lunes, 26 de enero de 2009

Mensaje de Monseñor Oscar Sarlinga con motivo de la Festividad de la Conversión del Apóstol San Pablo

Queridos hermanos:
La conversión de San Pablo, acontecimiento de fe y de amor fundamental para la Iglesia, adquiere una relevancia muy especial para nosotros en este Año Paulino que ha convocado S.S. Benedicto XVI. Él renueva en nosotros la vida que nos da el Señor Resucitado, vida que nos impulsa a evangelizar y transmitir ese Amor transformador del mundo. Creo que podemos entender con este tenor las palabras que nos dejó el Papa en su homilía de Aparecida: “El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10)”(1).

En mi carta pastoral con motivo de la Apertura del Año Paulino mencionaba nuestra opción por el estado permanente de misión en la diócesis, y también la dimensión misionera de toda la pastoral(2), las cuales, gracias a Dios, continúan con vigor. Ello implica la permanente conversión del corazón y el «dejarnos iluminar por Dios», como lo hizo Saulo, iluminado por la «Luz de Luz», Jesucristo. En efecto, Saulo había asumido un papel muy activo en la lucha contra los cristianos, como dice la Escritura: “Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel” (Hech 8,3). Pero irrumpe un «hecho nuevo», una «Infinita Novedad», cuando la Luz del Señor transformó su corazón: "Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de súbito le cercó una luz fulgurante venida del cielo, y cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer. Y los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada veía. Y llevándole de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió" (Hech 9, 3-9).

A partir de allí, nace el Apóstol, que soportó cada sufrimiento con la «primera alegría» de haber sido iluminado por el Señor. Así nosotros, como diócesis, les pido, sigamos creciendo en el «abandono confiado en Dios», en la acción constante y creciente en pos de cumplir sus mandatos, y en la alegría que caracteriza al cristiano (cf. Sal 73 [72], 23-28). En esto se encuentra la raíz y el quicio de toda la historia de salvación, es decir, el amor de Dios por la humanidad y el mandamiento del amor al prójimo, síntesis de toda la Ley y de los Profetas (cf. Mt 7,12). ¿Será para nosotros el Año Paulino la ocasión privilegiada de comprenderlo y asumirlo con humildad y espíritu de fe?. Porque el espíritu de fe nos lleva a la «comunión de espíritu», en el decir de san Pablo, la cual, cuando sucede en la Gracia «colma la alegría» (Cf Flp 2, 1-2).

El «abandono confiado» no ha de hacernos perder de vista la finalidad de toda lucha justa, que es la victoria, y la victoria para nosotros es la realización de ese Amor que todo lo puede, que todo lo transforma, en nuestra vida nueva. Lejos de la desventuranza de quien vive luchando pero sin vencer («Desventurados los que», dice san Agustín, «con mayor gusto se dedican a luchar que a vencer, siendo la victoria el fin de la lucha»(3), queremos una «vida nueva» que nos distinga como cristianos, una victoria en la Cruz Pascual.

Los escritos de los Apóstoles, y en particular las Cartas de San Pablo, están llenos de textos sobre este tema: "El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2 Cor 5, 17). El fruto de la redención realizada por Cristo es precisamente esta "novedad de vida" (Cf Col 3, 9-10). "El hombre viejo" es "el hombre del pecado". "El ser humano nuevo" es el que gracias a Cristo encuentra de nuevo en sí la original "imagen y semejanza" de su Creador. Por esto también, como Iglesia misionera, y en la «conversión pastoral» que nos propone el Documento de Aparecida, hemos de procurar hacer carne la enérgica exhortación del Apóstol para superar todo lo que en cada uno de nosotros es pecado y resquicio del pecado: "Desechen también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. No se mientan los unos a los otros..." (Col 3, 8-9), y también, "Despójense, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias, a renovar el espíritu de vuestra mente, y a revestirse del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad".

Los exhorto a ustedes como a hermanos y hermanas muy queridos (y procuro asumirlo yo mismo con todas mis fuerzas) a esa «conversión pastoral» a la que somos llamados: “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”(4), para poner en obra el elemento más importante de todo proyecto pastoral, al que se refería Juan Pablo II en «Novo Millenio ineunte», para que “ (…) el único programa del Evangelio siga introduciéndose en cada comunidad eclesial”(5).



+Oscar D. Sarlinga
24 de enero de 2009
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1. BENEDICTO XVI; Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 de mayo de 2007.
2. http://www.aica.org/index2.php?pag=sarlinga080613
3. SAN AGUSTÍN, De vera religione 53, 102.

4. CONSEJO EPISCOPAL DE AMÉRICA LATINA (CELAM), Conferencia de Aparecida, n. 370.

5. JUAN PABLO II, Carta Apost. Novo Millenio ineunte, 1º2.

sábado, 24 de enero de 2009

FESTIVIDAD DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

El Sr. Obispo Mons. Oscar Sarlinga ha concedido que se celebre en todas las misas vespertinas del sábado y las del domingo correspondientes al 3er. domingo durante el año, la festividad de la “Conversión de San Pablo”, con sus textos litúrgicos propios, y con las indulgencias anexas, a ganar en todas las iglesias parroquiales y capillas de la jurisdicción eclesiástica de Zárate-Campana, conforme al Decreto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, que sigue:

La congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos emitió un decreto que permite el día 25 de enero la celebración de una Misa con el formulario y las lecturas de la CONVERSIÓN DE SAN PABLO en lugar de la correspondiente al 3º Domingo del tiempo “durante el año” (Prot. N. 268/08/L)

A tenor de la IGMR n. 374, el Obispo diocesano puede extender esta concesión a todas las Misas de ese día y, por tanto, puede conceder la celebración de la Liturgia de las Horas según el formulario de la fiesta del Apóstol.

A su vez, según la Peninteciaría Apostólica, en este día se pueden lucrar las Indulgencias ya sea por uno, ya sea por un fiel difunto. En todas aquellos lugares en donde el Obispo diocesano a dado ese privilegio a los lugares santos. Rezando una oración por el Santo Padre, la oración del Padrenuestro y la recitación del Credo, habiendo asistido a misa y recibiendo el sacramento de la Reconciliación.

miércoles, 7 de enero de 2009

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

El martes 6 de enero, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Obispo diocesano, Mons. Oscar Sarlinga, celebró la misa vespertina en Campana.

En su homilía, el Obispo destacó la significación de la «Epifanía», “palabra que a nuestros oídos ya quizá no diga tanto –dijo- pero que es riquísima de sentido, porque se trata de la «manifestación», del «darse a conocer» del Rey-Mesías, a los Reyes de pueblos paganos, sí, pero Reyes Sabios, quienes, siguiendo el trazado de la luciente Estrella, acudieron a adorar a Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, nuestro Redentor y Salvador, el cual «se hace manifiesto» a todos los pueblos, a todas las naciones, porque la Salvación ofrecida es para todos”.
Luego de recordar las lindas tradiciones que vivimos cuando niños, las de la vigilia de los Reyes Magos, cuando esperábamos su visita en nuestros hogares, acotó que “estos Reyes Sabios, quizá por conocimiento de antiguas profecías, o su versación en ciencias –sin descartar las de los astros- esperaban que la Estrella los condujera al Nuevo Rey; también Herodes consultó a los letrados y Doctores de la Ley, quienes señalaron Belén como la cuna del Mesías”.
Los Reyes Magos, añadió Mons. Sarlinga, “se pusieron presurosos en camino, y consultaron al Rey Herodes, el cual, lleno de envidia por reducir el mesianismo de Jesús a una amenaza contra el poder herodiano, se llenó de furor, el cual ocasionó después la masacre de los Inocentes. Pero, como las personas rectas e inocentes no son tontas –ésta es una lamentable confusión que suele darse-, una vez que adoraron al Mesías, al que encontraron junto a Su Madre, y San José, y le ofrecieron sus dones (oro, incienso y mirra) los Reyes retomaron otro camino y no volvieron donde Herodes, lleno éste de malas intenciones para con el Niño Rey. Cambiaron enteramente de camino, una vez que encontraron a Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida”. A este respecto, el Obispo citó luego dos párrafos pertenecientes al P. Raniero Cantalamessa respecto del «cambio de camino» de los Reyes Magos:
“Y vayamos finalmente con los protagonistas de esta festividad, los Magos. Ellos no enseñan con las palabras, sino con los hechos; no con lo que dicen, sino con lo que hacen. No titubearon, se pusieron en camino; dejaron la seguridad del propio ambiente, de moverse con gente conocida que les reverenciaba. Actuaron consecuentemente, sin vacilación. Si se hubieran puesto a calcular uno a uno los peligros, las incógnitas del viaje, habrían perdido la determinación inicial y se habrían enredado en consideraciones vanas y estériles. Una última indicación preciosa nos llega de los Magos. «Avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino». Cuando se ha encontrado a Cristo, ya no se puede volver por el mismo camino. Al cambiar la vida, cambia la vía. El encuentro con Cristo debe determinar un hito, un cambio de costumbres”(1)
De tal modo, dijo Mons. Sarlinga, “el verdadero encuentro con Jesús es determinante, es un encuentro que nos hace re-nacer cada día (eso significa un cambio interior de costumbres), y nos hace permanentemente encaminarnos en su Vida, su Camino de Amor, que nos da fuerzas para luchar cada día, con las armas de la paz, por el bien y la verdad, que nos hace buscar la justicia, vivir el amor en serio, hacer el bien, tener el coraje de vivir de verdad los valores evangélicos, en la familia, en la comunidad, tener compasión para con quienes más lo necesitan, construir siempre, reconstruir incluso, dar vida y ser siempre para los otros causa de bendición. Eso es encontrarnos con Jesús, el Camino”.
Concluida su homilía, el Obispo exhortó a la feligresía a la generosidad en la Colecta por África, recordando cómo ese continente tan sufriente en sus pueblos que quieren levantarse y crecer, necesita de la ayuda de todos nosotros, “pueblos con cristiandades vigorosas” –dijo- “donde la fe católica quiere expandirse en paz y libertad, pero en medio de grandes dificultades, las del subdesarrollo, la indiferencia, cuando no la persecución”.



(1) RANIERO CANTALAMESSA, Comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. –predicador de la Casa Pontificia– en la solemnidad de Epifanía, 4 de enero de 2008.

lunes, 29 de diciembre de 2008

FIESTAS PATRONALES DE LA SAGRADA FAMILIA EN «LOS CARDALES»

El sábado 28 de diciembre, la comunidad católica de Los Cardales (parroquia de la Sagrada Familia) se congregó en el templo parroquial para celebrar sus Fiestas Patronales, precisamente, en la festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

Presidió la Santa Misa el Sr. Obispo, Mons. Oscar Sarlinga, con la concelebración de Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general, el Pbro. Claudio Caruso, cura párroco, así como con la participación del diácono permanente del lugar, Ricardo Reggio.

La localidad de Los Cardales, perteneciente al partido de Exaltación de la Cruz, se halla localizada en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, a 70 kilómetros de la Capital Federal por la Ruta Nº 9 o Panamericana. El pueblo de Los Cardales nació en el año 1902 como una estación del Ferrocarril Central Argentino, habiendo recibido su nombre de una estancia aledaña perteneciente a la familia Keegan, llamada «The Thistle», lo cual significa “El Cardo”. Tras el loteo de la estancia y la compra de tierras por parte de las familias Fleurentdidier, Lorenzoni, La Trille-Sirex y Castro, la población del lugar comienza a aumentar, instalándose así los primeros comercios, para abrirse más tarde una escuela y mejorando los servicios y caminos.

En 1957 (en tiempos en que la diócesis de Zárate-Campana aún no había sido creada, y estos territorios pertenecían a la diócesis de San Isidro), se inauguró la entonces Capilla de la Sagrada Familia, en lo cual tuvieron mucho que ver las familias fundadoras. En efecto, allá por 1920 llega don Víctor Bottazzini a los pagos de Los Cardales en busca de adquirir un campito. Era éste un deseo que tenía muy incorporado dado su gran amor por la naturaleza que siempre lo atrajo desde muy chico. Hijo de inmigrantes italianos nace en Buenos Aires en 1888, realiza sus estudios en el Colegio San Carlos y posteriormente se dedica a la actividad industrial en el rubro textil.

Hoy en día Los Cardales sigue manteniendo su aire de pueblo, siendo un destino muy elegido para la práctica de turismo rural, donde no es raro ver globos aerostáticos surcando el cielo.

El domingo 14 de diciembre se festejó el 106º Aniversario de Los Cardales, con el siguiente programa: 9.45: Izamiento de la Bandera Nacional, a cargo de autoridades y vecinos en la Plaza del Ferrocarril Mitre de Los Cardales. 10.30 Celebración de la Santa Misa en la Parroquia Sagrada Familia. 12: Traslado de autoridades y vecinos al palco oficial. Entonación de las estrofas del Himno Nacional Argentino. Palabras de las autoridades. Desfile de escuelas, instituciones y centros tradicionalistas. 20.30 Presentación de bandas locales. 22:00. Cierre con Fuegos artificiales.


LA MISIÓN JUVENIL

A inicios de 2008, un grupo misionero de la parroquia San José Obrero, de Mercedes, llevó a cabo una “Misión Joven” en el radio parroquial de la Sagrada Familia, de Los Cardales. Allí, el sábado 12 de enero se celebró la misa de clausura, que estuvo presidida por el obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, y a la que asistió una gran cantidad de fieles.

Concelebraron el entonces cura párroco de San José Obrero, presbítero Pablo Castelnovo (actual cura párroco de Villa Rosa); el delegado para las misiones, Mons. Marcelo Monteagudo; el administrador parroquial de San José Obrero (de Mercedes), presbítero Federico Lagoa; y el presbítero Sebastián Terráneo -de la arquidiócesis de Mercedes-Luján- quien acompañó a los jóvenes en la misión.

“Más bienaventurado es dar que recibir” fue el lema de la misión a la que el párroco convocó siguiendo los ejes pastorales de la diócesis para el trienio 2006-2009. Esta “Misión Joven” se inserta en el espíritu misionero que quiere dársele a la diócesis y que ya tuvo su expresión en 2006 con la misión en Maquinista Savio y la celebración en esa localidad de las fiestas patronales diocesanas. También los jóvenes del Movimiento Santa María de la Estrella junto con un grupo juvenil de la catedral condujeron una misión el año pasado en la ciudad de Campana; y la “Misión Joven” de diciembre de 2007, organizada por la Pastoral Juvenil diocesana, se llevó a cabo en Baradero.

Entre otros temas, el obispo hizo alusión en la homilía al bautismo del Señor. Lo llamó “el gran signo testimonial del Padre acerca de la divinidad de Jesucristo y su filiación, pues lo llamó su Hijo, a quién Él engendró”.

Monseñor Sarlinga se refirió además a la necesidad urgente de revitalizar la evangelización y la misión en la diócesis, especialmente desde el despertar de la conciencia cristiana, la del laicado, y de la misión de los sacerdotes, que son necesarios y escasos “pues la mies es mucha y los obreros son pocos”.

Al término de la misa se rezó la “Oración por el Papa y la misión de la Iglesia Católica” que el obispo compuso con motivo del aniversario de la consagración de la catedral el año pasado.

La parroquia de Los Cardales es un caso único en cuanto a su territorio se refiere. Desde la Panamericana hasta casi el inicio del casco urbano pertenece al partido de Campana; dicho casco urbano es parte del partido de Exaltación de la Cruz y una pequeña parte de la parroquia incursiona en el partido de Pilar. La población de la zona va en aumento y se están afincando nuevas familias, muchas provenientes de Capital Federal y del Gran Buenos Aires.
CONFIRMACIONES

El 21 de noviembre tuvo lugar la celebración de las confirmaciones en Los Cardales, con carácter multitudinario. En efecto, como fruto del estado de misión de la diócesis, se vivió un renovado Pentecostés en la celebración de las confirmaciones de la parroquia de la Sagrada Familia, de Los Cardales (jurisdicción parroquial enclavada entre los partidos de Campana, Exaltación de la Cruz y una pequeña parte de Pilar), durante la cual recibieron el Don del Espíritu Santo 163 jóvenes y adultos.

De entre ellos, 71 pertenecen al Colegio parroquial y los 92 confirmados restantes, entre jóvenes y adultos, a distintos sectores de la Parroquia, tanto del centro (el ejido urbano tiene unos 13.000 habitantes) así como de las Comunidades de Etchegoyen, Escuela Lemme, Barrio Sakura y Río Luján.

Ubicado un gran palco en un amplio predio del Municipio, cálculos de la policía local arrojaron entre 1400 y 1500 personas los presentes, esto es, más del 10% de la población del ejido, en una parroquia que en total posee unos 20.000 habitantes, contando las nuevas urbanizaciones en el sector del partido de Campana.

El lema de la celebración fue “SERÁN MIS TESTIGOS”, que el Obispo tuvo muy presente en su homilía, la cual centró en la fuerza del Espíritu Santo, y lo que significa frente a las debilidades humanas, ubicando entre estas últimas el desamor, el desafecto, el desánimo y la falta de un proyecto de vida. Frente a esto, así como a ciertos flagelos, dijo Monseñor, más que quejarnos de la oscuridad o las tinieblas que tantas veces nos rodean, estamos llamados a ser testigos de la esperanza que no defrauda, y a encender una luz, con el tesoro de la Fe, y una Fe que se haga vida, y que ilumine a los demás.

Dada la cantidad de jóvenes y adultos a confirmar, el Sr. Obispo asoció al cura párroco, Pbro. Claudio Caruso a la crismación, y luego de agradecerle, así como al diácono permanente Ricardo Reggio, a los catequistas y a todos quienes habían colaborado con la celebración, al término de la ceremonia hubo varias fotos de grupos y nuestro Obispo permaneció un tiempo saludando a los fieles, junto con el cura párroco.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

CARTA PASTORAL DE MONS. OSCAR SARLINGA

«SEÑOR JESÚS, HAZNOS NACER DE NUEVO EN TU NAVIDAD;
AYÚDANOS A COMBATIR EL EGOÍSMO Y LA POBREZA EN TODAS SUS DIMENSIONES»

Queridos hermanos y hermanas,


Hijos e hijas de esta diócesis de Zárate Campana

En este último Domingo de Adviento, ya a las puertas de la cercanísima Navidad del Señor, les dirijo estas líneas que tienen como fin la meditación, el saludo, la bendición y los sinceros deseos de paz. «Nacer de nuevo»; imposible para el ser humano con sus solas fuerzas. «Nacer de nuevo»; porque nada es imposible para Dios.

«Déjame nacer de nuevo, Señor…» será un deseo profundo para este tiempo de Navidad que se avecina, y para el nuevo Año que llega a rapidísimo paso. Renacer a una vida renovada por la fe, en el Santo Espíritu, que nos ayude a ser para los demás una fuente de bendición… y a vivir nuestra vida de cada día con espíritu de renovación psíquica, física, espiritual, religiosa, moral, en todas sus dimensiones, tanto personal como comunitaria y social, y por supuesto, eclesial. Fue por la fe que Jesucristo vio en él que Simón se convirtió en «Kefa», Roca, porque, por revelación del Padre y apertura del corazón a dicha revelación, él profesó su fe en la divinidad de Jesucristo, quien lo hizo «Piedra» fundamental. «Sobre esta piedra –glosa San Agustín— edificaré la fe que has profesado. Sobre el hecho de que has dicho: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, edificaré mi Iglesia»(1)

Ojalá, lo digo de corazón, el tiempo santo de Adviento haya implicado para nosotros, cristianos, católicos, un sano cuestionamiento acerca del sentido de la existencia y de nuestra vida cristiana, en especial acerca de la real significación de la persona de Jesucristo en nuestras vidas (2). Los exhorto a ver cada uno en su conciencia cuánto ha incidido esa pregunta existencial y espiritual, cuestión fundamental… y a pedir a Jesús, Mediador entre Dios y los hombres: «déjame renacer en tu Amor».
I
NACER DE NUEVO ES VIVIR UNA VIDA PLENA

La vida plena se da por medio de la obra del Espíritu Santo, es decir, en sentido bíblico, del «cambio de corazón», de la «conversión», la cual encamina la vida hacia Jesucristo y por consiguiente hacia el Bien y el Amor. En esto radica el núcleo de la primera predicación apostólica, el primer «kerygma»(3) , siendo el anuncio del Señorío de Jesucristo la conclusión explícita de su Misión, para cuyo cumplimiento se había humillado y obedeció: «Cristo Jesús… se despojó de sí mismo… obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó… para que toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor» (Flp 2, 6-11). La aceptación de este Mensaje encuentra un tiempo más que propicio en Navidad, pero para esto hay que abrir la mente y el espíritu, el corazón, a sus profundas exigencias humanas y espirituales. De lo contrario será una mera «festividad» (quizá llena de luces de colores, sí) pero festividad de un calendario secularizado, sin implicancias en nuestro ser concreto.

Por cierto, que, en primer lugar, «renacimiento» es el bautismo; lo es por excelencia, y su texto clásico lo encontramos en Juan 3:1-8 (4) . Pero las «obras de la carne» y la «mente carnal» (que significan el pecado que hay en el ser humano, y no «la carne en el sentido de cómo Dios nos creó») nos hacen, de uno u otro modo, morir, triste situación que significa incapacitarnos para hacer el bien y ser felices (5). Es la condición del «hombre viejo», que tiene la oportunidad de «renacer» (6).

Para ello, el anuncio de salvación, «corazón del Evangelio» necesita entrar «de nuevo», «renacer» en los seres humanos de hoy, llenos de «materiales» tantas veces ajenos al gozo evangélico. Evocando unas hermosas y concretas palabras del Papa Pablo VI, podríamos decir nosotros también que “(…) es preciso volver a despertar en el corazón de papel, de hierro y de cemento del hombre moderno el pálpito de la simpatía humana, del afecto simple, puro y generoso, de la poesía de las cosas sencillas y vivientes, del amor (….) ¿Quieren que Navidad sea buena de verdad?. Dénle su auténtico valor espiritual y reconózcanle su profunda exigencia humana. Háganla piadosa, afectuosa” (7). ¿Cómo podríamos dejar de ver aquí la necesidad de la acción del Espíritu Santo, para dicha revalorización espiritual?. Si el árbol se reconoce por su fruto, reconoceremos también la acción del Espíritu por sus frutos, como dice San Pablo: “Mas el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23); estos frutos mueven a las virtudes que florecen en aquellos en quienes se cumple el proceso del «nuevo nacimiento». Por obra de la gracia y de nuestra cooperación humana, nos volvemos entonces justos, comprensivos, generosos, tolerantes, proclives al perdón («perdonar es divino», porque es Don de Dios para quien de verdad cree) y aprendemos así a amar al prójimo como a nosotros mismos, encontrando gozo y no tedio en las cosas espirituales (Cf. Colosenses 3:1).

Porque un vicio que acrecienta la pobreza y las estructuras de pecado (que la procrean o favorecen) es el materialismo, el cual daña al ser humano (no menos que el espiritualismo) y lo hace creerse «totalmente independiente» de la acción de Dios, creando en el corazón una especie de «atrofia espiritual». No pequeño es lo que tiene que expresar al respecto la reciente crisis financiera mundial. Ojalá nos ayude a realizar un discernimiento profundo del camino de nuestra civilización actual. Aunque a algunos pueda resultar irrelevante “(…) por eso es importante que –el hombre actual- abra la propia mente y el propio corazón a la Navidad de Cristo, acontecimiento de salvación capaz de imprimir renovada esperanza a la existencia de todo ser humano” (8).
II
COMBATIR LA POBREZA EN TODAS SUS DIMENSIONES

Existe la «pobreza» en sentido evangélico que es virtud; tiene que ver con el «tanto cuanto» de San Ignacio de Loyola. Implica interioridad y desprendimiento, generosidad y entrega, austeridad y sencillez de corazón; caridad transformadora y caridad social, solidaridad constructora. Desde esta perspectiva, la pobreza como cualidad evangélica proviene de la humildad, y en ese aspecto es lección primera y fundamental del Hijo de Dios que se hizo hombre. Esta pobreza es una «medicina» de la cual tenemos mucha necesidad en el mundo de hoy, incluso quienes la proclamamos como virtud (9).
En cambio, la pobreza como «carencia que nos hace vivir estructuras indignas y sub-humanas» (esta última expresión la utilizó el Papa Juan Pablo II en su primera visita al Brasil, en 1980), no sólo no constituye virtud alguna sino que proviene del egoísmo y de la insolidaridad, y primeramente proviene de la injusticia. No genera bien alguno sino dolor (cuando no encono), apesadumbramiento, y tantas veces violencia. Sólo el amor de Dios (y nuestra colaboración efectiva con él, también a través de la creación de estructuras justas), capaz de hermanar a los hombres de toda raza y cultura podrá hacer que desaparezcan las dolorosas divisiones, los contrastes ideológicos, que derivan tantas veces en violencia, las desigualdades económicas y toda clase de situaciones sub-humanas que no condicen con la dignidad con la que el Señor nos creó y redimió. Es el cometido de la «civilización del Amor» y de la «promoción humana integral», la cual, por ser «integral», hay que decirlo, no podría amputar al ser humano de su dimensión trascendente y espiritual.

La Justicia («que mira desde el Cielo»)(10) engendra paz y genera alegría, buena colaboración, disposición de todos para construir, mancomunidad de valores trascendentes. La discordia (dis-cordia; corazones enfrentados), desgraciadamente tan presente en el mundo de hoy, tiene, en cambio, como punto lanzamiento la división que provoca la envidia; su punto final es el acercamiento a sus propios intereses y excluyentes puntos de vista, ambas cosas causadas por causado por la vanagloria.

La discordia –dice Santo Tomás de Aquino- es más hija de la vanagloria que de la envidia, aunque puede proceder de ambas(11) . Nada insignificante es el daño que hace la «vanagloria» en el corazón humano: parece que la palabra se refiere a una «pequeña vanidad» (al estilo de «vanity fair») pero, porque encierra al ser humano en sí mismo y en la búsqueda de su propia gloria, nada escatima para lograr ese poder, aún si hiere y lacera, sea el cuerpo social, no menos que el eclesial (en su humana complexión).

Por ello, con esta visión de transformación de nuestros ambientes según el Amor de Cristo y según los valores trascendentes y plenificantes, queremos que la Navidad del Señor sea para nosotros, más que una fecha marcada en rojo en el calendario, un «signo perenne de la construcción de la civilización del Amor», razón por la cual, como decía Pablo VI, “(…) la Iglesia hace bien en celebrar a cada ciclo solar, no sólo la memoria lejana del singular e inefable acontecimiento, la Venida del Verbo viviente (…) sino que hace bien en revocar su adquirida actualidad: la tierra es desde entonces, patria de Cristo, del Hijo de Dios que se hizo hombre, y que (…) permanece siempre entre nosotros, mediante nuestra infatigable búsqueda, nuestra indefectible espera escatológica, humilde pero realmente, como en el pesebre, se quedó con nosotros y a través de nosotros (…) cuando prometió: «He aquí que Yo estoy con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28, 20)”(12).


Pongamos manos a la obra, entonces, a partir de este «renacimiento de Navidad», a eliminar toda forma de egoísmo, de explotación, de marginalización, promoviendo la Justicia y la Paz, como nos lo pide nuestro Santo Padre BENEDICTO XVI en su Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, recordando que hemos de combatir la pobreza con las armas de la Justicia y de la Paz, sin eliminar la obra de Dios de nuestra vida, de nuestra cultura, y de nuestra moral, pues, como dice el mismo Papa “(…) Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera ecología humana, se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza (…)” (13).


III
CONFIANZA EN LA INTERCESIÓN DE MARÍA NUESTRA MADRE, Y BENDICIÓN

Jesús, Único Mediador, nos ha salvado. La Santísima Virgen, unida íntimamente a Cristo intercede y media por nosotros. Ella es venerada en estas tierras como «Nuestra Señora de Luján» (Patrona de la Argentina y de esta diócesis de Zárate-Campana); Ella hará que nuestra tierra dé «frutos de Paz y Amor, y de justicia social» si se lo pedimos con Fe, y si ponemos manos a la obra, efectivamente y no como pura expresión de deseos (lo cual podría manifestar, sí, un acto de «espiritualismo», contrario a la Ley de la Encarnación y sus efectos).

El Papa San Gregorio Magno se refiere así respecto de la Virgen: “A María se la llama con razón “monte lleno de frutos”, porque de ella ha nacido un fruto óptimo, es decir, un hombre nuevo. Y el profeta, contemplando su hermosura y la gloria de su fecundidad, exclama: “Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz” (Is 11, 1). David, exultando por el fruto de este monte, dice a Dios: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. (…) La tierra ha dado su fruto”. Sí, la tierra ha dado su fruto, porque aquel que la Virgen engendró no lo concibió por obra de hombre, sino porque el Espíritu Santo la cubrió con su sombra. Por eso, el Señor dice al rey y profeta David: “Pondré sobre tu trono al fruto de tus entrañas” (Sal 131, 11). Por eso, Isaías afirma: “Y el fruto de la tierra será sublime” (Is 4, 2). En efecto, aquel que la Virgen engendró no fue solamente “un hombre santo”, sino también “Dios fuerte” (Is 9, 5)”(14) . Roguemos la intercesión de la Virgen Madre de la Iglesia por nosotros, por nuestras familias, por nuestra Patria, por nuestros gobernantes, por el mundo entero, en especial por quienes hoy en el mundo sufren hambre, miserias, estrecheces, lacerante dolor, violencia e inseguridad.

Mañana, lunes 22 tendremos la Santa Misa en la Basílica de Luján, los Obispos de la Argentina, en agradecimiento a Juan Pablo II y a la Santa Sede por los XXX años de la mediación que evitó la fratricida guerra con la hermana República de Chile. Asistirá a ella la Sra. Presidenta de la República, y numerosos gobernantes. Pidamos al Señor y a la Virgen la Paz, la prosperidad de la Argentina, la felicidad como Pueblo que está de pie y camina, la Justicia que anhelamos. Y dispongámonos todos a seguir «poniendo el hombro» y poner, cada uno en su vocación y elección «manos a la obra» en ésta, que es la construcción social de todos. Que prosigan los esfuerzos por una Argentina en Justicia, equidad, paz social.

Tal como reza la placa marmórea, a la entrada de la Basílica, que recuerda la visita de Juan Pablo II en 1982 (cuando el Papa no quiso dejarnos solos, en tristes circunstancias de guerra de Malvinas), hoy queremos exclamar: “No nos dejes, Madre…”.

En este Año Paulino Jubilar, en profunda comunión con el Santo Padre y con toda la Iglesia, pido sobre ustedes y sus familias, siguiendo el primer capítulo de la carta de san Pablo a los Efesios (3-10), del género de las «berakot» judías, que «el Dios Salvador» los bendiga, los guarde, los proteja, consuele y fortalezca.

Domingo 21 de Diciembre, 2008

¡FELICIDADES Y BENDICIONES PARA EL NUEVO AÑO 2009!

Con mi afecto pastoral,

+Oscar D. Sarlinga
Obispo de Zárate-Campana

[1] SAN AGUSTÍN, Sermón 295,1 (PL 38,1349).

[2] Cf. R. CANTALAMESSA, OFM, Primera predicación que, como preparación a la Navidad, pronunció en la mañana del viernes de la I semana de Adviento, ante el Santo Padre y sus colaboradores de la Curia, Ciudad del Vaticano, viernes, 2 diciembre 2005 (“El Adviento debe ser también el tiempo de las grandes preguntas que requieren una respuesta personal. ¿Quién es Jesús realmente para mí? Es la misma pregunta que Jesús dirigió a sus apóstoles. (Mt 16,15)”).

[3] El bautismo del agua es una demostración pública del proceso interior que el Espíritu Santo ya inició. Después de Pentecostés, los apóstoles recorren el mundo aclamando que «¡Jesús es el Señor!» y yendo a la vez al corazón mismo del Evangelio, proclamando «Jesús murió – Jesús resucitó»: murió «por nuestros pecados», resucitó «para nuestra justificación» (Cf. 1 Cor 15,4; Rm 4,25). Cf. también Hch 2,22-36; 3,14-19; 10,39-42.

[4] El bautismo fue el sentido más natural de la palabra «agua» en la mente de Nicodemo, y más de acuerdo con el contexto inmediato en Juan 3:5 cuando Cristo dijo, «en verdad te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.» El lavamiento es el bautismo que es obedecido por la enseñanza de la Palabra. Tito 3:5 declara, «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.» Ananías, por su parte, le dijo a Saulo en Hechos 10:22, «Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre

[5] En esta triste situación, el ser humano está como se comprende, totalmente incapacitado para hacer el bien. “Por tanto, la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; y los que viven según la carne no puede agradar a Dios” (Romanos 8:7-8).

[6]Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con el, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).

[7] PABLO VI, Santa Messa Natalizia, Ciudad del Vaticano, Viernes 25 de diciembre de 1964.

[8] BENEDICTO XVI, Mensaje de Navidad, Ciudad del Vaticano, domingo, 25 diciembre de 2005). Es el mensaje de Navidad que pronunció el Santo Padre Benedicto XVI a mediodía antes de impartir la bendición «Urbi et Orbi».

[9] Cf. SAN AGUSTÍN, Sermo de Trin. 8, 5, 7; P.L. 42, 952.

[10] Cf Salmo 85. Nada escapa de la mirada de Dios, quien ve todas nuestras acciones según su Justicia y su Amor.

[11] SANTO TOMÁS DE AQUINO, S.Th., II-IIae (Secunda Secundae), q. 37, art. 2, 2.

[12] PABLO VI, Messaggio Urbi et Orbi, Solennità del Natale del Signore, Giovedì, 25 dicembre 1975.

[13] BENEDICTO XVI, Mensaje de Su Santidad para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, «Combatir la pobreza, construir la paz», 1ro. de enero de 2009, Ciudad del Vaticano, Ed. Vaticana, n.2, p. 5. La expresión «ecología humana», según la cita el Papa Benedicto, proviene de Juan Pablo II, en la Carta enc. Centesimus agnus, n. 38.

[14] SAN GREGORIO MAGNO, Exposición sobre el primer libro de los Reyes, en: Testi mariani del primo millennio, III, Roma 1990, p. 625).

martes, 23 de diciembre de 2008

VISITA A LA CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ (Barrio Dallera, Campana) y PESEBRE VIVIENTE en la Sociedad de Fomento Barrial.

El día sábado por la tarde Mons. Oscar Sarlinga visitó la capilla de Nuestra Señora de la Paz, del Barrio Dallera, de Campana, junto con el cura párroco de la iglesia catedral, Pbro. Hugo Lovatto y el diácono Lucas Martínez. Esa comunidad y capilla, fundadas por Mons. Fabris, antiguo cura párroco de la catedral, es muy viviente y activa, con un grupo importante de niños de catequesis de iniciación.

El Obispo celebró la misa, luego de lo cual concurrió a la Sociedad de Fomento, donde una gran cantidad de fieles estaban presentes para asistir al pesebre viviente, que fue animado con textos bíblicos, música y danza, con sentido evangélico y profesionalidad, y maravilló a los presentes. La locución estuvo a cargo del Sr. Sergio Pandiani. También estuvieron presentes el Secretario y el segundo representante del Sindicato de Petroleros, que colaboraron con el audio de la presentación, y donaron a la iglesia catedral un equipo audiovisivo (pantalla gigante y cañón de proyecciones), el cual fue estrenado con dicha ocasión.

Al término de la actuación, se entrevistó a cada uno de los participantes, los cuales expresaron buenos augurios navideños, y también Mons. Sarlinga dirigió unas palabras. La comunidad presente concluyó las celebraciones con un ágape fraterno, en las mismas instalaciones de la Sociedad de Fomento, de la cual participaron también el Obispo, el cura párroco y el diácono.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Últimas tandas de Confirmaciones en la Diócesis Zárate-Campana

El 6 de diciembre ppdo. pasado, en la ciudad de Garín (partido de Escobar), recibieron el sacramento de la confirmacion, 380 niños y adultos. Como se dijo, las celebraciones se realizaron en dos tandas. En fecha del 6/12 asistió nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga, habiéndose conferido el sacramento de plenitud de la iniciación cristiana en las del Colegio Cristo Rey. Ya el 29 de noviembre había asistido Mons. Marcelo Monteagudo a Garín, oportunidad en que fueron confirmados 200 niños.
El 6 de diciembre acudieron niños, jóvenes y adultos de las distintas capillas, para las confirmaciones administradas por el Obispo, todos ellos procedentes de la parroquia de Santa Teresa de Jesús (Garín-centro). Las capillas y centros pastorales participantes fueron: Ntra.Sra.de Lourdes, Sagrado Corazón, San José y Madre Admirable. El cura párroco, P. Francisco Miguel d.j, miembro de la comunidad Discípulos de Jesús y de San Juan Bautista, agradeció la presencia del Sr. Obispo, su prédica y sus palabras de aliento, y también a las Hnas. Cristo Rey, por ceder el establecimiento para la ocasión.
El sábado 13 de diciembre el Sr. Obispo administró el sacramento de la confirmación a un gran número de jóvenes y adultos en la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, de los PP. Rogacionistas, en la ciudad de Campana. Junto al cura párroco, P. Wilson, se encontraba presente el P. Mario Barenzano, ex cura párroco y actualmente con esa misión en la ciudad de Córdoba.