lunes, 6 de abril de 2009

DOMINGO DE RAMOS EN LA IGLESIA CATEDRAL DE SANTA FLORENTINA

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Una gran cantidad de fieles se congregó en la iglesia catedral de Santa Florentina para la celebración principal del Domingo de Ramos, que tuvo lugar el domingo 5, a las 10 y fue presidida por el Sr. Obispo, Mons. Oscar Sarlinga, con la concelebración del cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, y de Mons. Santiago Herrera, pro-vicario general y Rector del Seminario “San Pedro y San Pablo”. La misa fue radiodifundida por la FM “Santa María” del Obispado. Las celebraciones de Semana Santa en la iglesia catedral estuvieron precedidas por las misiones de jóvenes en distintos barrios y sectores de la ciudad, como ya es habitual en la parroquia, considerada “en estado de misión permanente” y por retiros espirituales, tanto con jóvenes, guiados por el Pbro. Hugo Lovatto (quien a la vez es Delegado diocesano para la pastoral juvenil), así como por retiros con comunidades de barrio, como el predicado por el Pbro. Mauricio Aracena a la comunidad de San Martín de Porres, que tiene a cargo.

También, por vez primera se realizó una celebración penitencial comunitaria (naturalmente con confesión individual) al que acudieron para administrar el sacramento de la reconciliación varios sacedotes de la ciudad y de la Curia. La iglesia catedral cuenta con su cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, y dos vicarios parroquiales, Pbro. Mauricio Aracena y Pbro. Lucas Martínez, además de distintas instituciones, asociaciones de fieles, movimientos y grupos juveniles, misioneros, y dedicados a la caridad institucionalizada.

domingo, 5 de abril de 2009

Celebración del Domingo de Ramos en Belén de Escobar y despedida de las reliquias de Santa Margarita María Alacoque.

El día sábado 4 de abril el Sr. Obispo presidió la Eucaristía en las Vísperas del Domingo de Ramos, en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, de Belén de Escobar, ocasión en que se despedía a las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, que habían sido expuestas en distintos lugares de la diócesis, a comenzar ( el 25 de febrero) desde Nuestra Señora del Pilar (Pilar), el Monasterio de la Visitación (Pilar), la parroquia de San Antonio de Padua (Presidente Derqui), la iglesia catedral de Santa Florentina (Campana) y la misma iglesia de la Natividad, con una gran afluencia de fieles, en todos los casos, de familias, jóvenes, niños, adultos, ancianos, y con grandes frutos de fe y devoción.

La iglesia de la Natividad del Señor se encontraba totalmente repleta de fieles laicos, religiosas y en especial de familias. Concelebraron con el Sr. Obispo, el Vicario general, Mons. Edgardo Galuppo, el cura párroco, Pbro. Atilio Rosatte, Mons. Santiago Herrera, Mons. Marcelo Monteagudo y el Pbro. Jorge Munier, capellán externo de la co-catedral.

La homilía del Sr. Obispo la reproducimos a continuación:

VÍSPERAS DEL DOMINGO DE RAMOS Y DESPEDIDA DE LAS RELIQUIAS DE SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE

Misa vespertina del sábado 4 de abril de 2009

Iglesia co-catedral de la Natividad del Señor Belén de Escobar
I
PEREGRINACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS

Nuestra vida cristiana es una peregrinación. Jesús entró peregrinando en Jerusalén. Marcos nos relata, siempre con su escueto y preciso lenguaje: “Muchos extendieron sus capas a lo largo del camino y otros ramas cortadas de los árboles. Tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban: ‘¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en los altos cielos!”. También hoy nosotros aclamamos al Hijo de Dios bendito por los siglos: Hosanna, Hosanna al Hijo de David, el Hijo de Dios, la Buena Nueva de Salvación, que permite que lo aclamen para que crean y acepten el ingreso de salvación, aunque luego el mismo Jesús mande a callar cuando quieren proclamarlo Mesías, Hijo de Dios o Rey de Israel. Puesto que el Hijo de Dios Bendito debía dejar constancia de esa huymillación que San Pablo nos describe tan hermosamente en el himno de Filipenses 2, 6-11: que se humilló, se hizo uno de los nuestros, semejante en todo menos en el pecado.
Al inicio de esta Liturgia del Domingo de Ramos hemos interpretado el sentido simbólico de la procesión, con nuestras palmas y nuestros olivos, la cual constituye una representación del mismo seguimiento de Cristo. Pidamos hoy también las gracias necesarias para seguirlo, porque la expresión «seguimiento de Cristo» es una descripción de toda la existencia cristiana en general.
Manifestación que lo es de alegría y paz en la fe, porque podemos conocer a Jesús, porque Él nos permite ser sus amigos y porque nos ha dado la clave de la vida, el sentido primordial de todo y del todo. Esta alegría surge de la expresión de nuestro renovado «sí» a Jesús y de nuestra total disponibilidad a hacer lo que Él nos diga, a caminar con Él allí donde nos lleve[1], ponernos en la vía de Jesús, Camino, Verdad y Vida.
Un servidor se lo decía a ustedes, como porción del Pueblo de Dios que peregrina en esta diócesis, al inicio del Año Paulino, en la carta pastoral que les dirigí: “Desde esta perspectiva, este año de gracia 2008-2009 viene a consistir para nosotros en un ponernos en la vía de «Jesús-Camino», con la significación, por ende, de ser ocasión privilegiada para la pastoral, para todos los agentes de ésta (…) con el fin de profundizar en el pensamiento de San Pablo y en la obra de la gracia en él, de promover la lectura espiritual y los estudios acerca de las Cartas, paulinas, las cuales, en y desde el Espíritu, nos confirmarán en la fe, haciendo que podamos cada día crecer en el testimonio de vida de «hijos de la luz» (cf. Ef. 5,8), afianzándonos también en nuestra «cordial pertenencia a la Iglesia» (…). Ello nos afianzará, al mismo tiempo, en nuestra misión como evangelizadores (…) en la Justicia y en la Paz, en apertura amorosa al Espíritu del Señor”[2]. Hemos hecho un buen trecho de camino; hoy renovar nuestro empeño de caminar en Justicia y Paz, en el Espíritu de Cristo.

II
SEGUIR A JESÚS EN SU SAGRADO CORAZÓN

Seguimos a Jesús en su Amor y su Misericordia; esto es, su Sagrado Corazón. El origen histórico de la devoción al Sagrado corazón y su doctrina tienen su más primigenio origen en las palabras del mismo Jesús, cuando nos mandó imitarlo, describiéndose a sí mismo: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). La misma manifestación del Calvario es una expresión de su Sagrado Corazón, cuando el Corazón de Jesús fue traspasado por la lanza del soldado, y de él manaron sangre y agua: “Al llegar a Jesús como vieron que ya había muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le atravesó el costado, y salió entonces sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y el sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le romperán un hueso. Y otro pasaje que dice: “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19, 33-37).[3]
En cuanto a la devoción, nuestra América Latina tiene un punto de honor al respecto. el primer signo público devocional al Sagrado Corazón tuvo lugar en Brasil, al comienzo de la evangelización del inmenso país hermano, pues fue San José de Anchieta, llamado, el apóstol del Brasil[4], sacerdote de la Compañía de Jesús, quien dedicó al Sagrado Corazón una modesta iglesia en Guarapary, en 1552, cuya construcción se encuentra en la región «do Espiritu Santo», en la costa atlántica, al norte de Río de Janeiro. Los Padres Jesuitas fueron grandes difusores de la devoción al Sagrado Corazón, de raíz bíblica, patrística y de la tradición viviente de la Iglesia.
Hoy estamos reunidos en esta iglesia de la Natividad. Tenemos la gracia de contar aquí, delante de este ambón, con las reliquias de Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) cuyas revelaciones (las que le hizo Jesús manifestado en su Sagrado Corazón) tuvieron lugar en Paray-le Monial (Francia), del 1673 al 1675. El sacerdote jesuita San Claudio de la Colombière, confesor de la hermana Margarita María, consideró auténticas las revelaciones, y, después de distintas vicisitudes de su vida, regresado en Francia, la enseñó a sus estudiantes, del cual era director espiritual.
El Papa Pío IX extendió la devoción a Fiesta Universal de la Iglesia, y todos los Papas desde entonces, León XIII en especial, junto con Pío XII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo han hecho. El mismo Concilio Vaticano II, si bien no se refiere expresamente al culto del Sagrado Corazón (y tampoco a la veneración de las reliquias, en este caso de Santa Margarita María), sí recomienda los ejercicios de piedad cristiana[5], e incluso hace alguna alusión explícita al Sagrado Corazón diciendo que el Hijo de Dios “amó con Corazón de hombre”[6], y que “(…) el nacimiento y desarrollo de la Iglesia, están simbolizados en la sangre y el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado” [7].
Las reliquias han recorrido nuestra diócesis, a comenzar desde Nuestra Señora del Pilar, luego el Monasterio de la Visitación, después la parroquia de San Antonio de Padua (en Presidente Derqui), seguidamente la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, y luego esta iglesia co-catedral de la Natividad del Señor. En todos lados, centenares y miles de personas, jóvenes, niños, adultos, ancianos, familias enteras, han participado, orado, se han acercado a los sacramentos, y han crecido en la pertenencia cordial a la Iglesia.

III
PEREGRINANDO CONCRETAMENTE EN LA VÍA DE JESÚS-CAMINO EN NUESTRA DIÓCESIS

En razón de la futura consagración al Sagrado Corazón, ya hoy, a inicios de la Semana Santa, nos preparamos para la Festividad de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina y Patrona de esta diócesis de Zárate-Campana (con sus partidos de Belén de Escobar, Campana, Zárate, Pilar, Exaltación de la Cruz, Santiago del Baradero y San Antonio de Areco). La festividad será celebrada en esta iglesia co-catedral de la Natividad del Señor, de Escobar, el sábado 9 de mayo a las 16. Durante la mañana, habrá tres áreas de reflexión, trabajo y festividad: I. La Pastoral Juvenil y la Delegación de las Misiones; II. La Delegación de Catequesis; III. Caritas y la Pastoral Penitenciaria.
Al final de la Misa, ese 9 de mayo, consagraremos nuestra diócesis al Sagrado Corazón de Jesús, de manos de María, Nuestra Madre de Luján. Lo hemos reflexionado durante tres años, junto con el Consejo Presbiteral, el Consejo Pastoral, y distintos organismos diocesanos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, seminaristas.
Esta previsión ha de hacernos crecer en la caridad compartida, no menor es la participación en la «caridad institucionalizada de la Iglesia». Por ello nos preparamos también para la colecta de Caritas, con el lema: «Es posible. Tu solidaridad transforma. Compartir nos hace bien», que tendrá lugar el sábado 28 y el domingo 29 de mayo de este 2009. Hay hermanos nuestros que sufren, como decía Juan Pablo II en la exhortación Christifideles laici[8] “El hombre está llamado a la alegría, pero experimenta diariamente tantísimas formas de sufrimiento y de dolor”. A ese respecto, agregaba luego el citado Papa, refiriéndose al sínodo de 1987: «Ustedes, los abandonados y marginados por nuestra sociedad consumista; ustedes, enfermos, minusválidos, pobres, hambrientos, emigrantes, prófugos, prisioneros, desocupados, ancianos, niños abandonados y personas solas; ustedes, víctimas de la guerra y de toda violencia que emana de nuestra sociedad permisiva: la Iglesia participa del sufrimiento de ustedes, que conduce al Señor, el cual los asocia a su Pasión redentora y los hace vivir a la luz de su Redención. Contamos con ustedes para enseñar al mundo entero qué es el amor. Haremos todo lo posible para que encuentren el lugar al que tienen derecho en la sociedad y en la Iglesia»[9]
El dolor es salvífico si nos unimos a la Pasión de Cristo. Al mismo tiempo, es verdad también que no es voluntad de Dios que sus hijos vivan situaciones sub-humanas, de cualquier orden que fuere. Por eso tenemos que poner la mente, el corazón y el hombro, para hacer cada día una sociedad más justa y más digna del ser humano. Pues, si una parte del mundo se siente extraña al cristianismo, el cristianismo no se siente extraño al mundo en absoluto, antes bien, la misión del cristianismo en medio de la humanidad es una misión de amistad, de comprensión, de ánimo, de promoción humana integral, de elevación: es decir, una misión de salvación, en camino a la salvación eterna, que ya ha llegado con la presencia del Reino. Para lo cual, tenemos que ponernos a hacer lo que Él, el Señor, nos diga, desde la fuerza de la Eucaristía, que nos adentra en el acto oblativo de Jesús; es de ese modo como nos implicamos en la dinámica de su entrega[10], dejando que desde su interior, del cual brotan ríos de agua viva (Cf Juan 7, 38) vengan a nuestro interior sus mismos ríos de agua vivificante que nos hacen renacer.
De tal modo, cuando Cristo resucitado se hace presente en la vida de las personas, de nosotros concretos, como seres de carne y hueso, y nos da su Espíritu (cf. Jn 20, 22), cambiamos completamente, llegando a ser de modo pleno nosotros mismos, elevados por la Gracia. Como San Pablo, citando una vez más su caso, puesto que festejamos su Año Jubilar, puesto que llegó a ser particularmente significativo su ejemplo: la luz que lo deslumbró en el camino de Damasco hizo de él un hombre más libre de lo que había sido; libre con la libertad verdadera, la del Resucitado ante el que había caído por tierra (cf. Hch 9, 1-30). Tenemos que leer los católicos la Sagrada Escritura, meditarla, degustarla. Les recomiendo mucho el Libro de los Hechos de los Apóstoles. La experiencia que vivió Pablo le permitió escribir a los cristianos de Roma: «Libres del pecado y esclavos de Dios, fructifican ustedes para la santidad; y el fin, la vida eterna» (Rm 6, 22).

Que así sea para nosotros, en este comienzo de la Semana Santa del 2009, con la protección materna de la Siempre Virgen Madre de Dios, María Santísima, Madre de la Iglesia, de San José, y de Santa Margarita María Alacoque, cuyas reliquias hoy despedimos en este templo co-catedral. Que tengan bendición, paz, salud, unión familiar, y todos los bienes que con fe han venido a pedir en esta Eucaristía.

Amén.

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[1] Cf BENEDICTO XVI, Homilía en el Domingo de Ramos (JMJ 2007): “Seguir a Cristo!”. Homilía que pronunció el Papa Benedicto XVI en la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos. En la misa, que presidió en la Plaza de San Pedro del Vaticano, participaban jóvenes de Roma y del mundo con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que en este año llevaba por tema: "Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros" (Juan 13,34

[2]AÑO PAULINO UNIVERSAL en la DIÓCESIS de ZÁRATE-CAMPANA, Carta pastoral de monseñor Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana, con motivo del Año Paulino (13 de junio de 2008), I – Proclamación del Año Paulino Universal , en la vía de «Jesús-Camino», en http://www.aica.org/index2.php?pag=sarlinga080613

[3] Del Corazón del Mesías hablan los Profetas, poniendo en su boca estas expresiones: “Porque Yavé está a mi diestra, se alegra mi corazón” (Sal. 16,9). “Todos mis huesos están dislocados, mi Corazón es como cera que se derrite dentro de mis entrañas” (Sal. 22,15). “Dentro de mi corazón está tu ley” (Sal. 40,9). “El oprobio me destroza el Corazón” (Sal. 69,21). También el Nuevo Testamento hace referencias al Corazón de Cristo: “Aprende de mí, que soy de Corazón manso y humilde” (Mt. 11,29). “Un leproso se le acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes curarme. A Él se le conmovió el Corazón” (Mc. 1,41). “Se le conmovió el Corazón porque estaban como ovejas sin pastor” (Mc. 6,34). “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, si cree en mí. Pues como dice la Escritura: brotarán de su Corazón ríos de agua viva” (Jn. 7,37-39). “Dios es testigo de cómo os quiero en el Corazón de Cristo Jesús” (Fil. 1,8). Es interesante observar en el texto citado de San Pablo, que toma como modelo y centro del amor entre los cristianos el amor de Cristo simbolizado en una parte de su cuerpo, su Corazón. Y en el texto de San Juan, aparece su Corazón, (que simboliza su amor) como la fuente del Espíritu que nos había de enviar (Cfr. Jn. 15,26) y a la que nos invita a acudir. Esto es ya iniciar toda una espiritualidad del Corazón de Jesús. Pero queda otro texto, el más profundo, aunque no mencione expresamente el Corazón: “Al llegar a Jesús como vieron que ya había muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le atravesó el costado, y salió entonces sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y el sabe que dice la verdad, para que vosotros creáis también. Eso ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le romperán un hueso. Y otro pasaje que dice: “Mirarán al que traspasaron” (Jn. 19, 33-37). San Juan, en su Evangelio, tiene cuidado de suplir las lagunas de los sinópticos, y aquí llama la atención en narrar este hecho: contrapone los designios de los hombres de quebrarle las piernas, al plan de Dios, tan importante que está doblemente profetizado por la Escritura; y sobre la lanzada que hace brotar sangre y agua, apela repetidamente a la veracidad de su testimonio; y todo para que creamos. En Juan 7,39, se anuncia el misterio del Espíritu que se nos había de dar. En Jn. 19,34, se nos da ese Espíritu, sale ya aquella agua prometida. Es decir, con la muerte de Cristo, muerte por amor completada y simbolizada en el Corazón traspasado, se consuma nuestra redención y el nacimiento de la Iglesia, del cuerpo místico de Cristo, o sea de nuestra incorporación a Cristo, y por Cristo a Dios.

[4] José de Anchieta s.j. (1534-1591), cuya vida y obra sería muy interesante que conociéramos más y mejor los propios católicos, nació en Santa Cruz de Tenerife di Canarias. Estudió en la universidad de Coimbra (Portugal) y se convirtió en un excelente humanista del Renacimiento. Obtuvo de sus superiores el ser enviado al Brasil, habiendo desembarcado en Salvador de Bahia en 1552. Fue evangelizador y defensor de los indígenas. Tanto las ciudades de San Pablo como la de Río de Janeiro lo consideran su fundador. Es considerado el creador de la literatura brasileña. A él se debe la primera gramática de la lengua «tupi»: "Arte de gramatica da lingua mais usada na costa do Brasil" e incluso compuso dramas para el pueblo en las lenguas tupí y guaraní, y luego, en momentos de peligro para su vida, en manos de los "peroig", antropófagos, compuso un poema en honor de la Madre de Dios, "De B. Virgine Dei Matre Maria".

[5] Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 13.

[6] CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 22.

[7] CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 3.

[8] JUAN PABLO II, Exh. apost. Christifideles laici, Cap. IV. Los obreros de la viña del Señor, n. 53

[9] SYNODUS EPISCOPORUM (1987) VII Asam. Gen. Ord., Per Concili semitas ad Populum Dei Nuntius, 12, en Ibid.

[10] Cf BENEDICTO XVI, Enc. Deus caritas est, 13.

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Al término de la celebración, dirigió unas palabras el Pbro. Atilio Rosatte, cura párroco, contando con sencillez y verdad las experiencias que había notado entre los fieles durante la presencia de las reliquias en la iglesia, y destacando tanto la cantidad de feligresía que se hizo presente, así como el sentido espiritual que encontró, de mirar a las reliquias, e inmediatamente mirar a Jesús en el Sagrario, y que vio en muchos fieles. Mons. Oscar Sarlinga tuvo unas especiales palabras de agradecimiento para con el P. Édouard Marot, Rector de la Basílica del Sagrado Corazón (en Paray-le-Monial) y la Sra. Alicia Beauvisage, ambos grandes promotores del transferimiento de las reliquias en las distintas diócesis, y asimismo para con las personas que ayudaron a la organización del traslado de éstas desde los distintos puntos de la diócesis.
Luego de la bendición final, el Obispo y los sacerdotes se acercaron a venerar las reliquias de Santa Margarita María Alacoque, luego de lo cual, lo hizo -nuevamente- toda la feligresía presente.
Mons. Oscar Sarlinga volverá a Belén de Escobar para la celebración de la Vigilia de Pascua, que tendrá lugar a las 21.
En cambio, celebrará en la iglesia catedral de Santa Florentina la misa crismal, el jueves santo, y el viernes santo (la celebración de la Pasión, así como la participación en la gran via crucis, desde la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, de los Padres Rogacionistas, hasta la iglesia catedral, tradicional en la ciudad). El Domingo de Pascua celebrará la misa con las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, en Zárate.

jueves, 2 de abril de 2009

MISA DE ACIES DE LA LEGIÓN DE MARÍA, EN BELÉN DE ESCOBAR

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Con la iglesia co-catedral rebosante de fieles pertenecientes a la Legión de María, tuvo lugar desde temprano el día domingo 29 el ACIES diocesano, con proveniencia de las distintas comunidades de la diócesis. La liturgia estuvo animada por el grupo “Il Cenacolo” de Exaltación de la Cruz. La Santa Misa fue presidida por Mons. Oscar D. Sarlinga y concelebrada por Mons. Edgardo Galuppo y el Pbro. Nestor Villa, asesor diocesano de la Legión de María desde hace 32 años.

ACIES DIOCESANO 2009-COCATEDRAL DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

El mismo tendrá lugar el 29 de marzo, participando los 2 Comitia (distritos mayores) de la LEGIO MARIAE, asociación internacional de apostolado seglar fundada en 1921 en Irlanda, y de gran arraigo en nuestra diócesis.

Cada año en fiesta de la Anunciación del Señor, o el domingo más próximo, se efectúa esta asamblea solemne, de devoción y espiritualidad que culmina con la Santa Misa, a celebrarse por el señor obispo Monseñor Oscar Sarlinga en la CoCatedral Natividad del Señor de Belén de Escobar el domingo 29 de marzo a las 17 horas. La Legión está presente en todos los partidos diocesanos y, a pedido de señores obispos se ha extendido por Rojas, Pergamino, Neuquén, Gualeguaychú y otras localidades.

Los dos , congregan 89 centros de base, de los que 63 están agrupados entre si en lo que se llama , con un total de 686 socios activos y 3680 auxiliares. Cuenta también con un número fluctuante de niños que aún no están en edad de integrar los cuadros legionarios pero se los forma para ello. El apostolado se dirige a todos los sectores sociales, especialmente en visitas domiciliarias y a enfermos y también se sostienen obras asistenciales para brindar catequesis a madres solteras, niños, padres de adictos y víctimas de depresión.

La formación de los oficiales es permanente, ya sea en las reuniones semanales de base, como en las mensuales de . Y a través del Congreso anual que convoca a todos sus miembros, en la foto, un oficial en el último congreso explica la estructura de la Legión. A ello contribuye la presencia mensual en ambos distritos del Director Espiritual Diocesano Pbro. Dr. Néstor Daniel Villa.

miércoles, 1 de abril de 2009

COLACIÓN DE LA MEDALLA



Como lo habíamos anunciado, nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga acudió a la localidad de Manuel Alberti (partido de Pilar) para el conferimiento de la medalla "pro Ecclesia et Pontifice" que la Santa Sede otorgó al R.P. Tomás Llorente.

El acto tuvo lugar en el gran gimnasio del Colegio "María Madre Nuestra", y estuvo precedido de la celebración de la Santa Misa, de la que participaron unas 3.000 personas, padres, madres, alumnos del colegio, directivos, gente de los barrios y de los centros pastorales y de promoción social, y amigos del P. Tomás. La misa fue concelebrada por 15 sacerdotes, entre los cuales Mons. Galuppo, vicario general, Mons. Santiago Herrera, Mons. Ariel Pérez, Mons. Monteagudo, Mons. Justo Rodriguez Gallego, el P. Gabriel Micheli (vicario parroquial con encargos especiales para la educación católica) y el P. José Luis, MSF, vicario parroquial, junto con sacerdotes de los Misioneros de la Sagrada Familia. Participó también un grupo de seminaristas diocesanos del Seminario "San Pedro y San Pablo" y algunos novicios del mencionado Instituto Religioso. También se hicieron presentes las religiosas que realizan su apostolado en Manuel Alberti. El Sr. Intendente de Pilar, imposibilitado de asistir, envió un cálido mensaje a través de su representante personal, quien hizo entrega al Padre de un regalo conmemorativo (una hermosa cruz de madera con incrustaciones de plata) de parte del Municipio.
Como sorpresa para el P. Tomás Llorente, sus dos hermanas y su hermano de España vinieron del citado país para su celebración. El ágape fraterno se realizó en el Country Club Tortugas, del cual el P. Tomás Llorente es capellán desde más de 30 años.
Luego de permanecer dos días en la parroquia de San Antonio de Padua, de Presidente Derqui, donde el vicario general Mons. Galuppo y el cura párroco, Pbro. Oscar Iglesias (Decano de Pilar) celebraron dos misas el día sábado, a las 16.30 y a las 19, con la iglesia repleta de fieles, además de haber permanecido un grupo estable de unas 30-50 personas durante la noche en velada de oración, las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque llegaron el domingo 29 a la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, para la misa de 19, primera misa del neo-sacerdote Lucas Martínez, ordenado por S.E. Mons. Oscar Sarlinga el sábado por la mañana.
Las reliquias permanecerán en la catedral de Santa Florentina hasta su traslado a la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor (en Belén de Escobar) donde, como despedida, será celebrada la misa de las vísperas del Domingo de Ramos, por el Sr. Obispo Oscar Sarlinga, el sábado 4 de abril a las 19. Tanto los sacerdotes como las distintas comunidades visitadas (Nuestra Señora del Pilar, el Monasterio de la Visitación, la iglesia catedral y, próximamente, la iglesia co-catedral) han manifestado su grato asombro ante la gran cantidad de fieles que se hicieron presentes para orar y presentar sus vidas y sus familias al Sagrado Corazón de Jesús, ante las reliquias de quien fue su confidente y depositaria de su mensaje.

NUESTRO OBISPO OTORGA HOY POR LA TARDE LA MEDALLA CON LA CRUZ

Como ya hemos informado en ediciones precedentes, nuestro Obispo de la diócesis de Zárate-Campana (dentro de la cual se incluye el partido de Pilar) Mons. Oscar D. Sarlinga, ha solicitado de la Santa Sede algunas distinciones pontificias (entre las cuales los títulos de “capellanes de Su Santidad”, mediante los cuales se incorporan a la Casa Pontificia, Mons. Edgardo Galuppo y Mons. Justo Rodríguez Gallego, cura párroco de Maquinista Savio).Por su parte, el P. Tomás Llorente, vicario general con encargo para educación católica, fue galardonado con la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, que el Obispo Mons. Sarlinga le conferirá esta tarde del 27 de marzo, luego de la misa de las 19, en el auditorio del colegio “María Madre Nuestra” en Manuel Alberti, del partido de Pilar.La mencionada medalla con cruz Pro Ecclesia et Pontifice fue instituida por León XIII en julio de 1888, en la celebración de sus cincuenta años de ordenación sacerdotal. Premia la fidelidad a la Iglesia y el servicio a la comunidad eclesial. Consistía en una cruz octogonal con la flor de lis y con la imagen de dicho Papa, rodeada por la frase «Leo XIII p.m. anno X» (año diez de su pontificado). En el reverso figuran los emblemas papales y el lema «pro Deo et pontifice». El Papa Pablo VI cambió el emblema del Papa León XIII por la efigie de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.Nuestro Obispo ha mencionado que solicitó dicha condecoración pontificia para el R.P. Tomás Llorente por su acción evangelizadora y social en la populosa localidad de Manuel Alberti, y la dedicación a los más pobres y desprotegidos a través de la elevación por la educación de excelencia para los más necesitados en el colegio “María, Madre Nuestra”.Participan de la misa 1.500 personas, con diversos invitados especiales de la diócesis y del ámbito nacional. El Intendente Humberto Zuccaro, quien se ve imposibilitado de asistir, ha enviado un cordial mensaje y un representante personal para este evento.

lunes, 30 de marzo de 2009

ORDENACIÓN PRESBITERAL EN LA IGLESIA CATEDRAL DE SANTA FLORENTINA

El Sr. Obispo de la diócesis de Zárate-Campana, Mons. Oscar D. Sarlinga ordenó presbítero al diácono Lucas Martínez, en la misa del día sábado 28 de marzo, a las 11, en la iglesia catedral de Santa Florentina, de la ciudad de Campana.

En la concelebración, junto al Vicario general, Mons. Galuppo, estuvieron presentes 33 sacerdotes, numerosos diáconos, todos los seminaristas del Seminario “San Pedro y San Pablo”, junto con su Rector (y pro-vicario general, Mons. Herrera), la familia del ordenado, religiosos, religiosas, y numerosos fieles laicos, entre los cuales muchos jóvenes del grupo juvenil de la mencionada iglesia catedral.

El nuevo sacerdote, quien como diácono venía desempeñándose en la misma iglesia catedral, fue nombrado vicario parroquial de la misma, cuyo cura párroco es el Pbro. Hugo Lovatto y donde se encuentra también el Pbro. Mauricio Aracena, vicario parroquial.
Al término de la misa de ordenación, los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos estuvieron invitados a un ágape fraterno en los salones subterráneos de la iglesia catedral, que fueron parcialmente remozados, con ayuda de la comunidad parroquial, para el evento.

En su homilía, Mons. Oscar Sarlinga se refirió al sacerdote, hombre de la Eucaristía, forjador de comunión y dedicado al apostolado y a la pastoral, cuyo texto íntegro reproducimos a continuación:

I
LA GRACIA DE SER LLAMADO A SER APÓSTOL

Quiero dirigirme hoy a ustedes con el saludo de San Pablo a los Corintios, en que les augura que la gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con ellos, en sus corazones (Cf 2 Cor 13, 13).

Hoy la Iglesia llama a un hermano nuestro al Orden presbiteral. Hoy, en esta iglesia catedral, tendrá lugar su ordenación, en el Año Jubilar dedicado a la persona y figura de San Pablo. Es razón de más para tener presente a las vocaciones sacerdotales, tanto más cuanto que se encuentran aquí nuestros seminaristas del Seminario «San Pedro y San Pablo», que viven con este espíritu de alegría y gozo la “llamada de Dios”. Esta prioridad vocacional, la de buscar que haya presbíteros según el Corazón de Cristo, necesita de la total confianza en la acción del Espíritu Santo (como toda obra pastoral, por lo demás) de modo que, más que confiar en estrategias y cálculos humanos (lo cual no excluye, sino todo lo contrario, la planificación pastoral), sea la fe en el Señor de la Historia y Dueño de la Mies, la que nos impulse a suplicarle que envíe numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, uniendo siempre a esta súplica el afecto y la cercanía a quienes están en el Seminario con vistas a las sagradas órdenes.

Por ese motivo, queridos sacerdotes y fieles laicos, sepamos que la formación de los seminaristas es una responsabilidad de todos, pero que exige por parte de los formadores y profesores una profundización, en y desde el Espíritu de Cristo, en la labor que van a ejercer, con una visión de afrontar los desafíos de hoy y de la sociedad contemporánea con unas miras muy especiales, las del realismo de la esperanza, para lo cual se requiere discernimiento preciso, gran sintonía con el «sentir con la Iglesia», y la sanación de fisuras y ambigüedades. Este proceso formativo ayudará a hacer de ellos sacerdotes ejemplares, como lo requiere nuestro pueblo, para lo cual los seminaristas han de poseer recta intención y han de poner al margen cualquier otro interés, con la única aspiración de ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo que, en comunión con sus Obispos, lo presencialicen con su ministerio y su testimonio de vida.

Volviendo a San Pablo, ¿quién no ve que fue apóstol por purísima gracia de Dios?. Él estuvo junto a los que lapidaron a Esteban, y lo aprobaba. Él fue perseguidor y demoledor de la Iglesia. Pero tuvo un encuentro con la Luz del Señor, el mismo Cristo resucitado, encuentro también «demoledor», en sentido que se produjo en él un cambio sustancial, comenzó en verdad una nueva vida camino a Damasco. Dedicó toda su vida a Cristo y la Iglesia, a implantar piedras vivas, comunidades vivientes en comunión interior, con Pedro y los demás apóstoles.

Hoy celebramos la Eucaristía con una ordenación sacerdotal, la de nuestro hermano Lucas. Celebramos y adoramos el misterio más alto de nuestra fe, el misterio central de la vida cristiana, que supera la capacidad de entender de cualquier criatura y constituye «el fruto y el fin de toda nuestra vida»[1] y que nos proporciona la mayor alegría, como afirma San Agustín: «éste es nuestro gozo cumplido, y no hay otro mayor: gozar del Dios Trinidad, a cuya imagen hemos sido hechos (…). Se nos promete esta contemplación como fin de todas nuestras acciones y perfección eterna de nuestro gozo»[2]

Querido Lucas: serás sacerdote en tiempos en que es preciso iluminar la visión del mundo desde la fe. Por eso, para clarificar nuestro pensamientos te invito a abrirnos a la luz de la fe, sobre la visión de la vida humana, visión de desde nuestro observatorio personal y comunitario ve un inmenso espacio y penetra en una singular profundidad. Por amor a la verdad creacional, tenemos que decir que el cuadro que estamos invitados a contemplar con global realismo es muy bello. Es el cuadro de la creación, la obra de Dios que Él mismo, como espejo interior de su sapiencia y de su poder, admiró en su belleza substancial (Cfr. Gen. 1, 10, etc.).

Esa creación tan bella fue afectada por el pecado de nuestros primeros padres. Por ello, en el cuadro de la historia dramática de la humanidad, emerge la fuerza divina de la redención de Cristo, que nos trajo la salvación, redención que nos aportó sus estupendos tesoros de revelación, de profecía, de santidad, de vida elevada a niveles sobrenaturales, de promesas eternas (Cfr. Ef 1, 10). Ése es nuestro cristianismo, que tenemos que mirar con ojos limpios, porque todo en la vida posee un sentido, todo tiene un fin, todo tiene un orden, y todo deja ver una Presencia-Trascendencia, un Pensamiento (el Verbo) y una Vida, y finalmente un Amor. Así, toda la vida y todo el universo se presenta de repente ante nuestros ojos como una preparación entusiasmante en vistas a algo infinitamente más bello y más perfecto (Cfr. 1 Cor. 2, 9; 13, 12; Rom. 8, 19-23), es la vida de Cristo en nosotros. La visión cristiana del cosmos y de la vida es positiva y realista acerca de su belleza y en el realismo de la esperanza, y por eso expresamos a Dios nuestro reconocimiento por vivir, así como cantamos nuestra felicidad.

Sería ingenuo, sin embargo, no ver también en esta vida la acción del enemigo oculto que siembra discordia y errores, para lo cual nos será útil recordar siempre la reveladora parábola evangélica del buen grano y de la cizaña, síntesis y explicación de la ilogicidad que parece estar presentes en nuestros acontecimientos humanos contrastantes, y que encontraremos en nuestra vida diaria: inimicus homo hoc fecit, esto lo hizo un hombre enemigo (Mt. 13, 28). La Escritura se refiere a él como «el homicida desde el principio (…) y padre de la mentira», come lo define el mismo Cristo (Cfr. Io. 8, 44-45). El Papa Pablo VI lo llamó una vez “el insidiador sofístico del equilibrio moral del hombre. Es él el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros, por vía de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o por vía de los desordenados contactos sociales en el juego de nuestro obrar, para introducir allí desviaciones, tanto más nocivas cuanto que aparecen conformes con nuestras estructuras físicas o físicas, o con nuestras instintivas y profundas aspiraciones”[3].

Jesucristo lo venció definitivamente en su Pascua. Pero sigue insidiando. Nada puede contra nosotros si vivimos profundamente unidos a Jesucristo. No le tengamos miedo; no caigamos en la trampa de pensar que no existe ni obra; como sacerdote de Jesús, hombre eucarístico, misionero, mariano, harás, desde la Gracia, un infinito trabajo para dar al mundo la luz y la fuerza que disipa toda tiniebla y que deja lugar a la bendición que el Señor quiere brindar a través de tu ministerio.

II
EL SACERDOTE, HOMBRE DE LA EUCARISTÍA

Hoy recibirás el cáliz con la patena. En momentos no tan fáciles de mi vida sacerdotal (pues todos tenemos esos momentos) tuve que recordar muchas veces las palabras del Obispo al momento de esa entrega, en la ordenación: “conforma tu vida a la cruz del Señor”. El cáliz que recibirás tiene una historia especial: lo eligió tu padre, que ha partido a la Casa del Señor, para vos, pues quisieron rescatarlo del ámbito secular para que volviera a estar consagrado al culto. También este cáliz estaba elegido desde la Providencia eterna para que fuera el cáliz de tu ordenación, para cuando el Obispo también te dijera: “conforma tu vida a la cruz del Señor”.

A este cáliz lo eligió tu padre. Sea para nosotros hoy también un signo de su presencia como “vicario” que fue, en esta tierra, de la paternidad del Padre amoroso del Cielo.

Esta dimensión eucarística del sacerdocio ministerial es fundamental. Como tantas veces recordó el Papa Juan Pablo II, la Eucaristía y el sacerdocio han nacido juntos en el Cenáculo de Jerusalén, la tarde del Jueves Santo. Por esta razón, «la existencia sacerdotal –tal como nos dejó escrito en la última carta a los sacerdotes, pocas semanas antes de su muerte- ha de tener, por un título especial, “forma eucarística”»[4]

Porque, querido Lucas y amados hermanos, entre sacerdocio y Eucaristía existe, por tanto, un lazo indisoluble: el sacerdote es para la Eucaristía, y la Eucaristía -que es el Pan de Vida para todos los cristianos- sólo puede ser «hecha» por los obispos y sus colaboradores, los presbíteros, de modo tal que el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor se hace presente de modo sacramental en el Sacrificio de la Misa, que también es banquete de la comunidad redimida. Benedicto XVI ha querido subrayar esta verdad de fe desde los primeros momentos de su Pontificado. Hablando de la «providencial coincidencia» del comienzo de su ministerio petrino con el Año de la Eucaristía, en 2005, afirmó: «La Eucaristía hace presente constantemente a Cristo resucitado, que se sigue entregando a nosotros, llamándonos a participar en la mesa de su cuerpo y de su sangre» [5]

Querido hijo que serás ordenado sacerdote. Ten presente que el don y la tarea de consagrar la Eucaristía, que hoy te concede el Señor mismo, comporta una responsabilidad muy grande. Es la «verdad» de tu ser, que quedará configurado hoy. La verdad conlleva responsabilidad (por eso muchos no la aman), pero siempre hemos de amar la verdad del ser. Alguna vez te vendrá a la mente el pensamiento de que, frente a este misterio de fe, somos unos pobres hombres, y pecadores, y es también verdad: todos lo somos. Pero el Señor, que nos ha elegido y llamado, nos ofrece toda su ayuda para llevar nuestro ministerio con santidad, plenamente disponibles ante las necesidades del apostolado en todas sus dimensiones.

Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo, se renueva incesantemente. La Iglesia es la red -la comunidad eucarística- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos transformamos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo; allí se inserta nuestra misión[6].

III
FORJADOR DE COMUNIÓN

Sé, al mismo tiempo, forjador de comunión. Si la Iglesia “hace” la Eucaristía por medio de sus sacerdotes, también es cierto que la Iglesia misma “nace” de la Eucaristía, es «hecha» por ella. Por eso la dimensión eucarística de tu sacerdocio estará indisolublemente unida a la dimensión eclesial: el sacerdote es para la Eucaristía en la Iglesia y al servicio de la Iglesia, en plena comunión con el Romano Pontífice y con el Obispo, con los hermanos presbíteros y con el pueblo fiel que espera y anhela de nosotros ese testimonio de comunión.

Es tarea de todos, y en primer lugar de los sacerdotes, hacer que esta preciosa herencia de comunión no sólo no se disperse, sino que se refuerce en el futuro. Es lo que da fuerza a la evangelización. Si mucha gente se ve debilitada en su fe, o la pierde, es porque encuentra en el elemento humano de la Iglesia signos de fisura y de discordia. Daremos cuenta por cómo hayamos vivido esa realidad, que proviene de la fe.

Otro modo específico de ser forjadores de comunión, en cuanto presbíteros, es la entrega gozosa -aunque a veces comporte fatiga y cansancio- al ministerio de la Reconciliación que hoy se te confía. Amá mucho el sacramento de la reconciliación y estáte dispuesto siempre a confesar a todos los fieles que se reconocen pecadores, reconciliándolos así con Dios y con la Iglesia.

¡Qué difícil misión, qué dura! Alguien podría decir. Pero el Yugo del Señor es llevadero, y tenemos a la Madre que nos protege en todo. Me refiero, querido Lucas, a la dimensión mariana del sacerdocio, porque Jesús no nos dejó solos, sino que, siendo Hijo eterno de Dios, nacido en el tiempo de una mujer concreta, la Virgen María, cuya sangre lleva en las venas, nos la ha asociado para siempre a su obra redentora, cuando, desde la Cruz dirigió al discípulo aquellas palabras que se aplican a todos nosotros: he aquí a tu Madre; y a la Virgen: he aquí a tu hijo (cf. Jn 19, 26-27). Esta protección la tendrás de un modo especial, por ser sacerdote de Jesucristo.

En efecto, María, la Virgen Madre, está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía»[7]. ¿Cómo dejar de ver que la especial relación del sacerdote con la Eucaristía conlleva al mismo tiempo una relación especial, filial, del sacerdote con María?. Confiá mucho en Ella y entregále todo tu ser.

En fin, en toda tu vida sacerdotal, está cerca de nuestra gente, ponéte a su servicio, pastoreálos con cariño y a imagen del Buen Pastor que da la vida por las ovejas. Tené comunión, en la paz y en la fe, con tus hermanos sacerdotes, con el Obispo, a través del cual se unen con el Vicario de Cristo. Te encomiendo un especial cuidado de quienes sufren, de los que están solos, abandonados, de las familias, de los más pobres, de los que ya no encuentran razones para creer ni para esperar. ¡Si pudiéramos cada día renovar efectivamente en nuestros corazones en esta dedicación completa!. Nunca habría oscuridad que podría penetrar en nuestras vidas; aún si tuviéramos que soportar alguna «noche obscura», nuestra noche no tendría oscuridad. Por el ministerio recibido, también en ello seremos juzgados; que al final de nuestra vida escuchemos: “Vengan, benditos de mi Padre…”.

Con la intercesión de la Madre de la Iglesia, de la Madre de los sacerdotes, de la Madre de todos los cristianos. Así sea.

[1] Santo Tomás de Aquino, Comentario a los libros de las Sentencias, IV, 1, dist. 2, 1, 1 exordio.

[2] San Agustín, De Trinitate, I, 8, 18 y 17.

[3] Pablo VI, Audiencia General del miércoles 15 de noviembre de 1972, Ciudad del Vaticano.

[4] Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes en ocasión del Jueves Santo, 13-III-2005, n. 1.).

[5] Benedicto XVI, Mensaje al terminar la celebración eucarística con los Cardenales electores en la Capilla Sixtina, 20-IV-2005, n. 4.).

[6] Cf Benedicto XVI, Homilía en la Misa de toma de posesión de la Cátedra del Obispo de Roma, 7-V-2005.

[7] Juan Pablo II, Litt. enc. Ecclesia de Eucharistia, 17-IV-2003, n. 57.