica (4) , y es el caso de la celebración que hoy festejamos con gran alegría, coincidentemente con el anuncio al clero y pueblo cristiano de la declaración de este templo como concatedral de nuestra Iglesia local.


II
EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y SU MISTERIO

El corazón no es sólo un órgano que condiciona la vitalidad biológica del hombre, sino que es, en sentido profundo y verdadero, un símbolo real que se refiere a toda la interioridad del ser humano y que por consiguiente habla de la interioridad espiritual del hombre. Esa "riqueza de Cristo" es, al mismo tiempo, el "designio eterno de salvación" de Dios que el Espíritu Santo dirige al "hombre interior", para que así "Cristo habite por la fe en nuestros corazones" (Ef 3, 16-17). Y cuando Cristo, con la fuerza del Espíritu, habite por la fe en nuestros corazones humanos, entonces estaremos en disposición "de comprender con nuestro espíritu humano" (es decir, precisamente con este "corazón") "cuál es la anchura, la largura, la altura y la profundidad, y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia..." (Ef 3, 18-19).

Acabamos de escuchar la Lectura del santo Evangelio según san Mateo (11, 25-30) que nos dice: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera". El yugo de Jesús se volcó a nosotros como bendición. Cómo olvidar cuando “(…) uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua" (Jn 19, 31-34).Pero, al mismo tiempo, esta apertura anatómica del corazón de Cristo, después de la muerte —a pesar de todo el «verismo» histórico del texto— nos induce a pensar en un sentido mucho más profundo: "Mirarán al que traspasaron" (Cfr. Jn 19, 37; cf Zac 12, 10).

Por todo esto, por este misterio tan profundo que nos revela la Palabra de Dios, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es para transmitir y consiste en «la adoración y en la reparación», dirigida a Cristo y fundada en el misterio de la Eucaristía, la cual consigue nuestra santificación y la glorificación de Dios, a la cual tienden todas las obras de la Iglesia como a su propio fin (5).

Santa Margarita María de Alacoque, nos transmitió, mediante una piadosa tradición, las promesas que Jesús hizo a quienes fueran devotos de su Sagrado Corazón:
* Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
* Les daré paz a sus familias.
* Las consolaré en todas sus penas.
* Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.
* Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
*Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
* Las almas tibias se volverán fervorosas.
* Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
* Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.
* Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
* Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.
* A continuación promete a quienes comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final, siendo el Corazón divino su refugio en aquél último momento.

Pienso que es bueno reconocer que a veces puede darnos cierto «pudor eclesiástico» el transmitir estas cosas de este modo, sobre todo ante cierta hipercrítica al respecto, pero en tanto son avaladas y autorizadas por la Iglesia no deben avergonzarnos, siguiendo el espíritu del texto del evangelio de Marcos 9, 38: "Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras (…) también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" ( Ver también Mt 10,33; Lc 12,9; 2 Tm 2, 12). Estas palabras muestran que el misterio del corazón, el cual se abre a través de las heridas del cuerpo de Jesús, proyecta en realidad el gran misterio de la piedad, a través del cual se abren las «entrañas de misericordia» de nuestro Dios (6).


III
EL CORAZÓN DE JESÚS NOS HACE INSTRUMENTOS DÓCILES DE SU JUSTICIA DIVINA Y DE SU AMOR

Lo primero es la contemplación, y por ello la mirada en el costado traspasado del Señor, del que salen «sangre y agua» (Cf. Jn 19, 34), nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de ahí proceden y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús. Porque la contemplación en la adoración del costado traspasado de la lanza nos sensibiliza ante la voluntad salvífica de Dios, haciéndonos capaces de confiar en su amor salvífico y misericordioso. En ese mismo acto, nos refuerza en el deseo de participar en su obra de salvación, convirtiéndonos en sus «instrumentos», mientras más dóciles al Espíritu, mejor. Un instrumento indócil ya no es un instrumento fiel.

La docilidad al Espíritu nos lleva a vivir la insigne caridad, que Cristo demostró en su pasión (7) , con su Corazón cual «hoguera ardiente de caridad, (...) símbolo e imagen expresiva del amor eterno con el que “Dios tanto amó el mundo que le dio su Hijo unigénito (Jn 3, 16)» (8). Por eso, para ser fieles discípulos, es necesario acercarnos a Él con corazón ardiente, para recibir el ardor «como de una brasa», a fin que ésta destruya en nosotros todo lo que nos aleja del Señor, e ilumine nuestros propios corazones. El ser así ardientes nos hace semejantes a Dios (9) , y esta verdad más profunda de nuestro ser nos hace procurar la justicia, virtud cardinal, y hacerla eclosionar en la virtud de la caridad, también en su dimensión social. Los invito a considerar cómo este testimonio fundamental, el de la caridad social, es un gran signo de los tiempos para el mundo de hoy, y también signo de credibilidad de nuestra vida eclesial. Está incluido como en un «todo-íntegro» en la misión y en la evangelización, de naturaleza, en sí, profundamente religiosa.


El «Compendio de la Doctrina social de la Iglesia», de hecho, nos dice que “La plena verdad sobre el hombre permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor: « Por sí sola, la justicia no basta. Más aún, puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor” (10). La caridad presupone a la justicia; si esta no existiera como base, no habría fundamento para la caridad; es por ello que se trata de una virtud cardinal. Pero la caridad la supera y la hace eclosionar, como dijimos, la hace potenciarse desde dentro. De aquí que la dimensión social de la caridad sea la solidaridad, hoy día considerada como camino privilegiado de la paz social. Retomando palabras de Juan Pablo II, si bien la paz es fruto de la justicia, «hoy se podría decir, con la misma exactitud y análoga fuerza de inspiración bíblica (cf. Is 32,17; St 32,17), Opus solidaritatis pax, la paz como fruto de la solidaridad »(11) .

Sería estupendo que hoy encontráramos la ocasión no sólo de meditarlo sino de dejar que el Espíritu obre esta convicción en nuestros corazones, para ser cada día más constructores de un humanismo cristiano, integral y solidario, más digno del hombre y más digno de Dios Creador y Redentor del hombre.

La Virgen María, a la que veneramos en el este templo como la Madre en la Natividad de su Hijo, Jesucristo, nos acompañe y guíe, y que la Estrella brille siempre sobre nosotros.


----
1. Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 10.
2. BENEDICTO XVI, Carta al reverendísimo padre Peter-Hans Kolvenbach, S.J., Prepósito general de la Compañía de Jesús, en el quincuagésimo aniversario de la encíclica «Haurietis aquas», Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2006.
3. JUAN PABLO II, Catequesis durante la audiencia general del miércoles 8 de junio de 1994, n. 2: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 10 de junio de 1994, p. 3.
4. CONC. VAT. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concililium, n. 13.
5. Cf CONC. VAT. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 10.
6. SAN BERNARDO, Sermo 61, 4; PL 183, 1072.
7. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Opusculum 57.
8. Pablo VI, Investigabiles divitias Christi, 5, en AAS 57 [1965] 268.
9. Cf. SAN JUAN DAMASCENO, De fide orthod., 4, 13: PG 94, 1150.
10. PONTIFICIO CONSEJO «IUSTITIA ET PAX», Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, n. 203.
11. Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 39: AAS 80 (1988) 568.

viernes, 30 de mayo de 2008

Cocatedral Natividad del Señor, Belén de Escobar

EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI ASIGNÓ EL RANGO DE IGLESIA COCATEDRAL»

DE LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA
A LA IGLESIA DE LA «NATIVIDAD DEL SEÑOR»
en BELÉN DE ESCOBAR

El Santo Padre Benedicto XVI ha designado «CoCatedral» de la diócesis de Zárate-Campana a la iglesia de la Natividad del Señor, de Belén de Escobar. Dicha iglesia pasa a ser, por ende, co-sede del Obispo diocesano. Las razones consideradas fueron substancialmente pastorales y concernientes a la atención religiosa de la circunscripción eclesiástica de Zárate-Campana, cuya jurisdicción comprende los partidos de Escobar, Campana, Zárate, Baradero, Pilar, Exaltación de la Cruz y San Antonio de Areco, y fue creada por el Papa Pablo VI en 1976, mediante la bula «Qui divini consilio».

El nuevo reconocimiento y nombramiento concatedralicio fue efectuado en nombre del Papa por la Congregación Vaticana para los Obispos (que es como el Dicasterio u Organismo de gobierno que se ocupa de los Obispos y las circunscripciones eclesiásticas), mediante decreto protocolado 176/2008 (con fecha del 12 de marzo), y esto en razón de las facultades especiales que a dicha Congregación son concedidas por el Sumo Pontífice Benedicto XVI. La concesión se produjo luego de contar con el voto favorable del Excelentísimo Monseñor Adriano Bernardini, Arzobispo titular de Faleri y Nuncio Apostólico en la Argentina.

El mismo decreto en nombre del Papa concede al Obispo diocesano, Mons. Oscar Sarlinga, las facultades de su ejecución (o puesta en práctica), esto es, de decidir acerca de la fecha de su publicación, el anuncio al clero y al pueblo cristiano, y asimismo el acto en el cual se dará por cumplido el encargo, para lo cual nuestro Obispo eligió el día viernes 30 del corriente mes de mayo, en la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, durante la Misa que presidirá en la nueva co-Catedral. Ese día se labrará y firmará el acta oficial.

En cambio, la solemnidad mayor será celebrada en el mes de septiembre, luego de la «misión joven» que piensa realizarse en la ciudad, y que precederá a la celebración de las fiestas patronales diocesanas en mayo del 2009, en la iglesia CoCatedral de la Natividad.

El título mencionado de parte del Vaticano, dispone que: “(…) el mencionado Templo de la «Natividad del Señor» en Belén de Escobar, sea honrado con el título y excelencia de Iglesia CoCatedral, con todos los derechos, honores, privilegios, y asimismo las cargas y obligaciones que son propios de este tipo de Iglesias”.

El Templo designado CoCatedral data de 1908 (cumple, por consiguiente, cien años), y es el más grande de la diócesis, con capacidad para cerca de 900 personas, con 60 metros de largo en la nave central. El interior, aunque necesitado de restauración (como por otra parte todo el templo) está ornado con imágenes y retablos franceses del siglo XIX. Cuenta con una amplia casa parroquial, y un amplios salones de usos pastorales, con gran capacidad tanto en la planta baja, y otro tanto en el piso superior.

En el ámbito de la nueva CoCatedral se realizan, de hecho, gran parte de los encuentros diocesanos, sea de jóvenes, de catequistas, de los distintos movimientos o asociaciones de fieles, u otros que fueren, tanto por la espaciosidad del lugar como también por la privilegiada ubicación geográfica de Belén de Escobar y su fácil acceso por Autopista Panamericana.

En honor a la memoria cívico-religiosa al agradecimiento debido, en el año centenario del Templo, no puede dejar de mencionarse a quien diera origen a Belén de Escobar, Doña Eugenia Tapia de Cruz, considerada su Fundadora, y cuyos restos reposan en la iglesia conCatedral.

Su profunda fe católica fue inspiradora del nombre elegido para la nueva población, pues era devota del Niño Jesús, razón por la cual la primera capilla fue puesta bajo la advocación del« Niño Dios nacido en Belén». Este nombre, además, se originó en la orden religiosa de los Padres Bethlemitas, quienes tenían a su cargo el Real Hospital de Nuestra Señora de Belén, que existió en la región hasta 1779. En 1838, al morir su esposo, don José Antonio Cruz, Doña Eugenia toma a su cargo las tierras y la estancia y, en 1864, compra a sus hijos los derechos sobre la propiedad heredada. Dueña exclusiva del predio, lo hace mensurar, posteriormente, y lo divide en 80 manzanas, fundando, así, el pueblo de Belén, en el lugar conocido anteriormente como "Valle de Santiago" o "Cañada" o "Isla de Escobar". Para ser destinadas a la futura iglesia y casa parroquial, plaza y edificios públicos, donó dos manzanas y, más adelante, la primera capilla de madera, que fue bendecida el 25 de diciembre de 1887. Doña Eugenia Tapia de Cruz falleció el 15 de agosto de 1888.

SIGNIFICADO DE LA «COCATEDRAL» O «CONCATEDRAL»

Ambos términos en castellano son equivalentes y, manifiestamente, significan que la conCatedral es el Templo o edificio religioso con el mismo rango de iglesia Catedral que comparte la sede episcopal con otro templo Catedralicio.

La «iglesia Catedral» primera o principal lo es por razones históricas, o por haber sido la primera que se dio a la diócesis, como es el caso de la iglesia de Santa Florentina, en Campana, que sigue siendo la iglesia principal adjudicada al Obispo. La conCatedral es una concesión en nombre del mismo Santo Padre, hecha por la Santa Sede, y posee todos los derechos y privilegios de las iglesias Catedrales, los cuales tienen un profundo sentido pastoral, en especial en el orden de la liturgia, la catequesis y la caridad activa y operante de la Iglesia católica.

La ubicación de la Catedral (y de la ConCatedral) debe ser central en la diócesis, de modo que sea importante el número de personas que diariamente la visiten, con la conciencia de la capitalidad de este templo entre los restantes lugares de culto de la diócesis, que hagan de ella un lugar privilegiado para convertirla en un "centro de acogida y de perdón" para todo el pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos y laicos.

La mayoría de ellas (las conCatedrales) están en Europa, especialmente en España (como las de Santa María, de Cáceres, o las de Gualadajara, Logroño, Castellón, la de San Pedro de Soria y la de Alicante) y en algunas otras naciones de ese Continente (como en Polonia, Francia, Malta, Eslovaquia y Bulgaria), pero también han sido asignadas esas sedes en América Latina, tales como la de Sao Pedro dos Clérigos, en Recife, Brasil, junto con otras en el mismo país, y una en Venezuela. Otras conCatedrales son las de Saint Antoine de Padoue, en Longueuil, Canadá, y la del Patriacado Latino de Jerusalén (Tierra Santa).


TEMAS BÁSICOS SOBRE LA IGLESIA CATEDRAL, QUE SON APLICADOS A LA «COCATEDRAL»

La Iglesia Catedral es el principal templo de la Diócesis y el mas importante, no por razones edilicias sino porque es la cátedra del Obispo, y por ello constituye es el signo de unidad de la Iglesia Particular o Local, donde se cumple el sagrado Ministerio Episcopal del Obispo. Por ello, en cierto modo, es la madre de todas las iglesias de la Diócesis y el centro capital de la vida litúrgica diocesana .

La Catedral y CoCatedral es también signo del magisterio y de la potestad del Pastor de la Diócesis, donde se manifiesta la santificación de las personas, y se da culto y gloria a Dios. Así se refiere el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, en el n. 155, respecto de la iglesia Catedral, lo cual también se aplica a la CoCatedral:. “Entre los templos de la diócesis, el lugar más importante corresponde a la iglesia Catedral, que es signo de unidad de la Iglesia particular, lugar donde acontece el momento más alto de la vida de la diócesis y se cumple también el acto más excelso y sagrado del munus sanctificandi del Obispo, que implica juntamente, como la misma liturgia que él preside, la santificación de las personas y el culto y la gloria de Dios. La Catedral es también signo del magisterio y de la potestad del Pastor de la diócesis. El Obispo ha de proveer para que las celebraciones litúrgicas de la Catedral se desarrollen con el decoro, el respeto de las rúbricas y el fervor comunitario que son apropiados a aquella que es madre de las iglesias de la diócesis” .

Según la legislación canónica vigente, la iglesia Catedral debe ser dedicada con rito solemne y el aniversario de dicha dedicación se conmemora festivamente en todas las demás iglesias de la diócesis. También el altar de la conCatedral ha de ser de piedra, y ha de contar con cátedra episcopal destacada.

LA CELEBRACIÓN EN LA CATEDRAL Y EN LA COCATEDRAL

El Concilio Vaticano II puso las bases necesarias para una reforma litúrgica auténtica. Es importante cultivar sus frutos positivos y corregir los abusos que se hayan introducido en la práctica litúrgicaLa fe viva, que reconoce la presencia del Señor, constituye la primera condición para una celebración bella que culmine con el Amén para gloria de Dios. Estas indicaciones deben también brillar en las celebraciones eucarísticas de la Catedral. Con este fin, se invita a que en la Catedral (y en la conCatedral) se fomente, de modo ejemplar, una «espiritualidad eucarística» que culmina en la celebración de la Misa pero incluye también la adoración del Santísimo Sacramento fuera de la Misa, las bendiciones eucarísticas, las procesiones con el Santísimo Sacramento (en especial el Corpus Christi), y otras sanas manifestaciones de la piedad popular. Esta espiritualidad será sin duda de lo más fecundo para sostener la vida cotidiana y reforzar nuestro testimonio. Lo mismo dígase de la atención al sacramento de la penitencia, para lo cual en la Catedral y conCatedral debe haber siempre confesores suficientes.

ALGUNAS REFERENCIAS SOBRE LA CATEDRAL
(Y EQUIPARABLES EN LA COCATEDRAL)
EN EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO

El Derecho eclesiástico es muy claro respecto a la dedicación de las iglesias Catedrales (y conCatedrales). Dice así: "Dedíquense con rito solemne las iglesias, sobre todo, las Catedrales y parroquiales" (c. 1237). Lo mismo dice del Altar, que preside el templo y constituye el punto central de la vida que en él acontece: la Sagrada Eucaristía, fuente y cumbre de la Sagrada Liturgia. Dice, también, el Código de Derecho Canónico: "Se deben dedicar los altares fijos, y dedicar o bendecir los móviles, según los ritos litúrgicos" (c. 1237).

Respecto de la celebración presidida por el Obispo, dice el canon 389.
“Presida frecuentemente la celebración de la santísima Eucaristía en la Catedral o en otra Iglesia de su diócesis, sobre todo en las fiestas de precepto y en otras solemnidades”.

El canon 1178 hace referencia a las exequias del Obispo.
“Las exequias del Obispo diocesano se celebrarán en su iglesia Catedral, a no ser que hubiera elegido otra”.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Solemnidad del Corpus Christi en nuestra diócesis

Las festividades de la solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor tuvieron sus celebraciones en la ciudad de Zárate, donde la Misa y la procesión con el Santísimo por las calles de la ciudad fueron presididas por el Obispo, Mons. Oscar Sarlinga, y en Campana, donde fueron presididas por el vicario general, Mons. Edgardo Galuppo. En Zárate se congregó una muchedumbre de fieles, entre los cuales muchas familias, jóvenes y alumnos de colegios, y lo mismo en la ciudad de Campana.

En Zárate, la Misa fue concelebrada por Mons. Ariel Pérez, Cura párroco, Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general, Mons. Marcelo Monteagudo, los padres salesianos y los padres Eduardo Mussato, Eduardo Carrozo y Mauricio Aracena. Se encontraban presentes las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta (que tienen su casa de caridad en las afueras de la ciudad, en la ribera del Paraná) y que precisamente ese día cumplían los 30 años de fundación allí.

Durante la procesión se hicieron capillas estacionales en las cuales fueron leídas meditaciones hechas por miembros del consejo pastoral sobre la base del Documento de Aparecida. La bendición solemne final tuvo lugar en el atrio de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, iglesia matriz de Zárate, luego de lo cual el Obispo agradeció afectuosamente la presencia de todos, especialmente el trabajo de los sacerdotes, consagrados, laicos comprometidos y las delegaciones de los colegios.

A continuación la homilía del Sr. Obispo...

HOMILÍA DE MONS. OSCAR SARLINGA
EN LA SOLEMNIDAD DEL «CORPUS CHRISTI» EN LA CIUDAD DE ZÁRATE

Sábado 24 de mayo de 2008

Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, hermanos y hermanas en el Señor, que tan numerosos han acudido, desde las parroquias y capillas de la ciudad de Zárate, para esta misa del Cuerpo y Sangre del Señor, y la subsiguiente procesión por las calles de la ciudad.

Me alegra sobremanera el que la intención de reactualizar y promover la festividad del «Corpus Christi», haya provenido del Decanato, y que sean justamente las dos ciudades que dan nombre a la diócesis, tanto Zárate como Campana las que hayan comenzado a hacer realidad este anhelo, que también habíamos conversado en 2006 y 2007 con el presbiterio y el consejo pastoral. Para nada es un signo «triunfal» (sería degradante de nuestra parte el buscar triunfalismo alguno, lo cual en el fondo constituiría un modo camuflado de degradar lo sagrado) sino, sí, un signo «presencial» (y por consiguiente desprovisto tanto de «sentimiento de supremacía o predominio» como de «complejo de inferioridad»; vaya de paso la consideración acerca de que este último generalmente es el efecto –y no tanto el contrario- de los dos precedentes).

Signo presencial, es cierto, que para dar más fruto debiera ser también explicado convenientemente en la catequesis, en las misiones populares y en la nueva evangelización en general, pues se trata (junto con Pentecostés) como de la «Fiesta Patronal» de la Iglesia Católica, la Presencia real, activa y operante de Aquél que «habitó entre nosotros», como dice el Evangelio (Jn. 1, 14).

Por eso, junto con el Obispo, con los sacerdotes y consagrados, este pueblo aquí presente quiere dar a la ciudad, en especial a los católicos alejados, o que quizá no se han sentido lo suficientemente confortados por nuestro testimonio cristiano, su mensaje presencial de fe y de caridad. Así, unida a la intención cultual y litúrgica, nuestro propósito se hace pastoral y evangelizador; y nos concede el consuelo, que viene del Espíritu, de encontrarnos como hermanos, saludarlos a Ustedes como fieles de Cristo e hijos en Él, así como darnos mutuamente la ocasión de conocernos mejor, para lo cual no menor es la posibilidad que nos brinda la participación de tantos jóvenes y niños de los colegios.

I
EL SACRAMENTO DE LA CRISTIANA CO-UNIÓN Y CO-MISIÓN

«Comunión» significa también, podemos decir, «co-unión» y «co-misión», en lo cual se encuentra la fuerza de transformación que posee el cristianismo. Por eso el efecto supremo del sacramento de la Eucaristía es llamado «comunión», que es el «cumplimiento acabado de nuestra vida espiritual» (1): es la fuerza de transformación de todas las cosas, en Cristo.

En este sentido, el Papa Benedicto XVI ha subrayado en la celebración del Corpus de este año cómo en la expresión paulina «todos ustedes son uno en Jesucristo» reside la verdad y la fuerza de la transformación cristiana de todas las cosas: “(…) la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta en torno a la Eucaristía”.

“Aquí se reúnen ante la presencia del Señor personas de distintas edades, sexos, condiciones sociales, ideas políticas. La Eucaristía no puede ser nunca un ámbito privado, reservado a personas que se ha elegido en función de la afinidad o la amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo” (2).


Por eso, hermanos y hermanas, luego de la Misa, cumpliendo con esta opción de renovar en la ciudad la procesión del Corpus, hemos tenido la intención de honrar la presencia del «Peregrino Celestial», Jesucristo, al que muchos no conocen, o no han oído de Él, o no se han sentido atraídos por su Palabra y por su Amor, tal vez porque nosotros (que somos su Cuerpo viviente, como Iglesia) no se lo hemos mostrado de modo diáfano con nuestro culto y nuestro testimonio de vida, en parte por la pereza respecto del evangelizar, o por creer que no hace falta la evangelización explícita (que incluye como en un «todo-íntegro») la promoción humana integral). O quizá también porque divisiones y enfrentamientos (que generalmente emergen a partir de nimiedades y las llamadas «cuestiones de piel», o pequeños-grandes rencores, pero que después empeoran) han opacado en algo, o en mucho, la unidad visible de nuestra realidad eclesial.

Es verdad que el recorrido de la procesión es simbólico respecto de una ciudad tan grande, pero en el corazón de fe queremos llevar a Jesús verdaderamente presente, a cada hogar, a cada barrio, para que no caiga en nuestra falta, como fue el caso de las palabras que constan en el Evangelio: “En medio de ustedes está Uno al que Ustedes no conocen” (Jn. 1, 26).

Aquí es el mismo Jesucristo quien se da a conocer, y nos enseña, en el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, que Él es el Pan vivo bajado del Cielo, no como el que comieron los padres del pueblo elegido en el desierto, y que luego murieron, sino el Pan para la Vida Eterna. Porque el pueblo que huía desde Egipto hacia la Tierra Prometida fue sometido a la prueba y a la tentación de desesperar, pero Dios Providente les envió el maná.

Jesús nos enseña que ese maná venía del Cielo, pero este Pan Nuevo, en cambio, es Él que se da a sí mismo en la Eucaristía, ese sacramento que instituyó en la última Cena, y que constituye el sacramento de la comunión cristiana, el sacramento que hace la unidad de la Iglesia en el Amor. Es el sacramento-principio de vida, idéntico para toros, el mismo Jesucristo que se ofrece a cada uno como el Pan vivo bajado del Cielo, y que hace de los comensales a esa Mesa una sola cosa, un solo cuerpo, unido en el Amor (Cf. 1 Cor. 10, 17).

La solemnidad del «Corpus Christi» nos impulsa a reconocer a Cristo vivo y presente en medio de vosotros; y a reflexionar, si prestamos atención, en cuánto la vida cotidiana y diaria del pueblo, ayudada por el buen ejemplo y el testimonio de los cristianos de veras («aquellos que con simplicidad de fe saben captar las místicas irradiaciones del divino Hermano»), pueda ser como «magnetizada, iluminada, confortada, y, por la gracia, santificada».

II
EUCARISTÍA VIVIDA

Atendiendo a esta última razón expuesta, no queda otra cosa más cierta y sucinta que decir que la Eucaristía es causa maravillosa de la unificación de los creyentes, con Jesucristo y entre ellos. Así lo afirma San León Magno: “No a otra cosa (…) tiende nuestra participación al cuerpo y a la sangre de Cristo, sino a transformarnos en aquello que asumimos” (4).

Transformación, en Cristo. Es la meta. Sería vano nuestro culto si quedara encerrado en un intimismo o en el recinto del templo material. ¡Cómo podría quedar así opacado el efecto de la Eucaristía!. Al culto debido (Cf. 1 Cor. 2, 30-31), como lógica y esencial consecuencia se le debe la «Eucaristía vivida» del Amor cristiano, en todos los órdenes, también en el sentido de nuestra conciencia social (en todos los niveles, también en la relación familiar y vecinal), de la «caridad social» e incluso «caridad política», como la llama la Doctrina social de la Iglesia. No podemos olvidarlo, so pena de caer en la condición de «masa internamente dividida» pues, como justamente lo afirmaba el Papa Pablo VI, “(…) si olvidáramos que la Eucaristía está destinada a nuestra relación humana, junto con nuestra cristiana santificación; está instituida para que lleguemos a ser hermanos; es presidida por el Sacerdote, ministro de la comunidad cristiana, para que, desde el estado de extraños, dispersos e indiferentes los unos a los otros, lleguemos a ser hermanos, iguales y amigos; y ha sido dada a nosotros para que, desde el estado de masa apática, egoísta, o gente dividida o adversaria entre sí, lleguemos a ser un pueblo, un verdadero pueblo, creyente y amoroso, de un solo corazón y una sola alma”(5) .

De tal modo, la Eucaristía celebrada lleva al pueblo cristiano al sentido de una profunda solidaridad, a infundir el carisma de una real y mística unidad, que es la celebración del Sacrificio Eucarístico, el cual, al ser también Banquete (Sacrificio y Banquete van unidos; sólo una mentalidad escindida podría separarlos), produce el efecto de vivir como con un solo corazón y una sola alma (Cf. Hch. 4, 32). ¿Tenemos la suficiente conciencia de esta realidad de fe?. ¿Tenemos el propósito –también los sacerdotes- de poner toda nuestra colaboración para hacer realidad visible tangible, esta realidad de fe?. Será un tema importante para el desafío evangelizador y la «conversión pastoral» a la que proféticamente nos llama el Documento de Aparecida.


III
LA EUCARISTÍA PARA LA CONSTRUCCIÓN EFECTIVA
DE LA «CIVILIZACIÓN DEL AMOR»

A no dudar, entonces, esta comunión de fe, de caridad, de vida sobrenatural, que deriva del Sacramento que la significa y la produce, puede tener un enorme y benéfico reflejo sobre la sociabilidad temporal de los seres humanos; porque hay un sentido primordial y trascendente, hay una Fuerza (con mayúscula) que lo solo humano no puede alcanzar: “A la «Ciudad terrestre» le falta ese suplemento de fe y de amor, que en sí no puede hallar; y que la «Ciudad religiosa» en ella existente, esto es, la Iglesia, puede en no pequeña medida conferirle, sin ofender en nada la autonomía de la«Ciudad terrestre»; inclusive, la justa laicidad puede también conferírsela, por tácita ósmosis de ejemplo y de virtud espiritual!” (6). Son las bases de la ansiada construcción de la «Civilización del Amor». ¿Cuánto más puede aguantar el mundo sin esta reconstrucción?.

Sabemos como el tema y el problema social tiene relevancia hoy, como ayer, en nuestro tiempo y en nuestro país. Sabemos como las ideologías, las políticas, las culturas, las organizaciones tienen como base lo social, y cuánto esto es importante. Ahora bien, ¿nos preocupamos en evangelizar, incluso desde una sana laicidad, lo social?. Los cohermanos nuestros de este tiempo trabajan, se fatigan, sueñan y sufren, para crear la «Ciudad terrestre», como la hemos llamado, y sabemos todos como en este esfuerzo se logran, sí, progresos, muchas veces dignos de admiración, pero también sabemos que hay obstáculos y contrariedades, que derivan en divisiones, luchas continuas e internismos debilitadores, porque en el fondo falta un único y trascendente principio unificador de la sociedad humana, falta la suficiente energía moral para dar a ella la cohesión libre y consciente y al mismo tiempo sólida y feliz; falta no pocas veces el deponer egoísmos o mutuos avasallamientos. Y, en el fondo, incluso en los«creyentes», no pocas veces falta fe. Señor, creemos, pero aumenta nuestra fe… Esta fe no queremos imponérsela a nadie. Hay libertad, y es bueno que así sea. Sobre todo, la libertad religiosa, es el centro de los demás derechos humanos (como la llamaba Juan Pablo II: «quicio de los derechos humanos»).


Queremos repetir, sí, en esta «Fiesta patronal de la Iglesia católica», o mejor todavía, queremos reactualizar en nuestro corazón y en nuestros labios, la triple exclamación del santo Obispo y Doctor de la Iglesia, San Agustín, refiriéndose a la Eucaristía: “¡Sacramento de piedad!; ¡Sacramento de unidad!; ¡Vínculo de caridad!”(7) . Y esto lo haremos con el acompañamiento de la Madre de Jesús Eucarístico, la siempre Virgen María, que nos llevará de la mano en nuestro peregrinar. Ella nos protege y sana muchas de nuestras heridas interiores, con las manos llenas de ese Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Espíritu de consuelo y de clemencia, de sanación y paz, que mucha falta nos hace, y que hoy, especialmente, suplicamos al Señor.


+Oscar D. Sarlinga


-------
1. Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.Theol., III, q. 73, 3.
2. BENEDICTO XVI, Homilía en la Misa del Corpus Domini, Roma, 22 de mayo de 2008.
3. Cf. PABLO VI, Homilía en la Solemnidad del Corpus Domini, Roma, 17 de junio de 1965. El Papa exhortaba allí a descubrir “(…) la presencia silenciosa, misteriosa y amorosa del Señor: «Habitavit in nobis», habitó entre nosotros, dice el Evangelio (Jn. 1, 14). (…). También aquí Él tiene su morada, inquilino, habitante urbano, como cuantos aquí tienen su vivienda; vuestro compañero, vuestro colega, vuestro huésped, vuestro amigo, que comparte vuestra vida, tácita, escondidamente; pero no interesado por otra cosa que por vuestra vida espiritual; deseoso de ninguna otra cosa que de vuestra conversación, de vuestra comunión con Él. Para que no se diga, aún, como en el Evangelio: "En medio de vosotros está Uno al que no conocéis" (Jn. 1, 26), es que celebramos aquí este culto (…). Reconoced a Cristo vivo y presente en medio de vosotros; y pensad, como la vida cotidiana, profana, pueda ser como magnetizada, iluminada, confortada, santificada por aquellos que con simplicidad de fe saben captar las místicas irradiaciones del divino Hermano”).
4. SAN LEÓN MAGNO, Sermo 63, 7; P.L. 54, 357.
5. Cf. PABLO VI, Homilía en la Solemnidad del Corpus Domini, Roma, 17 de junio de 1965.
6. PABLO VI, Homilía en la Solemnidad del Corpus Domini, Roma, 17 de junio de 1965.
7. SAN AGUSTÍN, In Io. Tract. 26, 13; P.L. 35, 1613.